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El juego de las diferencias

In biopolítica, efemérides, links, medios, revistas on Noviembre 29, 2009 at 7:55 pm

[Las actuales transformaciones en la subjetividad ponen en crisis a la fórmula clásica de leer los asuntos políticos a partir de la dicotomía izquierda-derecha. Un nuevo elemento, la diferencia, aparece como principio articulador de las demandas.]

Desde fines del siglo XX, el mundo Occidental está atravesando por una nueva serie de transformaciones en la subjetividad. Si en la primera mitad de dicho siglo, la realización del sujeto pasaba por la obtención de la ciudadanía (es decir, el conjunto de derechos que le corresponden a todos los habitantes de una comunidad); en la actualidad la lucha por los derechos es cualitativamente diferente.

Muestra de ello constituyen las diversas minorías masivas que reclaman por el reconocimiento de sus derechos en las grandes ciudades del mundo. Se trata de grupos marginados por cuestiones sexuales, religiosas, de género, “raciales” o culturales. Esto ha conducido, por un lado, a una sociedad formalmente más tolerante. Es decir, se han plasmado en el Derecho –y hay razones para creer que se plasmarán muchos más en el futuro– muchos de los reclamos de grupos LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans), inmigrantes, “minorías étnicas”, grupos religiosos, etc. Pero, por otro lado, todas estas transformaciones han dado lugar a algunas consecuencias indeseables.

Si antes la Plaza era el centro en torno al cual los sujetos construían su identidad, el siglo XXI ha puesto en escena identidades que hasta entonces eran consideradas periféricas, marginales, limitadas a una existencia en la esfera de lo privado (aquí, la expresión salir del placard resulta reveladora). No existe un centro en base al cual los sujetos practiquen la sociabilidad. Ni siquiera existe un lugar, un territorio palpable, al que sus valores estén necesariamente vinculados.

En este contexto, la dualidad derecha-izquierda ha perdido su capacidad de articular las disputas. Según Eric Hobsbawm, “uno de los hitos de ese cambio es la revolución iraní de 1979. Una revolución social en toda regla, pero no realizada según la ideología tradicional” (La Vanguardia Magazine, 2/12/07). Lo paradójico fue que la novedad estalló en Oriente y resquebrajó los viejos muros ideológicos de Occidente (además de la economía, claro). Hobsbawm, con franca nostalgia, sentencia: “uno de los grandes problemas del presente (…) es que las revoluciones que antes eran consecuencia del descontento social, ahora se mueven por otras ideologías, por otros problemas”.

El viejo historiador británico representa, de alguna manera, al pensamiento clásico de la modernidad. En su discurso aflora la melancolía por un pasado en el que los individuos forjaban identidades fuertes y duraderas, y donde los grandes reclamos se registraban bajo el influjo de la Ilustración. En su obra Historia del siglo XX señala todo aquello con lo que venía a romper la revolución que este año cumplió su trigésimo aniversario: “casi todos los fenómenos considerados revolucionarios hasta esa fecha habían seguido la tradición, la ideología y, en líneas generales, el vocabulario de las revoluciones occidentales desde 1789”.

Distinto es el caso de Foucault, que estuvo en Irán para cubrir los acontecimientos para distintos medios gráficos europeos. Según el francés, las circunstancias habían hecho de la estructura religiosa “no sólo el punto de amarre de una resistencia, sino también el principio de una creación política. Y en eso es en lo que se puede pensar cuando se habla de Gobierno islámico” (revista Triunfo, número 822, 28/10/1978). Su fascinación con los hechos es clara: “me ha impresionado por el intento de abrir en la política una dimensión espiritual”, escribió. Más tarde Foucault revisó su posición al respecto, pero sus palabras en caliente poseen un valor en sí mismas.

