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Micky Vainilla y la voz en off

In biopolítica, documentos de cultura, eufemismos, medios, microfascismos, videoteca on Octubre 21, 2009 at 12:06 am

Por Matías Muraca

Diego Capusotto y Pedro Saborido irrumpen, desacomodan y movilizan varias cosas todos los lunes a la noche en la televisión pública. Sus personajes gritan cosas para que se escuchen, ponen en evidencia no una, sino múltiples Argentinas, refieren a nuestros presentes e interpelan el pasado reciente.

Uno de los sketchs más interesantes para pensar nuestra sociedad es “Micky Vainilla”. Micky es la encarnación de un cantante pop que es nazi. No sólo tiene el típico bigotito de Hitler y se peina con el flequillo cayendo laciamente hacia la derecha, sino que todos sus temas poseen contenidos racistas y xenófobos. Vainilla es un cantante pop que sólo quiere “ver a los chicos bailar y divertirse”, sin conflictos, sin política. Aparece, sin embargo, otro personaje casi contrabandeado que, desde detrás de las cámaras, interpela metódicamente a Vainilla, se trata del entrevistador indignado que denuncia: la voz en off. Este segundo personaje cuestiona democrática y progresistamente la autenticidad fascista de Micky, denuncia punto por punto los aspectos más agresivos del cantante pop. El entrevistador es una prudente voz moral escandalizada frente al cantante nazi. Ante el cuestionamiento del peinado, del bigotito y de los actos con esvásticas, nuestro músico responde banalmente, volviéndose él mismo banal. Vainilla es inverosímil, increíble, sus respuestas bobas muestran al nazi que sólo niega, acorralado, las acusaciones morales del entrevistador. Este momento, podríamos decir, de nazismo epidérmico es eficazmente condenado por la voz.

Sin embargo, la necesidad de realizar una crítica de la voz se presenta no con el nazismo evidente, sino cuando ella se topa con el fascismo argumentado del músico pop. Vainilla, con su justificación liberal, de derecha y reaccionaria, al mejor estilo “roban pero hacen” se enerva ante las críticas bienpensantes de la voz y arremete con una contraargumentación: “¿Vos sabes lo que estamos haciendo con lo recaudado?”, increpa gravemente. El entrevistado se convierte en interrogador y ataca a la voz que, incapaz de resistir, claudica, consiente y dice: “Ah… no, no sabía”. Ya no importa que lo que se hace con lo recaudado es un basural para que los niños pobres revuelvan en vacaciones de invierno, ni un viaje al otro lado de la frontera para que visiten a sus parientes y no vuelvan o un muro simplemente para que “no los veamos”. El fascismo argumentado denuncia la pobreza de la voz. La contraargumentación incontestada presenta así el consentimiento progre de una voz que hasta unos momentos sentíamos como propia. Es justamente en ese punto cuando el sketch se sale de la ficción y mete los pies, de lleno, en el barro de nuestra sociedad posmenemista.

En ese momento nos convertimos en partícipes de la ficción o, al revés, la ficción se convierte en realidad. Lo que Vainilla había anunciado en sus primeras presentaciones “mi música le gusta a la gente de Buenos Aires”, se confirma cuando interviene la voz con su cuestionamiento moral para enseguida quedarse sin palabras. Cuando la voz, ya la gente, delata sus propios límites, consiente y hace propios (al callar) los argumentos de Micky. Es ahí cuando Micky se convierte en uno de los espejos posibles de nuestra sociedad. Un espejo que nos grita, grotescamente, algo que no es muy bonito. Nos dice que a la gente y a la familia de Buenos Aires nos gustan sus canciones (xenófobas, fascistas) y básicamente él, que es nazi. Pero nos dice además, malamente, que esta sociedad, o parte de ella, suficientemente culta para identificar al nazi y rechazarlo, es también lo suficientemente pobre, tonta, como una vaca que se ve venir al matadero, cuando ese nazismo nos da una argumentación, un “roban pero hacen”. Ahí, la voz (y la sociedad) parecieran claudicar y consentir. En ese silencio de la voz (ya nuestro) todos los temas de los videos de Vainilla se convierten en temas de la voz, de la gente.

Fuente: Página/12.

Casi insensibles

In beautiful losers, documentos de cultura, frases, medios, revistas on Septiembre 28, 2009 at 12:59 am

“(…) no pensar primero si conviene o no conviene decir algo, sino buscar una convicción de verdad. Todo aquello que no decimos porque no conviene es acumulado por ese enemigo que no deja de triunfar, para citar a Walter Benjamin. En parte, me alegra que hace treinta años hayamos dicho cosas que siguen siendo sumamente actuales. Pero, a la vez, esto quiere decir que aún hoy no hemos salido de una matriz que nos mantiene semiciegos, semimudos, casi insensibles.”

