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Archivos de la categoría ‘biopolítica’

Micky Vainilla y la voz en off

In biopolítica, documentos de cultura, eufemismos, medios, microfascismos, videoteca on Octubre 21, 2009 at 12:06 am

Por Matías Muraca

Diego Capusotto y Pedro Saborido irrumpen, desacomodan y movilizan varias cosas todos los lunes a la noche en la televisión pública. Sus personajes gritan cosas para que se escuchen, ponen en evidencia no una, sino múltiples Argentinas, refieren a nuestros presentes e interpelan el pasado reciente.

Uno de los sketchs más interesantes para pensar nuestra sociedad es “Micky Vainilla”. Micky es la encarnación de un cantante pop que es nazi. No sólo tiene el típico bigotito de Hitler y se peina con el flequillo cayendo laciamente hacia la derecha, sino que todos sus temas poseen contenidos racistas y xenófobos. Vainilla es un cantante pop que sólo quiere “ver a los chicos bailar y divertirse”, sin conflictos, sin política. Aparece, sin embargo, otro personaje casi contrabandeado que, desde detrás de las cámaras, interpela metódicamente a Vainilla, se trata del entrevistador indignado que denuncia: la voz en off. Este segundo personaje cuestiona democrática y progresistamente la autenticidad fascista de Micky, denuncia punto por punto los aspectos más agresivos del cantante pop. El entrevistador es una prudente voz moral escandalizada frente al cantante nazi. Ante el cuestionamiento del peinado, del bigotito y de los actos con esvásticas, nuestro músico responde banalmente, volviéndose él mismo banal. Vainilla es inverosímil, increíble, sus respuestas bobas muestran al nazi que sólo niega, acorralado, las acusaciones morales del entrevistador. Este momento, podríamos decir, de nazismo epidérmico es eficazmente condenado por la voz.

Sin embargo, la necesidad de realizar una crítica de la voz se presenta no con el nazismo evidente, sino cuando ella se topa con el fascismo argumentado del músico pop. Vainilla, con su justificación liberal, de derecha y reaccionaria, al mejor estilo “roban pero hacen” se enerva ante las críticas bienpensantes de la voz y arremete con una contraargumentación: “¿Vos sabes lo que estamos haciendo con lo recaudado?”, increpa gravemente. El entrevistado se convierte en interrogador y ataca a la voz que, incapaz de resistir, claudica, consiente y dice: “Ah… no, no sabía”. Ya no importa que lo que se hace con lo recaudado es un basural para que los niños pobres revuelvan en vacaciones de invierno, ni un viaje al otro lado de la frontera para que visiten a sus parientes y no vuelvan o un muro simplemente para que “no los veamos”. El fascismo argumentado denuncia la pobreza de la voz. La contraargumentación incontestada presenta así el consentimiento progre de una voz que hasta unos momentos sentíamos como propia. Es justamente en ese punto cuando el sketch se sale de la ficción y mete los pies, de lleno, en el barro de nuestra sociedad posmenemista.

En ese momento nos convertimos en partícipes de la ficción o, al revés, la ficción se convierte en realidad. Lo que Vainilla había anunciado en sus primeras presentaciones “mi música le gusta a la gente de Buenos Aires”, se confirma cuando interviene la voz con su cuestionamiento moral para enseguida quedarse sin palabras. Cuando la voz, ya la gente, delata sus propios límites, consiente y hace propios (al callar) los argumentos de Micky. Es ahí cuando Micky se convierte en uno de los espejos posibles de nuestra sociedad. Un espejo que nos grita, grotescamente, algo que no es muy bonito. Nos dice que a la gente y a la familia de Buenos Aires nos gustan sus canciones (xenófobas, fascistas) y básicamente él, que es nazi. Pero nos dice además, malamente, que esta sociedad, o parte de ella, suficientemente culta para identificar al nazi y rechazarlo, es también lo suficientemente pobre, tonta, como una vaca que se ve venir al matadero, cuando ese nazismo nos da una argumentación, un “roban pero hacen”. Ahí, la voz (y la sociedad) parecieran claudicar y consentir. En ese silencio de la voz (ya nuestro) todos los temas de los videos de Vainilla se convierten en temas de la voz, de la gente.

