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20-J

In efemérides, los griegos, máscaras on Julio 20, 2009 at 12:58 am

Ah, qué placer.

Uno quisiera deshacerse de todos esos dispositivos del no-lugar que paradójicamente propician una buena parte de los encuentros (reales y virtuales). Perder el número de línea, la dirección de mail, la estúpida contraseña, la cuenta en Facebook por la cual uno le entrega toda esa información a Facebook y sus socios (¿la CIA?). Perder también el domicilio e incluso el rostro mismo. Producir un antiidentikit del yo. Hacer como hacían los dioses griegos que, disfrazados, se inmiscuían en los asuntos de los mortales para divertirse un rato.

Uno quisiera perderse totalmente para volver a encontrar a los mismos amigos y re-conocer el encanto de compartir tantos buenos momentos con la gente que uno tanto quiere. Qué panzada la de poder decir, en plena juventud, que a pesar de todo uno eligiría la vida tal cual como se ha dado.

Para leerte mejor

In economía, filosofía, marx, máscaras, revistas on Diciembre 20, 2008 at 8:26 pm

Leer no es meramente una actividad de decodificación. El lector interpreta y se apropia de cada texto. Así, la filosofía se instituye como ámbito de apropiación y modificación de los distintos sistemas de pensamiento.

La columna Vendôme es un monumento parisino que conmemora la batalla de Austerlitz, en la que Napoleón Bonaparte venció a los ejércitos del Imperio Austríaco y del Imperio Ruso. Tras vencer, los franceses mandaron a fundir las armas del enemigo para –con ese metal– construir el monumento. Una obra maestra y un ejemplo claro de cómo nutrirse a partir de los otros.

Si se traslada la cuestión a la filosofía, vale la pena preguntarse: ¿qué tanto de Sócrates hay en Platón? Esa sería más o menos la pregunta que inspira estas líneas. Todo filósofo es, antes que nada, la suma de todos los filósofos que ha leído. Y no solamente los que lo han inspirado, sino también –y en algunos casos con mucha más fuerza– los que más lo han irritado. Es decir, aquellos pensadores que los lanzaron a elaborar una filosofía radicalmente distinta. Paul Valéry decía que “nada hay más original, nada más intrínseco a sí que alimentarse de los otros. Es necesario, sin embargo, digerirlos. El león está hecho de carnero asimilado” (Cahiers II, 1974).

Muy particular es el caso de Martin Heidegger, quien detectó que desde Platón hasta su época, Occidente había olvidado nada más y nada menos que “la pregunta por el ser”. Durante más de veinte siglos, la metafísica había abordado solamente la mitad del asunto. Entonces, la tarea a realizar era volver a los clásicos de la filosofía y rastrear en sus obras los olvidos, para sacar a Occidente de su inevitable marcha hacia el nihilismo.

¿Y Marx? Althusser lo define, en Para leer El Capital, como “un lector que lee ante nosotros en voz alta”. Marx se apropia diferencialmente de sus lecturas, se nutre no meramente para re-producir sino para producir algo nuevo. Confirma Althusser: “lee a Quesnay, a Smith, a Ricardo, etc (…) para apoyarse en lo han dicho de exacto y para criticar lo que han dicho de falso; para situarse, en suma, en relación a los maestros reconocidos de la economía política”.

Que hoy en día El Capital vuelva a ser leído es indicio de algo, sobre todo ante un nuevo contexto de crisis. La pregunta es: ¿quiénes son esos lectores?, ¿son quienes combaten al capitalismo o los cínicos que mueven sus hilos y se enriquecen con él? Hay razones para pensar que se equivocan los eufóricos (los mismos que anuncian “el fin del capitalismo”) al festejar el hecho de que la obra máxima de Marx vuelva a ser leída.

Noam Chomsky alguna vez se preguntó qué hacía Marx estudiando en el Museo Británico, “el símbolo del imperialismo más despiadado del mundo, el lugar donde se reunieron todos los tesoros que un imperio había recogido a través de la expoliación de las Colonias” (La naturaleza humana: justicia vs. poder, 1971). La respuesta que el lingüista norteamericano encuentra es elocuente: Marx “tenía razón al utilizar los recursos y, de hecho, los valores liberales de la civilización que intentaba derrocar, en contra de ésta”.

El propio Chomsky analiza su situación en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), institución productora de armas de guerra y conocida como una de las grandes contratistas de las guerras en las que “participa” Estados Unidos. De modo irónico, sostiene: “creo que incluye dos cuestiones: una es cómo hace el MIT para tolerarme, y la otra reside en cómo hago para tolerar al MIT”. Advierte que no es un tema sencillo y que “no todo es simplemente bueno o malo”. En realidad, Chomsky equipara su situación con la de Marx en el Museo Británico. Son dos intelectuales nutriéndose en una institución opresiva, pero con el objetivo de contribuir de alguna manera a su derrocamiento.

