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Del lado del poder

In dispositivos religiosos, filosofía, revistas on Julio 15, 2008 at 12:27 am

¿Qué pasa cuando la razón está separada del poder?, ¿quién triunfa? La historia ha demostrado ampliamente que la verdad sin la fuerza, es pura impotencia. Una aproximación desde Nietzsche al conocido caso de Galileo Galilei.

And you never ask questions
When God’s on your side.

- Bob Dylan, “With God on Our Side”.

Hace muchísimo tiempo, un 22 de Junio de 1633, en el convento de Santa María (Roma), Galileo Galilei renunciaba a la visión heliocéntrica ante el tribunal de la Santa Inquisición. Cuenta la leyenda que tras escuchar la condena a prisión de por vida, el maestro florentino murmuró entre dientes unas pocas palabras: “eppur si muove” (que podría traducirse como “y sin embargo se mueve”). Fue uno de los momentos más soberbios en la historia de la humanidad.

Galileo consideraba que su postura era asistida por la razón. De hecho, no eran pocos los que sostenían la teoría elaborada por Copérnico en “Sobre las revoluciones de las esferas celestes”. Con esa frase (si la dijo o no, no importa: de eso se tratan las leyendas), Galileo le estaba diciendo a la Iglesia que no cambiaba nada el hecho de que lo condenaran y lo hicieran abjurar, porque ese fallo no podía evitar que la tierra gire alrededor del sol, al igual que el resto de los planetas que componen el sistema solar. Galileo decía la verdad, pero no tenía el poder para hacerla triunfar.

Es válido suponer, entonces, que si algún miembro del tribunal inquisitorio hubiese escuchado esa pequeña e insolente frase, podría haberle respondido de la siguiente manera: “y sin embargo, por más que la tierra gire alrededor del sol, podemos condenarte a la hoguera porque tenemos el poder para hacerlo”. Razón no le hubiera faltado. También habría estado asistido por una verdad irrefutable: durante siglos, la Iglesia dispuso del poder de condenar a muerte a quien, según su propio juicio, considerara merecedor de tal castigo.

Galileo creía estar burlándose de sus verdugos, porque consideraba que la verdad tenía la capacidad de triunfar por sí sola. Se equivocaba. Porque la verdad necesita del poder. Friedrich W. Nietzsche lo entendió y lo postuló mejor que nadie en “Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales” (1881). En esta obra, el filósofo alemán sostiene que “en sí misma, la verdad no es una potencia, pese a lo que digan los retóricos del racionalismo. Por el contrario, necesita que la fuerza se ponga de su parte o ponerse ella de parte de la fuerza, ya que de lo contrario perecerá siempre. Esto ha quedado demostrado hasta la saciedad”. De hecho, la Iglesia ha demostrado ampliamente cómo el poder puede ser más determinante que la razón.

Por lo tanto, cuando alguien asegura que Dios (o la razón) está de su lado, no está haciendo otra cosa más que buscar, a través del discurso, un poder que le de sustento a su acción; que la justifique. Durante el Renacimiento ese poder lo confería Dios, por supuesto, por medio de la Iglesia; y faltaban varios siglos para que la razón (tras adoptar el disfraz de ese viejo Dios un tanto moribundo) lo sustituyera. En ese entonces, sólo la Iglesia poseía la facultad de establecer “la verdad”.

Este principio también se expresa en la sabiduría popular de la siguiente manera: la historia la escriben los que ganan. Esto se debe a que los vencedores son quienes acceden al derecho de justificar su fuerza. De nada sirve asumir una postura moral ante esta situación. Justamente porque la moral, desde la perspectiva de Nietzsche, se caracteriza por transformar un “no puedo” en un “no quiero”; dicho de otro modo, en interiorizar una imposibilidad material. Toda postura moral se jacta de actuar bajo el influjo de una razón superior (una teoría ética) separada de la fuerza.

Por último, sí, es cierto que la teoría heliocéntrica ya había comenzado a ser difundida en el continente europeo y, por lo tanto, ya había empezado a cambiar la concepción del universo al desplazar su centro. Pero “la verdad” de Galileo Galilei tardaría más de un siglo en triunfar definitivamente. Claro, fue cuando el papa Benedicto XIV autorizó la impresión de las obras completas del astrónomo y las quitó del listado de libros prohibidos. Es decir, cuando la fuerza se puso del lado de la verdad. De esta manera, la obra de Galileo pasó a ser honrada por la institución que antes la condenara por impía. Tal vez algún día le llegue el turno a Charles Darwin. Sólo basta que el poder se ponga de su lado para triunfar definitivamente.

Deicidio y hedonismo

In dispositivos religiosos, filosofía, revistas on Junio 21, 2008 at 11:00 pm

Porque la historia oficial de la filosofía esconde sus propias fisuras. Porque no hay ningún más allá en donde se recompensarán las penurias terrenales. Porque las morales han sido funcionales al poder. Por eso y mucho más, Michel Onfray propone una filosofía basada en el ateísmo y la búsqueda del placer.