Fuente: Página/12.

¿Cuánto te pagan por izar la bandera?

In biopolítica, documentos de cultura, efemérides on Julio 9, 2009 at 6:20 pm

Por Carlos el Indio Solari

Somos el miedo de los gobiernos que mienten en nombre de la verdad. El miedo del poder militar, económico y jurídico que impide la comunicación humana de pueblo a pueblo.

Somos el miedo de la soberanía de los piratas del mundo que mutilan el estado de ánimo e impiden la emociones reveladoras.

Somos el miedo del poder de los déspotas que reside en mecanismos impersonales. El miedo de las estructuras burocráticas que desalientan las conductas exploratorias. El miedo de las grandes fortunas que se robaron de los derechos naturales. El miedo de los centros de poder que amenazan con la destrucción total . El de esos varones sensatos y “prácticos” que desean dejar su huella en la historia y creen solamente en lo que pueden forzar y controlar.

Somos el miedo de quienes nos adiestran a ser corteses cuando alguna institución nos pisotea. El miedo de quienes temen a los cambios pues su status depende de la rutina y del tiempo de otras personas. El miedo de las tecnologías caprichosas que nos obligan a valorarlas adoptando siempre sus supuestos básicos.

Somos el viejísimo miedo agazapado en todos los rincones del Imperio y estamos encantados ¡encantados!

El flagelo, el castigo y Barcelona

In biopolítica, documentos de cultura, medios, revistas on Julio 7, 2009 at 11:41 am

Por Pablo Alabarces

Hay algo que aprendí hace muchos años, y fue leyendo a Emilio de Ipola, uno de los sociólogos más importantes de la Argentina ,y connotado hincha de Huracán. Fue en un libro de hace veinticinco años, Ideología y discurso populista, un trabajo fascinante. Allí aprendí que las metáforas biologicistas son clásicas del pensamiento de derecha: que la sociedad es un cuerpo, y que sus males son enfermedades, y que las soluciones son sus remedios. Por ende, alguien sostuvo que la izquierda es un cáncer que corroe las entrañas de la sociedad y debe ser extirpado; Menem pudo afirmar, suelto de cuerpo, que él iba a aplicar “cirugía mayor sin anestesia”; y La Nación, que a pesar de sus intentos por modernizarse sigue pegada a un discurso que atrasa más o menos cincuenta años, puede editorializar sosteniendo que las barras bravas son una “enfermedad social” (que debe ser erradicada como si fuera la viruela, digamos).

De esa concepción deriva un abuso de lenguaje que ha hecho estragos en la conversación cotidiana, periodística o política: es la insistencia en el flagelo. Hemos asistido al flagelo de la desocupación y del hambre, de la desnutrición y de la droga, de la homosexualidad y del erotismo, del libertinaje y de la violencia, que por supuesto van juntos. El uso de la palabreja demuestra facilidad del pensamiento y poca densidad analítica: porque flagelo remite a azote, calamidad, castigo, desgracia, plaga, peste, como cualquier búsqueda rápida en los diccionarios de la Real Academia o el María Moliner puede demostrar. Esos términos, a su vez, así como persisten en la idea derechista de la sociedad como un cuerpo, nos remiten a la idea del castigo divino, a un dios enojadísimo con los argentinos que les envía un azote tras otro, molesto porque le habríamos dado la espalda. En consecuencia, cada vez que alguien usa flagelo desvía la atención: de las causas, obviamente, que los sociólogos y los ateos insistimos en entender como pertinazmente terrenales, económicas, políticas, sociales. Flagelo termina siendo un recurso barato para evitar usar los sujetos gramaticales adecuados: por ejemplo, el flagelo de la inflación impide decir los sectores monopólicos concentrados aumentaron los precios una vez más. O el flagelo de la droga nos ahorra la molestia de afirmar el control del narcotráfico a cargo de la policía y los punteros políticos del conurbano. Como se verá, usar flagelo nos evita complicaciones.