Entonces, si Hobsbawm lamenta lo que para él es una ruptura con respecto a la Ilustración, Foucault lo celebra porque ve la posibilidad de una emancipación en la que entran en juego sujetos y valores diferentes a los occidentales. Es este principio, el de la diferencia, el que parece intentar imponerse en la actualidad por sobre otros.

Ésta es la problemática que aborda Benjamín Arditi en El reverso de la diferencia. Identidad y política. Allí, sostiene que “el pensamiento progresista contemporáneo se caracteriza, entre otras cosas, por un apoyo inquebrantable al derecho a ser diferente” sin reparar en “un conjunto de consecuencias menos auspiciosas” tales como los nuevos ghettos urbanos o el renovado vigor de los nacionalismos.

Por lo tanto, es tarea de la nueva era identificar cuál es el signo de las distintas reivindicaciones que tienen lugar en la actualidad. El reclamo por la igualdad y la libertad difícilmente desaparezca, pero de manera progresiva parece estar siendo obligado a compartir algo de protagonismo. Hay quien cree que todo esto conduce a una sociedad más madura. No obstante, no habrá nada que celebrar si no se considera el reverso de la diferencia.

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(Para quienes estén interesados en leer el texto de Foucault, les dejo el link a la nota completa. No me sorprendería que terminen leyendo algún otro texto de la revista Triunfo, ya que es buenísima.)

Ya no quedan más amigos de lo eterno

In documentos de cultura, frases, marx, música, videoteca on Noviembre 5, 2009 at 11:52 pm

“La época burguesa se distingue de todas las épocas precedentes por la revolución constante de la producción, la alteración permanente de todas las condiciones sociales que la incertidumbre y la agitación sin fin permiten. Toda relación fija y anquilosada, con su carga de viejos prejuicios y opiniones, es barrida y las nuevas se vuelven obsoletas antes de que se puedan sedimentar. Todo lo sólido se desvanece en el aire, todo lo que es sagrado se profana”.

Marx & Engels, Manifiesto Comunista.

“Si hoy tenemos algunas dificultades para imaginarnos en qué podrán consistir las fiestas y las ceremonias del porvenir, es porque atravesamos una fase de transición y de mediocridad moral. Las grandes cosas del pasado, las que entusiasmaban a nuestros padres, no suscitan en nosotros el mismo ardor, sea porque han entrado ya en la vida cotidiana hasta el punto de que ya nos resultan indiferentes, sea porque ya no responden a nuestras aspiraciones actuales; y sin embargo, todavía no hay ninguna que pueda reemplazarlas. (…) En una palabra, los antiguos dioses envejecen o mueren, y aún no han nacido otros nuevos”.

Émile Durkheim, Las formas elementales de la vida religiosa.

“La intelectualización y racionalización crecientes no significan, pues, un creciente conocimiento general de las condiciones generales de nuestra vida. Su significado es muy distinto; significan que se sabe o se cree que en cualquier momento en que se quiera se puede llegar a saber que, por tanto, no existen en torno a nuestra vida poderes ocultos e imprevisibles, sino que, por el contrario, todo puede ser dominado mediante el cálculo y la previsión. Esto quiere decir simplemente que se ha excluido lo mágico del mundo”.

Max Weber, La ciencia como vocación.

Potel, el proceso

In beautiful losers, cuestiones de estado, documentos de cultura, filosofía, iniciativas, links, revistas on Octubre 30, 2009 at 10:24 pm

[Horacio Potel es docente de filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. Es el autor de los sitios en español más visitados dedicados a la obra de Nietzsche, Derrida y Heidegger. Y está procesado.]

El título es inequívoco: la situación que se narrará es notablemente kafkiana. Horacio Potel ejerce la docencia en la UNLa. Ha obtenido cierta celebridad en algunos círculos por ser el responsable de tres sitios de Internet de significativa importancia para estudiantes y/o amantes de la filosofía: nietzscheana.com.ar, heideggeriana.com.ar y jacquederrida.com.ar. Por estas verdaderas bibliotecas virtuales –sin fines de lucro–, Potel se encuentra procesado y embargado en $40.000.

