1° de Mayo

“Altas, flamearon ayer las simbólicas banderas en el espacio inmenso de las agitaciones proletarias. Rojas banderas de ensueño, fuertes insignias de combate, heraldos de justicia y libertad.”

- La Protesta, 2 de mayo de 1906.

Los perros de la polis

[Cuatro siglos antes de nuestra era, en aquel gran molde del pensamiento Occidental que fue la antigua Grecia, unos pocos hombres excéntricos se declararon disidentes de la civilización por considerarla hipócrita y artificial. Fueron influidos por Sócrates, como tantos otros, pero en lugar de tomar su ejemplo prefirieron uno más sencillo: el de los perros. Esta es la historia de los filósofos cínicos.]

Nacida al margen de la filosofía que buscaba “el mejor gobierno” para la polis, la escuela cínica (del griego kyon, perro) sostenía que el hombre dispone en sí mismo de todos los medios necesarios para obtener la felicidad y conquistar la autonomía. Fue fundada por Antístenes, pero ni él ni sus discípulos han dejado obra alguna. Estos filósofos preferían la práctica, a tal punto que lo que hoy se conoce sobre los cínicos son relatos ejemplificadores de sus enseñanzas.

Entre sus valores más importantes se deben destacar la independencia y la autarquía. Además, despreciaban las normas sociales y se consideraban “ciudadanos del mundo”. Eran auténticos parias, se jactaban de ello, y ese goce hacía enfurecer a sabios y poderosos. Para ellos, la sociedad es una máquina de crear necesidades superfluas, y sólo se preocupaban por satisfacer las necesidades naturales comunes a todos los animales. Practicaban el ascetismo pero no porque necesitaran suprimir los deseos que involucraban bienes materiales, sino por la sencilla razón de que no tenían tales deseos. Al fin y al cabo, ¿qué deseos de riqueza y de gobernar tiene un perro?

Tal vez el más conocido de los cínicos sea Diógenes de Sínope (actual Turquía), discípulo de Antístenes, dado que las anécdotas antológicas que protagoniza le han conferido un status de leyenda. Fue desterrado de su tierra natal, aparentemente, por falsificar moneda. Años más tarde, al recordar este episodio, diría “ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse”. También son memorables sus batallas dialécticas con sabios y poderosos, narradas por Diógenes Laercio en “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres”. La más famosa quizás sea aquella según la cual Alejandro Magno se le acercó al verlo dormir bajo el sol, diciéndole “pídeme lo que quieras”: Diógenes le pidió, en efecto, que se corra porque le estaba tapando el sol.

Diógenes y Alejandro

(Alejandro y Diógenes de Sínope)

Era mordaz. Cuando Platón definió al hombre como animal bípedo sin plumas, el cínico agarró un gallo, lo desplumó y lo soltó en la escuela de aquel, diciendo “éste es el hombre de Platón”. Hubo que ajustar la definición: con uñas anchas. También se cuenta que estando Diógenes comiendo lentejas, el filósofo Aristipo (que era cercano al rey) le dijo que si aprendiera a ser sumiso al rey no tendría que comer lentejas; a lo cual respondió: “Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey”. Sin embargo, no todas las anécdotas favorecen a Diógenes. Se cuenta que una vez, pisando las alfombras de Platón en presencia de Dionisio (rey de Siracusa), exclamó: “piso las lujosas alfombras de Platón”, y éste le respondió “¡Cuán lujoso te manifiestas, oh Diógenes, queriendo no parecer lujoso!”. Todo parece indicar que Platón tenía razón, Diógenes gozaba y se lucía molestando e insultando a los poderosos.

Como bien dice Marcel Schwob en “Vidas imaginarias” (1896): “Diógenes mordía como los perros, pero Crates vivía como los perros”.

Crates de Tebas era dueño de una gran fortuna heredada de su padre, pero al ver en una tragedia a Télefo, con sus pocas ropas miserables, anunció que distribuiría su patrimonio entre los ciudadanos y pasearía por el mundo vestido como Télefo. Cuando llegó a Atenas, se lo veía errante entre las calles, practicando lo que aconsejaba Diógenes, su maestro. Revolvía la basura y guardaba en su bolsa cortezas de pan, aceitunas podridas y espinas de pescado; decía que su bolsa tenía todo lo que necesitaba, era su única patria.