El problema añadido es que nos la pone difícil cuando lo que aparece es un flagelo verdadero: la gripe, como lo fue el dengue. Eso se vuelve más inexplicable que lo habitual, porque es una desgracia real, una plaga, calamidad o peste, tal y como los diccionarios nos alertan. Al haber abusado del flagelo mentiroso, el flagelo verdadero se vuelve intratable. Y parece explosivo, porque aún si se tratare de un castigo divino se ve incrementado por los errores humanos: de los gobernantes porque se concentraron en las elecciones y de los opositores porque también se concentraron en las elecciones. Esa distracción extendida no ha hecho más que agravar la situación, que requería más inteligencia y trabajo. Todavía estamos a tiempo, y salvo la AFA todos parecen estar convencidos de ir en un solo camino.

Lo que estas situaciones también dejan ver es el surgimiento de las paranoias y los relatos conspirativos: acabo de leer un mail que afirma que no hay tal gripe porcina sino gripes comunes pero incrementadas por acción de Donald Rumsfeld y los intereses monopólicos de los laboratorios. A cualquier lector le deben haber llegado diez de estos textos –detrás de los que relatan los golpes que Néstor le habría propinado a Cristina o antes de los que afirman que los que votamos a Solanas somos derechistas pagados por Clarín. En fin: como decía Fredric Jameson, la paranoia es el mapa cognitivo de los pobres. Frente a un mundo que aparece incomprensible, agresivo y atroz, los subalternos usan los discursos conspirativos como un modo de reponer algún sentido a lo inexplicable. Y para eso, los y las argentinos/as somos mandados/as a hacer.

Por eso, permítanme parafrasear a la revista Barcelona, uno de los pocos grupos que ha entendido que hay que reírse salvajemente de la Argentina, por lo menos como estrategia de supervivencia –y también ofensiva: debemos recuperar la parodia y la injuria como herramientas políticas. Barcelona afirma en su última tapa que “el virus de la derecha ya es pandemia”, título acompañado con fotos de Macri, Reutemann, Cobos y De Narváez. La mera posibilidad de que de esos cuatro jinetes del Apocalipsis salga un presidente debe llamarnos a risa. Y creo que la gripe es un flagelo enviado por algún dios para castigar a los argentinos y argentinas por votar a tamaños personajes.

Fuente: Diario Crítica.

http://www.revistabarcelona.com.ar/

http://www.revistabarcelona.com.ar/

Textosterona

In biopolítica, links, medios on Mayo 7, 2009 at 2:53 pm

Una Nación de presidiarios, por Rolando Astarita. Una síntesis impecable del país que tienen como modelo los “técnicos” de la seguridad.

Carta Abierta a Daniel Scioli, Gobernador de Buenos Aires, por Familiares y Amigos de Luciano Arruga. Desaparecido en democracia.

Casas vuelve a Borges, por Fabián Casas. Un brillante ensayo sobre Borges y cómo se llega a ser lo que se es. Una constatación: Borges fue feliz.

El eslabón perdido, por Juan Forn. Marx, Darwin y sus desencuentros, una historia poco conocida.

 

 

(Edito el post para agregar un artículo  que merece un lugarcito junto a los textos de arriba.)

Ay, Marcelo, por Pablo Alabarces. Cómo leer el programa de Tinelli cuando éste ni siquiera responde a los propios estándares de la cultura de masas .


 

House y Pfizer: el método es uno solo

In biopolítica, cuestiones de estado, documentos de cultura, el tio Sam, medios on Abril 7, 2009 at 4:22 pm

El talentoso Galliano, en una de las entregas de su historieta “Lenin y vos”, compara la filosofía pragmática norteamericana con el Dr. House y su ejercicio de la medicina tan reñido con la ética.

En una de las viñetas, House dice:  ”la gente siempre miente, por eso para mí no merece consideración, es sólo un obstáculo en el problema que yo quiero resolver: su salud”. A lo cual, su entrevistador -nada más y nada menos que el viejo Illich-, responde: “Ajá, igual que Bush”.

Todo esto viene a cuento de la noticia de que la farmacéutica más poderosa del mundo, Pfizer, experimentó sin autorización nuevas drogas en niños nigerianos. Este tipo de prácticas no son nada nuevas, pero pocas veces llegan a los medios ya que suelen quedar impunes por los poderosos intereses que las respaldan.