Todo comenzó cuando la editorial francesa Minuit, propietaria de una parte de los derechos sobre la obra de Jacques Derrida, elevó un reclamo y logró que la embajada de Francia en Argentina y la Cámara Argentina del Libro (CAL) inicien una causa criminal contra Potel por infringir la ley de propiedad intelectual (11.723).

Actualmente, los sitios consagrados a Heidegger y Derrida han sido dados de baja por orden judicial. Todo ese material que Potel fue recolectando, traduciendo y corrigiendo, que por otros medios resultaba inaccesible –sea por precios o por mera disponibilidad– para los estudiantes, ya no existe (la web sobre Nietzsche sigue funcionando porque la mayor parte de su obra se encuentra en dominio público).

No obstante, el escenario trasciende la situación del propio Potel. Lo que está en juego es una determinada concepción sobre los bienes culturales. Muestra de ello es la posición que ha adoptado Carlos de Santos, titular de la CAL (entidad que reúne y representa a las empresas editoriales): “la idea de que la cultura es gratis resulta muy peligrosa y dañina para las futuras producciones culturales. Si se quiere que la cultura sea gratis, el Estado o la comunidad, alguien, debería pagar el trabajo de ofrecer esos contenidos culturales. Mientras tanto, es un delito” (declaraciones en Revista Ñ, 31/09/09). Para demostrar que no se trata de mera retórica, la CAL ha logrado condenar a docentes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA por hacer fotocopiar material bibliográfico.

¿Cómo es posible esta arremetida por parte de los fundamentalistas de la propiedad intelectual? Gracias a la ley 11.723. Potel señala en su blog (filosofiaencastellano.blogspot.com, 07/08/09) que la ley data “del año 1933, no contempla medidas de privilegios o excepciones para las bibliotecas, éstas están impedidas de copiar su propio material, aún si es para fines de preservación. Si hay que creerles a los carteles que suelen adornar los libros, el préstamo mismo estaría prohibido y no sería de extrañar, si esta embestida de las corporaciones que se creen dueñas de la cultura no para, o mejor dicho no hacemos algo para que pare, que las mismas bibliotecas se vean obligadas a pagar derechos de autor o se vean obligadas a cerrar”.

Lo cual no está muy lejos de suceder, dado el convenio que la UBA firmó con el CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos), por el cual, destina una parte nada despreciable de su presupuesto a las editoriales en concepto de fotocopias. La identidad de intereses entre el CADRA y la CAL queda manifiesta en un convenio de colaboración en el que ambas entidades “se comprometen a iniciar procedimientos ante los tribunales de justicia en lo civil y en lo penal para luchar contra la reprografía ilegal (…). Estas acciones deberán ser destinadas a centros educativos, bibliotecas, centros de copiado u otros usuarios que realicen reproducción ilegal”.

Todo este asunto debe conducir a una necesaria constatación: la absoluta inadecuación de la obsoleta ley 11.723. Una ley que no sólo mercantiliza el conocimiento, sino que además castiga a individuos e instituciones que lo difunden sin fines de lucro y libremente. Una aplicación rigurosa de dicha ley se inclina más a aumentar la población carcelaria que a difundir el conocimiento.

Por lo cual, se entenderá, Potel es solamente el blanco momentáneo de los fundamentalistas de la propiedad intelectual y cualquier condena sobre su persona versará necesariamente sobre la propiedad del patrimonio intelectual universal. La Justicia tiene en sus manos la responsabilidad de responder a una pregunta que no puede ser planteada en otros términos: ¿de quién es la cultura?

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Para colaborar con la causa de Potel:

http://www.nietzscheana.com.ar/ayuda_economica.htm

Y si quieren estar al tanto de su situación y/o difundir su caso, Potel está en Facebook:

http://www.facebook.com/horacio.potel