A diferencia de su mentor, Crates no intervenía en asuntos públicos y no tenía ningún interés en insultar o ridiculizar a los poderosos. Era respetado en Atenas. Le daba lo mismo si hablaba con el rey, los esclavos o la muchedumbre. Se cuenta que cuando Alejandro Magno fue a verlo, este no le prestó mayor atención. Fue más sabio que su maestro, dominando el arte de la indiferencia.

Tuvo por discípulo a un joven rico, de nombre Metrocles, cuya hermana se enamoró perdidamente de Crates. Se llamaba Hiparquía, era dueña de una belleza descomunal y nada le importó la tremenda pobreza y suciedad en la que vivía Crates. Cuando sus padres trataron de retenerla, ella amenazó con quitarse la vida; cuando el cínico le advirtió que vivirían como perros, nada objetó. De modo que terminó viviendo con Crates y, según se cuenta, siendo buena con todos: cuidaba a los enfermos y no tenía problemas en lamer las heridas de sus compañeros de jauría. Algunas versiones indican que llegaron a tener un hijo, Pasicles, pero lo cierto es que la historia le perdió el rastro a esta encantadora cínica.

Crates e Hiparqu�a

(Crates e Hiparquía)

Las muertes de Crates y de Diógenes están llenas de conjeturas. Quiso el destino ser poco generoso con el amable Crates: parece que contrajo terribles enfermedades y perdió toda voluntad, para finalmente dejarse consumir por el hambre a la edad de 80 años. Sobre Diógenes algunos dicen que falleció el mismo día que Alejandro Magno, por causas no del todo claras: hay quienes sostienen que dejó de respirar voluntariamente. Su tumba fue honrada con estatuas de bronce, y una inscripción:

“Caducan aun los bronces con el tiempo;
mas no podrán, Diógenes, tu gloria
sepultar las edades, pues tú solo
supiste demostrar a los mortales
facilidad de vida,
y a la inmortalidad ancho camino”.

Los medios en la masacre de Avellaneda

La crisis causó dos nuevas muertes” analiza y reconstruye la Masacre de Avellaneda, ocurrida el miércoles 26 de junio de 2002, en la que Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados por la policía. El documental se centra en los hechos, pero sobre todo indaga en las maniobras políticas del gobierno de Duhalde y en la manipulación de la información por parte de los grandes medios de comunicación.

El nombre del documental se corresponde con el título del diario Clarín en su edición del día posterior a la masacre, en un intento por “despegar” a la policía y al gobierno de lo ocurrido. Además, se pueden ver entrevistas entre los realizadores y los responsables de los medios gráficos. Sorprende la manera en que los responsables del diario Clarín (aquí Julio Blank “se roba” la película) de la fecha en cuestión intentan inútilmente justificar o dar explicaciones de por qué se decidió ese título y por qué las fotos que más involucran al comisario Fanchiotti y al cabo Acosta tardaron 36 horas en ser publicadas.

Tapa de Clar�n

La propuesta de los directores, Patricio Escobar y Damián Finvarb, es valiente e incómoda. Pone el ojo en un situación compleja, develando que la dirigencia política y la policía son susceptibles de crítica, pero ¿y los medios?, ¿quién controla a los medios? En este vacío se sitúa “La crisis causó dos nuevas muertes”, para decir lo que los medios silencian en complicidad recíproca. Es una invitación a reflexionar sobre el obscuro mundo de las relaciones entre el poder y los medios de comunicación, pero no sólo eso. En el fondo, pone al espectador en una situación que difícilmente pase inadvertida: los aparatos que encubrieron los hechos siguen vigentes, pero la lucha de Darío y Maxi, también.