La noticia, aparecida en Página/12 en el día de hoy, es la siguiente:

 

El laboratorio que perdió el juicio

La multinacional Pfizer firmó un acuerdo para resarcir a las familias de los niños que fallecieron o sufrieron disfunciones, en Nigeria, tras haberlos sometido al experimento de una droga contra la meningitis, sin autorización.

Por Daniel Howden *

Lo más excitante que había pasado en el estudio de abogados de Richard Altschuler, en West Haven, Connecticut, era algún caso de divorcio, hasta que sonó el teléfono hace nueve años. Del otro lado de la línea, a un mundo de distancia desde el calor de Nigeria, estaba Eitgwe Uwo, un joven abogado con “una increíble historia sobre Pfizer”, el laboratorio medicinal. El fiscal de Lagos iba a iniciar una demanda sin precedentes contra la empresa farmacéutica más grande del mundo, enfrentando a los padres africanos con el gigante corporativo estadounidense. Y necesitaba ayuda.

Eitgwe había elegido a Altschuler porque, en 1979, el abogado de Connecticut había defendido exitosamente a un amigo de Nigeria. La insólita pareja estaba por embarcarse en un viaje maratónico hacia el mundo de “grandes laboratorios farmacológicos”. Nueve años han pasado y sus esfuerzos finalmente se han visto recompensados con un acuerdo de 75 millones de dólares, cuyos términos probablemente sean dados a conocer esta semana. Si suena como el guión de un éxito de Hollywood es porque esta fue la historia que inspiró a John Le Carré a escribir El jardinero fiel, según Altschuler. Y al cineasta brasileño Fernando Meirelles a filmar la película del mismo nombre, que recibió varios Oscar.

En la vida real ocurrió en Nigeria, no en Kenia, donde el libro sitúa la historia. En 1996, la empresa Pfizer necesitaba hacer pruebas con humanos de lo que esperaba que fuera un éxito farmacéutico, un antibiótico de amplio espectro que podía tomarse en formas de tabletas. La empresa con sede en Estados Unidos envió un equipo de sus médicos a una ciudad-villa miseria Kano, en Nigeria, en medio de una pavorosa epidemia de meningitis, en lo que llamaron una “misión humanitaria”. Sin embargo, los demandantes afirman que fue una prueba sin permiso médico en niños sumamente enfermos. Un equipo de médicos de Pfizer llegó al campo nigeriano justo cuando se había desatado la epidemia que mató a casi 11.000 personas. Se establecieron a metros de un puesto médico dirigido por el grupo de asistencia de Médicos Sin Fronteras, que estaba brindando tratamientos ya probados para aliviar la epidemia. De la multitud que se había reunido en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Kano, se eligieron 200 niños enfermos. A la mitad les dieron dosis de la droga experimental de Pfizer llamada Trovan y los otros fueron tratados con un antibiótico probado de una empresa rival.

Once de los niños murieron y muchos más, se presume, sufrieron posteriores efectos secundarios serios, que iban desde disfunciones de órganos hasta daño cerebral. Pero dada la virulencia de la meningitis, el cólera y el sarampión, el equipo de Pfizer hizo sus valijas y después de dos semanas se fue.

Ese probablemente hubiera sido el final de la historia si no fuera por un empleado de Pfizer, Juan Walterspiel. Unos 18 meses después del ensayo médico, escribió una carta al entonces jefe ejecutivo de la empresa, William Steere, diciendo que el ensayo había “violado las reglas éticas”. Walterspiel fue despedido un día después por motivos “no relacionados” con la carta, insiste Pfizer.

La empresa afirma que sólo cinco niños murieron después de tomar Trovan y seis murieron después de recibir inyecciones de la droga certificada Rocephin. El gigante farmacéutico dice que fue la meningitis lo que dañó a los niños y no el ensayo con la droga. Pero ¿sabían los padres que estaban ofreciendo a sus hijos para un ensayo experimental médico? “No”, dice el padre nigeriano Malam Musa Zango. Afirma que su hijo Sumaila, que entonces tenía 12 años, quedó sordo y mudo después de tomar parte en el ensayo. Pero Pfizer niega esto y dice que habían recibido el consentimiento del Estado nigeriano y de las familias de aquellos tratados. Presentó una carta de permiso de un comité de ética de Kano. La carta resultó haber estado antedatada y el comité había sido establecido un año después del ensayo médico original.

