laputaquelopario

¿Cuánto te pagan por izar la bandera?

In biopolítica, documentos de cultura, efemérides on Julio 9, 2009 at 6:20 pm

Por Carlos el Indio Solari

Somos el miedo de los gobiernos que mienten en nombre de la verdad. El miedo del poder militar, económico y jurídico que impide la comunicación humana de pueblo a pueblo.

Somos el miedo de la soberanía de los piratas del mundo que mutilan el estado de ánimo e impiden la emociones reveladoras.

Somos el miedo del poder de los déspotas que reside en mecanismos impersonales. El miedo de las estructuras burocráticas que desalientan las conductas exploratorias. El miedo de las grandes fortunas que se robaron de los derechos naturales. El miedo de los centros de poder que amenazan con la destrucción total . El de esos varones sensatos y “prácticos” que desean dejar su huella en la historia y creen solamente en lo que pueden forzar y controlar.

Somos el miedo de quienes nos adiestran a ser corteses cuando alguna institución nos pisotea. El miedo de quienes temen a los cambios pues su status depende de la rutina y del tiempo de otras personas. El miedo de las tecnologías caprichosas que nos obligan a valorarlas adoptando siempre sus supuestos básicos.

Somos el viejísimo miedo agazapado en todos los rincones del Imperio y estamos encantados ¡encantados!

El flagelo, el castigo y Barcelona

In biopolítica, documentos de cultura, medios, revistas on Julio 7, 2009 at 11:41 am

Por Pablo Alabarces

Hay algo que aprendí hace muchos años, y fue leyendo a Emilio de Ipola, uno de los sociólogos más importantes de la Argentina ,y connotado hincha de Huracán. Fue en un libro de hace veinticinco años, Ideología y discurso populista, un trabajo fascinante. Allí aprendí que las metáforas biologicistas son clásicas del pensamiento de derecha: que la sociedad es un cuerpo, y que sus males son enfermedades, y que las soluciones son sus remedios. Por ende, alguien sostuvo que la izquierda es un cáncer que corroe las entrañas de la sociedad y debe ser extirpado; Menem pudo afirmar, suelto de cuerpo, que él iba a aplicar “cirugía mayor sin anestesia”; y La Nación, que a pesar de sus intentos por modernizarse sigue pegada a un discurso que atrasa más o menos cincuenta años, puede editorializar sosteniendo que las barras bravas son una “enfermedad social” (que debe ser erradicada como si fuera la viruela, digamos).

De esa concepción deriva un abuso de lenguaje que ha hecho estragos en la conversación cotidiana, periodística o política: es la insistencia en el flagelo. Hemos asistido al flagelo de la desocupación y del hambre, de la desnutrición y de la droga, de la homosexualidad y del erotismo, del libertinaje y de la violencia, que por supuesto van juntos. El uso de la palabreja demuestra facilidad del pensamiento y poca densidad analítica: porque flagelo remite a azote, calamidad, castigo, desgracia, plaga, peste, como cualquier búsqueda rápida en los diccionarios de la Real Academia o el María Moliner puede demostrar. Esos términos, a su vez, así como persisten en la idea derechista de la sociedad como un cuerpo, nos remiten a la idea del castigo divino, a un dios enojadísimo con los argentinos que les envía un azote tras otro, molesto porque le habríamos dado la espalda. En consecuencia, cada vez que alguien usa flagelo desvía la atención: de las causas, obviamente, que los sociólogos y los ateos insistimos en entender como pertinazmente terrenales, económicas, políticas, sociales. Flagelo termina siendo un recurso barato para evitar usar los sujetos gramaticales adecuados: por ejemplo, el flagelo de la inflación impide decir los sectores monopólicos concentrados aumentaron los precios una vez más. O el flagelo de la droga nos ahorra la molestia de afirmar el control del narcotráfico a cargo de la policía y los punteros políticos del conurbano. Como se verá, usar flagelo nos evita complicaciones.

El problema añadido es que nos la pone difícil cuando lo que aparece es un flagelo verdadero: la gripe, como lo fue el dengue. Eso se vuelve más inexplicable que lo habitual, porque es una desgracia real, una plaga, calamidad o peste, tal y como los diccionarios nos alertan. Al haber abusado del flagelo mentiroso, el flagelo verdadero se vuelve intratable. Y parece explosivo, porque aún si se tratare de un castigo divino se ve incrementado por los errores humanos: de los gobernantes porque se concentraron en las elecciones y de los opositores porque también se concentraron en las elecciones. Esa distracción extendida no ha hecho más que agravar la situación, que requería más inteligencia y trabajo. Todavía estamos a tiempo, y salvo la AFA todos parecen estar convencidos de ir en un solo camino.

Lo que estas situaciones también dejan ver es el surgimiento de las paranoias y los relatos conspirativos: acabo de leer un mail que afirma que no hay tal gripe porcina sino gripes comunes pero incrementadas por acción de Donald Rumsfeld y los intereses monopólicos de los laboratorios. A cualquier lector le deben haber llegado diez de estos textos –detrás de los que relatan los golpes que Néstor le habría propinado a Cristina o antes de los que afirman que los que votamos a Solanas somos derechistas pagados por Clarín. En fin: como decía Fredric Jameson, la paranoia es el mapa cognitivo de los pobres. Frente a un mundo que aparece incomprensible, agresivo y atroz, los subalternos usan los discursos conspirativos como un modo de reponer algún sentido a lo inexplicable. Y para eso, los y las argentinos/as somos mandados/as a hacer.

Por eso, permítanme parafrasear a la revista Barcelona, uno de los pocos grupos que ha entendido que hay que reírse salvajemente de la Argentina, por lo menos como estrategia de supervivencia –y también ofensiva: debemos recuperar la parodia y la injuria como herramientas políticas. Barcelona afirma en su última tapa que “el virus de la derecha ya es pandemia”, título acompañado con fotos de Macri, Reutemann, Cobos y De Narváez. La mera posibilidad de que de esos cuatro jinetes del Apocalipsis salga un presidente debe llamarnos a risa. Y creo que la gripe es un flagelo enviado por algún dios para castigar a los argentinos y argentinas por votar a tamaños personajes.

Fuente: Diario Crítica.

http://www.revistabarcelona.com.ar/

http://www.revistabarcelona.com.ar/

Mauricio off the record

In cuestiones de estado, documentos de cultura, videoteca on Junio 29, 2009 at 12:57 am

No suelo postear cosas demasiado cocidas porque tengo cierta vocación de chef (?), pero en este caso tengo que hacer una excepción: comparto con vosotros un video que me llegó por mail en el día de hoy. Sin más preámbulos, le paso el micrófono a Mauricio.

El Jefe de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, cuenta algunas irregularidades de la campaña de su compañero de partido, Francisco de Narváez, y de paso también se burla de las críticas de Pino Solanas sobre los prostíbulos que aún funcionan en la ciudad con total complicidad de la policía y la ciudad.

A lo que hace referencia al principio es al límite autoorizado para el gasto de campaña, fijado en $1,50 por cada elector del distrito. En el caso de De Narváez, el límite para la provincia de Buenos Aires para las elecciones legislativas de 2009 es de $15.525.587, que fueron ampliamente excedidos por el candidato del PRO.

Macri 2011

Macri 2011