Alimentarse de los otros es una actividad que todos los pensadores llevan a cabo, pero que encierra complejos mecanismos de apropiación. Napoleón y las armas austro-rusas, Heidegger y el olvido del ser, Marx y los padres del liberalismo económico, Marx y Chomsky y las instituciones imperiales. Cada uno a su manera y enfrentando situaciones distintas. Lo importante es tomar conciencia de que lo que cada uno es se debe en gran parte a lo que ha leído. Y que trabajar en una institución relacionada de algún modo con un poder opresivo, no los convierte en seres necesariamente funcionales a ese poder. De hecho, esa tensa convivencia puede ser peligrosa para éste.

Hay que alimentarse de los otros, pero (recordando las palabras de Valéry) a condición de después digerirlos.

Un año

In efemérides, el blog, máscaras on Diciembre 8, 2008 at 11:23 pm
“Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano.
Y es solitario”
- Clarice Lispector
(citada por el Indio Solari en “Porco Rex”)

Hace un año, cuando arrancaba esta aventura por la blogosfera, me preguntaba “¿por qué un blog?”. Hoy puedo decir que, a pesar de los apocalípticos que solamente ven ombliguismo y frivolidad en el blog, la red de redes permite una buena cantidad de prácticas alternativas que difícilmente encuentran lugar en otros espacios. Lo que aquí nos interesa es resaltar la función que para este humilde blogger ha cumplido el blog.

Se suele decir que el hombre es un animal con la capacidad de disfrazarse. En lo personal, no creo que el hombre se disfrace, sino que el hombre es un disfraz. Por lo tanto, el primer acto es reconocer que uno está disfrazado y es lo que su traje representa. Mi disfraz es este, laputaquelopario, un nombre con pretensiones insolentes, puerta de entrada a un espacio donde predominan el rojo y el negro.

La estética es importante, pero soy de los que creen que lo más importante es el contenido. Además, me interesa que los textos publicados aquí sean leídos por los fieles al formato periodístico clásico. ¿Por qué? Porque no me interesa atraer lectores con espejitos de colores. Si alguien lee esto, es porque sencillamente le gusta leer. Creo que los medios gráficos subestiman al lector al incluir tantos gráficos e infogramas. Deposito en los lectores el juicio sobre si los textos del blog merecen ser leídos.

Una de las consecuencias de todo esto es que he decidido cambiar la estética. A partir de hoy, el blog va a utilizar esta plantilla (título, tres columnas de texto, fondo blanco, letra negra y sin imagen en la cabecera). Es un nuevo disfraz, más ameno y menos pretencioso, pero manteniendo las temáticas que hemos tratado en estos 12 meses.

Si el blog es leído o no, es relativo. Lo mismo con las firmas. Algunos han firmado pensando que dejando un mensaje acá, el mismo será leído en TN o C5N. Hay mucha gente que no está del todo familiarizada con este tipo de tecnologías. Pero, volviendo al tema de las lecturas y las firmas, decía que es relativo. Las cifras que ofrece WordPress no serán tomadas como indicios de actividad, por el simple hecho de que me baso en cuestiones cualitativas y no cuantitativas.

El blog seguirá funcionando mientras tenga tiempo, energías, ganas, y mientras me siga interesando leer blogs e intercambiar textos. Es decir, siempre y cuando el blog siga siendo una aventura y no una carga, seguirá de pie. Estimados visitantes, siéntanse como en su casa.

 

 

[Si se fijan, abajo del título principal hay cuatro links. En el que dice "Estética" pueden ver la primer versión de laputaquelopario. Allí almacenaré las distintas máscaras que vaya adoptando el sitio]

La política y la guerra

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, máscaras on Marzo 28, 2008 at 12:33 pm
“Quiero decir algo -y esta sí permítanme porque es una
licencia del peronismo-: el peronismo nunca planteó la lucha de clases,
el peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos,
para qué, no.”

Cristina Fenández de Kirchner, 26 de marzo de 2008, Parque Norte.

“…si el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza, (…) ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra? (…) el poder es la guerra, la guerra continuada con otros medios; se invertiría así la afirmación de Clausewitz, diciendo que la política es la guerra continuada con otros medios.
Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable de la guerra. Y si es cierto que el poder político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros. La política como guerra continuada con otros medios sería en este primer sentido un dar la vuelta al aforismo de Clausewitz; es decir, la política seria la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra. Pero la inversión de esta frase quiere decir también otra cosa: en el interior de esta «paz civil», la lucha política, los enfrentamientos por el poder, con el poder, del poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza, las acentuaciones en un sentido, los refuerzos, etc., todo esto en un sistema político no debe ser interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. No se escribe sino la historia de esta guerra aun cuando se escribe la historia de la paz y de sus instituciones. La vuelta dada al aforismo de Clausewitz quiere decir en fin una tercera cosa, que la decisión final no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que, por fin, las armas serán los jueces. La última batalla seria el fin de la política, solo la última batalla suspendería, pues, indefinidamente el ejercicio del poder como guerra continua.”

– Michel Foucault, Microfísica del poder (Curso del 7 de enero de 1976)