Trovan nunca se convirtió en el éxito que Pfizer había esperado y ya no se produce más. La Unión Europea prohibió la droga y fue finalmente retirada de la venta en Estados Unidos. Parece que Pfizer finalmente puso fin a la pesadilla con el acuerdo del viernes pasado. Pero la batalla de Trovan puede no haber terminado.

A fines de enero de 2009, una corte de apelaciones de Nueva York dictaminó que el caso de Etigwe y Altschuler podría ser revisto en Estados Unidos. El fiscal de Connecticut dice que puede salir. “Nuestro caso está firmemente planteado en Estados Unidos, de manera que el acuerdo nigeriano no cierra nuestro caso. Y estas son muy buenas noticias. Estoy feliz de haber permanecido como el jardinero fiel y poder ver que esto llega a buen término.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère

De pegamentos y encierros

In biopolítica, cuestiones de estado, medios, música, revistas on Marzo 22, 2009 at 5:56 pm

[En los últimos meses los medios instalaron en la agenda pública la polémica sobre los menores relacionados con el delito. ¿Qué representaciones fueron las predominantes?]

Me importan los pibes que aspiran pegamento
cuando ellos crezcan comerás el pavimento

- Illya Kuryaki & the Valderramas

Hace tan sólo unos años atrás se había impuesto una nueva moda en los principales matutinos del país: publicar artículos que daban cuenta de niños y adolescentes que eran internados o morían a causa de la adicción al pegamento o alguna otra sustancia tóxica. Con una frecuencia espantosa, los diarios informaban que en un determinado punto del territorio argentino un chico se metía la muerte misma hasta el fondo de los pulmones.

¿Habrá muerte más perversa? Ante una pregunta que no tiene respuesta, lo que se puede hacer es analizar cómo los medios construyen los discursos y la manera en que echan mano a las distintas concepciones sobre el lugar social de los menores.

En algún momento y por motivos que son muy difíciles de certificar, esas muertes dejaron de ser noticia. Ya no son un “tema”. Sin embargo, el pegamento y el paco siguen fluyendo por las ciudades y es posible verlos en distintas esquinas o estaciones de trenes, como una sombra que se apodera de los cuerpos de unas víctimas siempre demasiado jóvenes para todo. Una muerte que camina ante los ojos de todos en San Miguel y José C. Paz, pero también en Constitución, en Retiro, en Plaza Libertad donde se cruza con los habitués del Teatro Coliseo, escenario de algunas de las más altas expresiones de la cultura de una ciudad excesivamente cruel. Es un crimen ante las narices de una ciudad que lo ve todo porque no duerme, como no duermen esos pibes con el estómago vacío.

Aquella venganza que anunciaban los Kuryakis en “Abarajame” –gran tema de un disco que no tiene desperdicio: Chaco–, significativamente convertido en un hit a mediados de los ´90, parece haber sido tomada al pie de la letra por algunos de los medios más poderosos del país. Si antes los niños y adolescentes eran representados en tanto objeto de protección social, desde un posicionamiento humanitario; hoy en día son representados en tanto objeto de represión social: son noticia solamente por ser criminales y se los debe tratar como tales. El discurso adoptado puede resumirse en dos palabras: vigilar y castigar.

A partir de una serie de casos tristemente célebres de asesinatos cometidos por menores que tenían por víctimas a personas y familias con capacidad de movilizar recursos, la idea del castigo y la baja en la edad de imputabilidad fue tomando mayor presencia en diarios y noticieros. Encerrar a los pibes es la solución y el nuevo reclamo de moda. Fue el discurso que adoptó el gobernador de la provincia: “Hay que bajar la edad de imputabilidad para delitos graves” (22/10/08).