TRAILER:

Afiche

“Testamento”, de Ariel Dorfman

Cuando te digan
que no estoy preso,
no les creas.
Tendrán que reconocerlo
algún día.
Cuando te digan
que me soltaron,
no les creas.
Tendrán que reconocer
que es mentira algún día.
Cuando te digan
que traicioné al Partido,
no les creas.
Tendrán que reconocer
que fui leal algún día.
Cuando te digan
que estoy en Francia,
no les creas.
No les creas cuando te muestren
mi carnet falso,
no les creas.
No les creas cuando te muestren
la foto de mi cuerpo,
no les creas.
No les creas cuando te digan
que la luna es la luna,
si te dicen que la luna es luna,
que esta es mi voz en una
grabadora,
que esta es mi firma en un papel,
si dicen que un árbol es un árbol,
no les creas,
no les creas
nada de lo que digan
nada de lo que te juren
nada de lo que te muestren,
no les creas.
Y cuando finalmente
llegue ese día
cuando te pidan que pases
a reconocer el cadáver
y ahí me veas
y una voz te diga
“Lo matamos
se nos escapó en la tortura
está muerto”,
cuando te digan
que estoy
enteramente absolutamente
definitivamente
muerto,
no les creas,
no les creas,
no les creas,
no les creas.

Ariel Dorfman, In case of fire in a foreign land. New and collected poems from two languages, septiembre 2002, Duke University Press.
Traducciones de Edith Grossman y el autor.

Combatiendo el insomnio

3am. Te acostás sin sueño, pero te acostás porque al otro día hay que laburar, estudiar, y -para rematar un lunes infinito- jugar al fútbol con los compañeros de la facultad. Lo mejor sería ir bien despierto y descansado, pero no va a ser posible: este es el relato de cómo no pude pegar un ojo en toda la puta noche. Al acostarme supe que iba a ser así, y fue entonces cuando me rendí ante aquella máxima que García lanzó desde La máquina de hacer pájaros: qué se puede hacer salvo ver películas.
Prendo la tele y de manera instantánea empiezo a convertirme en un homo zapping: no hay un carajo para ver. Ni siquiera una porno de las malas, esas que uno veía cuando era chico como si fuese lo máximo. Comienza la investigación por “los canales altos”, es decir, canales que sólo frecuentamos en las noches de insomnio o de aburrimiento extremo. Algo es algo: encontré una película lacrimógena que había visto hace mucho tiempo, con Susan Sarandon y Julia Roberts. Es una de esas en la que un personaje se muere de una enfermedad terrible, terrible. Nada mal para una noche de insomnio, pero terminó a las 5:30 y todavía sigo sin sueño. Cambiemos de canal.
Ahora viene lo interesante: están dando Rocky V. Siempre tuve un problema con este tipo de películas, sea Rocky, Rambo, Alien, Indiana Jones…el problema es que nunca las vi. (¿Dije interesante?). Yo siempre era el boludo que se quedaba a fuera de las conversaciones cuando con los amigos empezábamos a hablar de películas. Lo cual es totalmente injusto, porque estoy casi seguro de que a ninguno de mis amigos le gusta el cine más que a mí. Y confieso sin ponerme colorado: Volver al futuro y Terminator las vi de grande para enterarme un poco de qué hablaban mis amigos. Lo mismo hice tiempo después con Rocky IV, y fue cuando cambió mi opinión sobre la industria de Hollywood. Me pareció una genialidad.
¿Se acuerdan de Rocky IV? Baboa es el campeón y piensa en retirarse, pero una pelea en la que no participa cambia el panorama: Iván Drago vence a su amigo Apollo Creed en el segundo asalto, con tanta dureza que Apollo pierde la vida. Rocky jura vengarse y acepta pelear con el blondo. No iba a permitir que un boxeador de la Unión Soviética venciera a un norteamericano, no mientras él viva. Esto es lo que siempre me pareció fascinante de Rocky IV: la maquinaria ideológica de Hollywood muestra todos sus dientes. El ruso es una máquina física, se ha fortalecido a base de anabólicos y otras sustancias, sus entrenamientos parecen experimentos científicos y su frialdad es la de un miembro del politburó. Además es malo, inspira temor, pero no sabemos por qué, no tiene “historia”. Es el villano, la encarnación del mal por el mal mismo (Hannah Arendt diría “banal”); y además es comunista.