Michel Onfray nació el primer día del año 1959 en Argentan, un pueblo normando de Francia. Hijo de un obrero agrícola y una mucama, conoció la pobreza y fue abandonado a los 10 años en un orfanato. Poco después, dejó de creer en eso que los hombres llaman “Dios”. Descubrió la filosofía a los 17 y, según sus propias palabras, le cambió la vida. Obtuvo un doctorado y dio clases en el Lycée de Caen entre 1983 y 2002, año en que renunció para crear la Universidad Popular de Caen (de entrada libre y gratuita, sin inscripción). Desde entonces, se dedica a enseñar una historia alternativa de la filosofía, poniendo énfasis en la versión de los autores olvidados y vencidos.

Esta particular perspectiva está reflejada en sus más de treinta libros, muchos de ellos traducidos al castellano. En 2005 publica “Tratado de ateología (Física de la metafísica)”, editado en la Argentina por Ediciones De La Flor, para señalar que la negación de Dios no es suficiente si no se avanza en la construcción de una ética postcristiana. Por ello, Onfray cree necesarias tres tareas: deconstruir los monoteísmos, desmitificar el cristianismo, y desmontar la teocracia. Sólo así será posible que “el cuerpo deje de ser un castigo y la tierra, un valle de lágrimas; la vida, una catástrofe; el placer, un pecado; las mujeres, una maldición; la inteligencia, una presunción y la voluptuosidad, una condena”.

Tratado de ateolog�a

La característica principal de las tres grandes religiones va más allá del poder que ejercen sobre sus creyentes: han impregnado en los sectores laicos. Kant, por ejemplo, en “La crítica de la razón pura” parece estar minando las bases de la metafísica occidental, pero termina reafirmando los valores que sostienen a los tres grandes monoteísmos: Dios, la inmortalidad del alma y la existencia del libre albedrío. Representa mejor que cualquier otro intelectual a ese extraño engendro que es el “ateísmo cristiano”. Onfray tiene muy en claro que no alcanza con plantear el conflicto al interior de las catedrales, sino que es imprescindible plantearlo también en las “capillas del librepensamiento”.

En cuanto a la cuestión divina, es importante aclarar algo: Onfray no refuta la existencia de Dios, sino que lo niega como valor positivo. Al contrario de lo que sentenció Nietzsche, Dios aún vive; y los hombres siguen construyendo sobre lo que su existencia presupone. Vive por la sencilla razón de que las ficciones no mueren: “un cuento para niños no se puede refutar”. Dios es el arma principal que los dispositivos religiosos utilizan para explotar esa tendencia en los hombres a construir subterfugios contra el desierto de lo real. Por eso, el verdadero ateísmo (un ateísmo posmoderno) debe anular la referencia teológica y construir una moral basada en valores que celebren el cuerpo más que el alma. Dice Onfray: “ni Dios, ni Ciencia, ni Cielo inteligible, ni el recurso a propuestas matemáticas, ni Tomás de Aquino, ni Auguste Comte o Marx; sino la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, el Hedonismo individual y social, entre otras propuestas a desarrollar dentro del campo de la inmanencia pura, en favor de los hombres, para ellos y por ellos, y no para Dios o por Dios”.

Tratado de ateología es una obra explosiva, y de hecho ha generado enérgicas respuestas, incluidos dos libros y decenas de artículos. Cabe preguntarse si lo que “molesta” de Onfray es su ateísmo, o su hedonismo. De cualquier manera, la negación de Dios y la celebración de los placeres parecen estar sumamente interrelacionados y ponen en jaque a un mismo sistema de valores. El miedo y la angustia han engendrado dioses, por eso Onfray no critica ni culpa a los hombres por valerse de placebos metafísicos. Él se lo toma como una cuestión personal: “cada uno puede preferir el opio de la ilusión a la realidad. Yo le reprocho a la ilusión enemistarnos con la única certeza que tenemos: la vida es aquí, aquí y ahora”.

Christus-Fiscus

In dispositivos religiosos, frases, poesía on Marzo 20, 2008 at 4:16 pm

“Cristo es un engendro fraguado en Roma, centro del imperio y del mundo helenizado, a partir del año 100, juntando rasgos de los mitos de Atis de Frigia, Dioniso de Grecia, Buda de Nepal, Krishna de la India, Osiris y su hijo Horus de Egipto, Zoroastro y MItras de Persia y toda una serie de dioses y redentores del género humano que lo precedieron en siglos y aún en milenios (…) Cristo nació el 25 de diciembre de una Virgen y en la misma fecha, que es el solsticio de invierno, nacieron Atis, de la Virgen Nana; Buda, de la Virgen Maya; Krishna, de la Virgen Devaki; Horus, de la Virgen Isis, en un pesebre y en una cueva. también Mitras nació el 25 de diciembre de una virgen, en una cueva, y lo visitaron pastores que le trajeron regalos. Y de una virgen también nació Zoroastro o Zaratustra.

Atis murió por la salvación de la humanidad crucificado en un árbol, descendió al submundo y resucitó después de tres días. Mitras tuvo doce discípulos, pronunció un Sermón de la Montaña, fue llamado el Buen Pastor, lo consideraron la Verdad y la Luz, el Logos, el Redentor, el Salvador y el Mesías; se sacrificó por la paz del mundo, fue enterrado y resucitó a los tres días; su día sagrado era el domingo (…)”

– Fernando Vallejo, “La puta de Babilonia”.