Al calor de los acontecimientos, el constitucionalista Roberto Gargarella (UBA-UTDT) escribió un artículo en el que comparaba la actitud que el Ejecutivo había adoptado ante dos temas que fueron tapa de diarios durante semanas: los delitos cometidos por menores y el blanqueo de capitales. La conclusión no deja lugar a dudas: “para el poder público, los delitos llevados a cabo por los más débiles entre los más pobres deben ser objeto de las respuestas penales más extremas (privación de la libertad para los menores que cometan ofensas). Mientras tanto, para los crímenes cometidos por los sectores más aventajados se reserva el premio de la impunidad, celebrado -como esta vez- con el aplauso, la emoción y el júbilo de alguna olvidable sesión parlamentaria” (“El Estado tiene dos varas para penar delitos”, Clarín, 23/12/08).

Otros actores que intervinieron en la discusión sobre los pibes chorros y asesinos, quizás con una intención pretendidamente progresista, deslizaron tímidamente la concepción de los menores como objeto de control y disciplinamiento: hay que integrarlos por medio del trabajo…para prevenir la delincuencia.

Con estos naipes sobre el paño, fueron pocas y demasiado débiles las voces que se expresaron sobre los niños y adolescentes en tanto sujetos de derechos. La necesidad de pensar en los menores como personas en desarrollo se hace imperiosa. Un pibe sin escuela, sin techo, sin comida y sin familia es –antes que nada– una persona cuyos derechos han sido avasallados. Un crimen que se comete lentamente, década tras década, los priva de todo eso y mucho más. Y otro crimen, el encierro, es utilizado para reparar esa falta.

La responsabilidad del Ejecutivo está fuera de discusión. Pero también hay que cuestionar la mano del movilero cuando pone el micrófono ante un vecino que pide pena de muerte.

Policías y algo más

In biopolítica, cuestiones de estado, efemérides on Septiembre 17, 2008 at 9:43 pm

“Señor, ¿usted me podría informar qué medidas de seguridad adoptará el Gobierno para proteger a los testigos de los juicios, ahora que sus verdugos están libres..?” 

Lugar: la biblioteca municipal de Mar del Plata. Motivo: charla debate a cargo de este columnista. La pregunta: por parte de una mujer joven, clase media, no con tono irónico sino con la “ingenuidad” de quien supone estar requiriendo una información elemental que hasta ahora no fue brindada por las autoridades. Impacto: un auditorio desconcertado y un periodista -yo- advirtiendo que la barbarie política, moral y jurídica desatada por la obediencia debida tiene alcances que nuestra indignación, en estos momentos iniciales del impacto, no permite mensurar. La respuesta: un obvio “no sé”, acompañado por un no menos obvio “creo que ninguna”. 

Ernesto Sábato afirmó, al recordársele el informe de la CONADEP, que le parece, a veces, que “la tarea fue un poco estúpida, un poco fuera de la realidad”. Haciendo abstracción de por qué sólo le parece “a veces”, visto el nocaut de la realidad (quizás, una lícita manera de escaparle para no sentirse tan estúpido, como todos), “inutilidad” y “estupidez” no son ni las únicas ni las más trascendentes deducciones de la hora. 

Los argentinos que retornaron del averno; los que desenmascararon a sus victimarios en Tribunales; los que asistieron a la Justicia en la exhumación de cadáveres; los que batallaron en diarios y emisoras conquistando espacios para amplificar sus denuncias; los periodistas y organismos que colaboraron con ellos. Los que recibieron para su acción el tácito apoyo de un Gobierno que alzaba la bandera de la no impunidad, sienten mucho más que el haber sido engañados. Están desamparados, a merced de la venganza de quienes dispusieron de sus vidas. 

Si se preguntan qué protección se les otorga podrán contestarse con la tranquilidad de Tróccoli, que nos dio la confianza de estar viviendo en uno de los lugares más seguros del mundo horas antes de quince bombas a la vez. Claro que se refería a la delincuencia común, pero igual sirve: si la policía dispone de licencia para operar “a lo Budge” y el ministerio lo cocomita con un excelente nivel de seguridad, ¿a qué pueden aspirar los testigos del genocidio? 

Frente a la “policía del gatillo fácil” y el beneplácito con que se la juzga en varios sectores “porque a estos negros delincuentes hay que matarlos a todos”, el juez Zaffaroni recomienda a quien opina así cuidarse de no ser el próximo muerto. Como de cuidados se trata, justamente, conviene advertir que desde esta semana se incorporó uno nuevo: a los policías que ejecutan por costumbre hay que agregar los criminales que volvieron a estar sueltos. 