Balboa vs. Drago ¿y Lenin?

La pelea es en la URSS, ante un clima más que hostil. Los golpes son lamentables: nada de cubrirse ni desplegar el arte del jab, es un mero intercambio de golpes. Como todos sabíamos que iba a pasar, empieza ganando el ruso y la termina ganando Rocky en el último round, por KO. La escena siguiente es surrealista: el público soviético, entre ellos gente del Kremlim y alguien que parece ser Gorvachov, se rinde ante el poderío de Balboa y cambia abucheos por aplausos. El ítalo-americano (con pantaloncitos más americanos que ítalos) da un discurso de vencedor: “¡Todos podemos cambiar!”, grita. Parecía el mismísimo Lenin exigiendo “¡todo el poder para los Soviets!”. Fin de Rocky IV.
Empieza Rocky V. Balboa vuelve a EEUU con intenciones de colgar los guantes, pero se desayuna que está en bancarrota. Esta es casi una constante en la vida de los boxeadores: alcanzar la gloria y derrapar hasta caer en lo más profundo de la miseria. Es más, estoy casi seguro de que Marx pensó en un boxeador cuando sentenció aquella frase tan citada: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa” (El 18 brumario de Luis Bonaparte, 1851-52). Entonces a laburar: Rocky comienza a entrenar a Tommy Gunn, un joven boxeador (interpretado por quien fuera campeón de la OMB en la vida real, Tommy Morrison) que luego lo traicionaría.
La película es mala, bastante mala, pero el final tiene dos elementos que merecen ser destacados. El primero es casi un chusmerío y consiste en que Sylvester Stallone tenía planeado matar a Rocky, plan del cual desistiría por considerar que su personaje había alcanzado un status de ícono cultural americano, ¿quién puede negarlo? El final fue cambiado y termina con Rocky subiendo las escalinatas del Museo de Arte de Philadelphia junto a su hijo (interpretado por el hijo de Stallone en la vida real). Las escalinatas probablemente las recuerden porque son las mismas que subiera en otra ocasión al ritmo de parapaannnn-parapaannn, la diferencia -y he aquí el segundo elemento- es que cuando llegan a la cima se encuentran con…¡la estatua de Rocky! Y no se trata de que pusieron una estatua para la película, sino que la estatua estaba ahí en realidad (estuvo varios meses, luego se la sacaron de encima). Es decir, parte de la sociedad norteamericana entronizó la figura de ese boxeador ficticio que tanto había hecho por ellos. De nuevo: ¿quién puede negarlo? Stallone se hace eco de lo que su personaje ha generado, de la misma manera que Cervantes salió a responder en 1615 a todos los rumores que su ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha había generado con el inicio de sus andanzas, en 1605.
Ladramos, Sancho, es verdad. Señal de que el caballito de la ideología ha recorrido un largo camino.

La política y la guerra

“Quiero decir algo -y esta sí permítanme porque es una
licencia del peronismo-: el peronismo nunca planteó la lucha de clases,
el peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos,
para qué, no.”

- Cristina Fenández de Kirchner, 26 de marzo de 2008, Parque Norte.

 

 

 

“…si el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza, (…) ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra? (…) el poder es la guerra, la guerra continuada con otros medios; se invertiría así la afirmación de Clausewitz, diciendo que la política es la guerra continuada con otros medios.
Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable de la guerra. Y si es cierto que el poder político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros. La política como guerra continuada con otros medios seria en este primer sentido un dar la vuelta al aforismo de Clausewitz; es decir, la política seria la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra. Pero la inversión de esta frase quiere decir también otra cosa: en el interior de esta «paz civil», la lucha política, los enfrentamientos por el poder, con el poder, del poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza, las acentuaciones en un sentido, los refuerzos, etc., todo esto en un sistema político no debe ser interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. No se escribe sino la historia de esta guerra aun cuando se escribe la historia de la paz y de sus instituciones. La vuelta dada al aforismo de Clausewitz quiere decir en fin una tercera cosa, que la decisión final no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que, por fin, las armas serán los jueces. La última batalla seria el fin de la política, solo la última batalla suspendería, pues, indefinidamente el ejercicio del poder como guerra continua.”