Que viene a ser tener que cuidarse de la misma cosa. 

- Eduardo Aliverti, Página/12, sábado 27 de Junio de 1987. Sí, 1987. 

[EDITO EL POST PARA AGREGAR UN BOLETÍN DE CORREPI QUE PONE EN EVIDENCIA LA NEGLICENCIA CON LA QUE "EL GOBIERNO DE LOS DERECHOS HUMANOS" INVESTIGÓ EL CASO. EL BOLETÍN ES DE CUANDO SE CUMPLIERON LOS PRIMEROS 6 MESES DE LA DESAPARICIÓN DE LÓPEZ.]

 

Aníbal el optimista


El ministro del interior es un optimista. A seis meses de la desaparición de Julio López, y cuando la única novedad es que no hay una sola noticia en la búsqueda del compañero y la identificación de sus captores, declaró a Radio Continental “Estoy convencido de que lo vamos a encontrar en algún momento”, aclarando que él es “optimista por naturaleza”

Tan optimista, que mandó al subsecretario de Derechos Humanos, Rodolfo Mattarolo, y al representante especial para Derechos Humanos de la Cancillería, embajador Horacio Méndez Carreras, a decir en una audiencia en Washington, ante la Comisión Interamericana de DDHH (CIDH), que para el gobierno argentino hay “progresos muy importantes y pistas firmes” sobre los responsables de la desaparición de López. 

En esas declaraciones del 7 de marzo, en cambio, Aníbal dijo que “por ahora no hay ninguna novedad”, aunque “todos los días insiste a las brigadas policiales en que profundicen la búsqueda”. Por si su policía le falla, admitió también que pidió refuerzos superiores: “Si Dios y la Virgen me ayudan, lo encontramos y se va a la casa”.

A mover el dum-dum

In General, biopolítica, cuestiones de estado, medios on Julio 29, 2008 at 4:08 pm

No tienen norte, no tienen salvación
hacé el trabajo y redimilos, por favor
Que se mejoren allá en la eternidad…
(partíles el buñuelo y quitá mi pena así)

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, “Sheriff”

El 4 de julio (fecha patria a full), el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos Aníbal Fernández firmó la resolución 1.770/08, que permite a ciertos cuerpos especiales de la Policía Federal la utilización de proyectiles expansivos, más conocidos como de “punta hueca”. Esa bala, de altísimo poder de daño y letalidad, ha sido condenada y prohibida por la Declaración de La Haya y la Convención de Ginebra.
Este proyectil debe su efecto letal a una característica no menor: cuando impacta con un cuerpo, libera toda su energía. Es decir, no atraviesa el cuerpo sino que comienza a abrirse dentro de él.
¿Se acuerdan de Jean-Charles Menezes? Sí, se tienen que acordar. Era el brasileño que fue asesinado en Londres al ser “confundido” con un terrorista. Bueno, resulta que su cara de “poco londinense” le costó muy cara (valga la redundancia): cayó asesinado por estas inocentes balas conocidas como “dum-dum”.
Imaginamos que los muchachos de la Federal deben estar ansiosos por estrenar el chiche nuevo. La pregunta es: ¿cuándo? Estemos atentos.

Anibal Fernández

Por lo pronto, sabemos que los trabajadores de FATE, Pirelli y Firestone se muestran como firmes candidatos…

Charly, atrapado sin salida.

In biopolítica, medios, música, videoteca on Junio 13, 2008 at 12:51 am

¿Qué se puede decir sobre Charly García que no se haya dicho a lo largo de esta semana? Sin duda, mucho. Pero nunca lo suficiente.
Su obra, desde los años (no tan) inocentes de Sui Géneris hasta su último disco (Kill Gil, que oficialmente aún no fue editado pero circula en la red desde hace meses), es tan rica en extensión como en calidad. Se puede decir sin vacilar que sus canciones han sido una fuente permanente de emociones para millones de personas que hablan esta lengua. Y sin embargo, dicen que está loco, que es un estúpido, que ya no es el que era.

¿Qué es el pasado en nuestra vida?
¿Por qué ese peso sigue aquí?*

Se olvidan, Charly, que vienen diciendo lo mismo desde hace décadas. Que también te expulsaron del servicio militar porque para ellos vos estabas loco. ¿No se les ocurre siquiera pensar que, tal vez, sea ésta una nueva forma de la genialidad? ¿Habrán escuchado tus últimos discos? No, ellos no, para ellos ya estás pasado de vuelta. No te entienden.

Un accidente no es pecado,
y no es pecado estar así.

Te quieren normalizar, Charly. Para que los empresarios puedan contratarte con la garantía de que van a cobrar cada uno de los pesos que inviertan, y muchos más. Para que vayas a los megafestivales auspiciados por cervezas, gaseosas y celulares; para que actúes en sus circos y te vayas sin chistar. Así no les servís, Charly, ése es el problema. Necesitan vaciarte y que seas como ellos quieren.

No sé qué droga te arenga más que yo,
pero esta lluvia no pasó…
Estoy llorando aquí por vos.

¿Quiénes somos nosotros para pedirte algo, Charly? A vos que tantas alegrías nos diste. Por mi parte, sólo te digo gracias. Infinitamente gracias por cada una de tus sublimes canciones, desde la primera de Sui hasta las que puedan llegar a venir. Y si se te antoja dejar la música y este pequeño e insignificante mundo, voy a ser el primero en lamentarlo. Pero, ¿sabés qué?, voy a tratar de descifrar, con o sin éxito, qué nueva genialidad estás preparando.

Pero aquí estoy en este lado,
por eso déjame salir,
yo solo quiero tu vivir.

* Cada uno de los versos intercalados pertenece a “Maradona blues”, canción inédita con la que Charly García le dedicó su amor al otro astro incomprendido.

La política y la guerra

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, máscaras on Marzo 28, 2008 at 12:33 pm
“Quiero decir algo -y esta sí permítanme porque es una
licencia del peronismo-: el peronismo nunca planteó la lucha de clases,
el peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos,
para qué, no.”

Cristina Fenández de Kirchner, 26 de marzo de 2008, Parque Norte.

“…si el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza, (…) ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra? (…) el poder es la guerra, la guerra continuada con otros medios; se invertiría así la afirmación de Clausewitz, diciendo que la política es la guerra continuada con otros medios.
Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable de la guerra. Y si es cierto que el poder político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros. La política como guerra continuada con otros medios sería en este primer sentido un dar la vuelta al aforismo de Clausewitz; es decir, la política seria la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra. Pero la inversión de esta frase quiere decir también otra cosa: en el interior de esta «paz civil», la lucha política, los enfrentamientos por el poder, con el poder, del poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza, las acentuaciones en un sentido, los refuerzos, etc., todo esto en un sistema político no debe ser interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. No se escribe sino la historia de esta guerra aun cuando se escribe la historia de la paz y de sus instituciones. La vuelta dada al aforismo de Clausewitz quiere decir en fin una tercera cosa, que la decisión final no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que, por fin, las armas serán los jueces. La última batalla seria el fin de la política, solo la última batalla suspendería, pues, indefinidamente el ejercicio del poder como guerra continua.”

– Michel Foucault, Microfísica del poder (Curso del 7 de enero de 1976)

La pregunta desafortunada

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, medios, revistas on Diciembre 27, 2007 at 4:36 pm

“Muchos militantes murieron por efecto de la ‘pastilla’. Sin embargo, ya en 1977, el personal de algunos campos sabía cómo neutralizar el efecto del cianuro y podía revivir a una persona ‘empastillada’. Obviamente pasaba del médico al torturador; sacar a alguien del envenenamiento ya había insumido un tiempo importante, por lo que la tortura se ‘debía’ aplicar de inmediato e intensivamente para obtener información”

Pilar Calveiro, “Política y violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años ’70″, Norma, Buenos Aires, 2006, p. 181.

Post dedicado a Sebastián Abad y Rodrigo Páez Canosa, de Ñ, que unos meses atrás se preguntaron: “¿Es útil la noción de biopolítica para intervenir en nuestra sociedad?
Nosotros preguntamos: ¿habrá una pregunta más desafortunada?