- Michel Foucault, Microfísica del poder (Curso del 7 de enero de 1976)

No fui a la Plaza

No fui a la Plaza el 24, ni mucho menos este 25. Me tienen las pelotas llenas, todos. Tanto los forros que desde las cúpulas trabajan para la historia, como los otros forros que intentan subirse al tren de la historia con el tren en marcha. La Plaza de Mayo no es el único escenario en donde estallan los conflictos.

Tiramos a tierra las cúpulas. Que no quede una sola más

Plaza

En las cúpulas (Almendra)

Hoy nadie me siente en la cúpula, ¡oh!

Quién sabe si habrá tan extrañas figuras

al lado de los aceros.

Nunca los héroes se levantan.

Nunca los héroes se levantan.

Hoy nadie me siente en la cúpula, ¡oh!

Quién sabe si habrá oídos

que escuchen a los ángeles.

Los cuerpos de la libertad.

Los cuerpos de la libertad.

Hoy nadie me siente en una sola cúpula, ¡ah!

Quién sabe si habrá

esa clase de idiotas, de mentiras.

Que hermosas lluvias que nos bañan.

Que hermosas lluvias que nos bañan.

Tiramos a tierra las cúpulas.

Que no quede una sola más

al lado de los árboles.

Martin Heidegger: una Universidad para el Tercer Reich

El 27 de Mayo de 1933, Martin Heidegger asumía el rectorado de la Universidad de Friburgo. Meses después de que Adolf Hitler fuera nombrado Canciller, el mayor y más influyente filósofo del siglo XX aceptaba dirigir los destinos de una Universidad. Ante la atenta mirada de miles de jóvenes y con el apoyo de las SA, el autor de “Ser y tiempo” pronunciaba su discurso titulado “La autoafirmación de la Universidad alemana”.

 

EL EJE ATENAS-BERLIN

Con la aparición de “Ser y tiempo” en 1927, Heidegger puso en marcha el proyecto de desarrollar una nueva terminología que le permitiera superar la filosofía del sujeto, matriz de la metafísica moderna. A su vez, este proyecto implicaba que la filosofía tenía que recuperar su posición de dominio por encima de las ciencias y los distintos aspectos de la vida. Por eso, aquel 27 de mayo, recordó: “El inicio es aún. No está tras de nosotros como algo hace largo tiempo acontecido, sino que está ante nosotros (…). El inicio ha incidido ya en nuestro futuro, está ya allí como el lejano mandato de que recobremos de nuevo su grandeza”. Los alemanes debían, entonces, situarse bajo el influjo de la filosofía griega, “inicio de nuestra existencia histórico-espiritual”.

        Sucede que Heidegger encuentra en los griegos lo que “la subsiguiente interpretación teológico-cristiana del mundo, así como el posterior pensamiento técnico-matemático de la modernidad” han olvidado: la filosofía griega como praxis política (de la polis) principal. Occidente ha identificado la filosofía con la teoría y por eso la ha relegado a un segundo plano. Así se comprende por qué Heidegger busca que la filosofía sea para los alemanes lo que fue para los griegos en la antigüedad: “el centro que determina desde lo más profundo toda su existencia como pueblo y como Estado”.

LA “MISIÓN ESPIRITUAL”

En 1933 Heidegger se afilió al partido nazi, requisito tácito para asumir el rectorado. Según algunas versiones la fecha exacta fue el 1° de mayo, a modo de gesto para con las SA; según otras, dos días después. No lo había hecho antes, y este es el punto principal que da apoyo al argumento de quienes ven solamente “oportunismo” en la adhesión de Heidegger al nacionalsocialismo. Analizar el “Discurso del rectorado” puede ayudar a tratar de entender una relación más que compleja.

La nueva legislación estudiantil, una reforma universitaria impulsada por el régimen, empezó en 1933 y finalizó en 1935. Lo esencial de su contenido se centraba en la aplicación del Führerprinzip: unificación de las asociaciones estudiantiles y sometimiento a una estricta organización jerárquica. Heidegger no vaciló en celebrar la reforma: “darse a sí mismo la ley es la suprema libertad”. El discurso en sí es completamente funcional al poder, es un llamado a los estudiantes a que se organicen detrás del proyecto totalitario. Ello se desprende de sus palabras cuando asegura que “el estudiantado alemán está en marcha; y lo que busca son unos guías”. Hitler ya es el führer político, Heidegger pretendía convertirse en el führer filosófico. El estudiante alemán debía “entregarse hasta el límite (…) por el pueblo, al destino del Estado, en el seno de una misión espiritual”.

        Esta entrega, según Heidegger, es una puesta en marcha sometida a la hegemonía del destino. El maestro ve asomarse un acontecimiento que no necesita reclamar, “pues la fuerza joven y reciente del pueblo, (…) ya ha decidido”. La misión espiritual será llevada a cabo con todos los riesgos necesarios, porque es lo que el pueblo alemán ha escogido (“pueblo que se conoce a sí mismo en su Estado”). Y para que no teman, Heidegger invita a adoptar como propia una profunda reflexión de Platón con la que cierra su discurso: «Todo lo grande está en medio de la tempestad» (Platón, “República”, 497 d,9). Vale la pena detenerse en esta frase: traducida literalmente del griego, sería “«todo lo grande está en peligro»; pero las palabras textuales de Heidegger son «Alles Grosse steht in Sturm», donde “sturm” significa tanto “tempestad” como “asalto”. No es un hecho menor señalar que este término era muy utilizado por los nazis, a tal punto que la organización paramilitar que en gran parte propició el ascenso de Hitler, las SA, en alemán llevan el nombre de Sturmabteilung (“tropas de asalto”).

        Martin Heidegger renunciaría en febrero de 1934 por diferencias con el partido. Sin embargo, nunca dio explicaciones ni se mostró arrepentido. Sólo pidió que no se lo juzgara con los ojos de 1946, sino con los de 1933. Cuando Europa estuvo, ciertamente, en medio de la tempestad.

 

 

 

Christus-Fiscus

“Cristo es un engendro fraguado en Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, a partir del año 100, juntando rasgos de los mitos de Atis de Frigia, Dioniso de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India, Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y MItras de Persia y toda una serie de dioses y redentores del género humano que lo precedieron en siglos y aún en milenios (…) Cristo nació el 25 de diciembre de una Virgen y en la misma fecha, que es el solsticio de invierno, nacieron Atis, de la Virgen Nana; Buda, de la Virgen Maya; Krishna, de la Virgen Devaki; Horus, de la Virgen Isis, en un pesebre y en una cueva. también Mitras nació el 25 de diciembre de una virgen, en una cueva, y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Y de una virgen también nació Zoroastro o Zaratustra.

Atis murió por la salvación de la humanidad crucificado en un árbol, descendió al submundo y resucitó después de tres días. Mitras tuvo doce discípulos, pronunció un Sermón de la Montaña, fue llamado el Buen Pastor, lo consideraron la Verdad y la Luz, el Logos, el Redentor, el Salvador y el Mesías; se sacrificó por la paz del mundo, fue enterrado y resucitó a los tres días; su día sagrado era el domingo (…)”

- Fernando Vallejo, “La puta de Babilonia”.

Pájaro azul - Charles Bukowski

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres joder
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Charles Bukowski, “Run with the hunted” (1993).

 

Bukowski

CHARLES BUKOWSKI RECITANDO EL POEMA:

Siempre me pareció conmovedor este poema. Por momentos puede parecer cursi, pero cuando uno piensa en que está escrito por Bukowski (el poeta de las putas, los vagabundos y los borrachos), es difícil no pensar en ese tipo duro, que se nos muestra como nunca: desnudo y alcanzando una sensibilidad fuera de lo común.

 

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