- Héctor Schmucler

Fuente.

La cuestión que realmente importa

In cuestiones de estado, iniciativas, medios, revistas on Septiembre 16, 2009 at 10:41 pm

[Reflexiones en torno al debate o no de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.]

Un fantasma recorre Latinoamérica: el fantasma del chavismo. Su espectro es invocado por la mayoría de los representantes más mediáticos de la oposición cada vez que el actual gobierno toma alguna decisión “antipática”. El objetivo: demonizar una medida sin argumentar, impedir todo debate. No es la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, es la “ley K”, “ley de control de medios” o la “ley mordaza”. Que la Ley de Radiodifusión (Ley 22.285) lleve la firma de Videla, en cambio, no los inquieta. ¿Cómo es que esa sombra en la noche de la historia argentina reciente no los llama al pudor antes de defender la ley vigente?

Más allá de lo dicho, hay que evitar caer en la trampa de las polarizaciones. A diferencia de lo que sostiene el oficialismo, el hecho de que la Ley de Radiodifusión sea de la dictadura no puede ser un argumento suficiente. Sobre todo porque la democracia ha dado muestras de que la situación mediática puede ser empeorada. Y no por eso hay que concluir que la democracia es mala, ¿verdad? La ley vigente nació mala –porque, entre otras cosas, está basada en una concepción mercantilista: sólo pueden acceder a licencias los privados que puedan demostrar respaldo patrimonial– y fue modificada por los distintos gobiernos democráticos para favorecer la concentración de medios. De hecho, Néstor Kirchner firmó el decreto 527/05 en mayo del 2005, por el que se prorrogó por 10 años la explotación de todas las licencias de radio y TV. En lugar de mezclar y dar de nuevo, el por entonces presidente prefirió darle unas fichas más a quienes tenían –y siguen teniendo– los ases.

Lo cierto es que las vueltas de la vida política nacional hacen que hoy mismo ese (ex) presidente y su esposa decidan darle impulso al reclamo por una nueva ley de medios. Reclamo que no podría ser más legítimo y que, por pobreza de lecturas en algunos casos y mala intención deliberada en otros, es reducido a fórmulas falaces a izquierdas y derechas. No se puede recortar una bandera de lucha histórica de la sociedad civil a la proposición tramposa de “venganza K”. Organizaciones sociales, sindicales, universitarias, de derechos humanos, de radiodifusión comunitaria; todas ellas agrupadas en la Coalición por una Radiodifusión Democrática, elaboraron un documento en el que se señalan los famosos “21 puntos” que forman el núcleo del proyecto de ley. Y otras tantas organizaciones han tenido la chance de aportar y discutir modificaciones.

Se equivocan los escépticos en sus predicciones cuando sostienen que nada cambiará, o cambiará para beneficiar a un grupo de empresarios en detrimento de otro. Porque puede que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no produzca una transformación radical ni mucho menos el desplazamiento de las placas tectónicas, pero sí cambiará los límites de lo que puede decirse en público. No sería poca cosa que se introduzcan en el discurso público temas de los que no se habla. Se equivocan, sobre todo, porque no ven que la verdadera batalla empezaría después de la aprobación de la ley. Sólo entonces la aprobación de la misma tendría importancia efectiva.

La vida política está siempre ante los límites de su propia realidad. Por eso, cuando los distintos sectores de la oposición responsabilizan al Gobierno por la falta de diálogo, no sólo se sacan la mochila de encima, sino que –paradójicamente– le atribuyen una capacidad transformadora que éste no posee. Porque a las torpezas del gobierno de Cristina Fernández habría que sumarle la predisposición a erosionar cualquier debate por parte de los actores políticos de oposición.

Alcanza con hacer una repasada rápida y más o menos al azar por los diarios para rastrear los posicionamientos de cuando, en marzo de este año, Fernández lanzó el borrador del anteproyecto. Macri, como el pez, por la boca muere: “No le creo al Gobierno cuando convoca a debatir. Y en medio de una campaña electoral no me parece el momento para debatir algo tan importante” (Clarín, 21/03/09). Para el PO, por su parte, el problema es cualitativamente distinto pero la resolución es la misma: “debemos entender que se trata del Estado burgués, que por todos los medios se esfuerza por someter ideológica y políticamente a los trabajadores” (Prensa Obrera, 26/3/09). El Estado terrorista y genocida también era un Estado burgués, pero sería por lo menos irresponsable no reparar en que la democracia ofrece un campo de acción tácticamente mucho más favorable. Y que la Ley en cuestión brinda más armas para dar la pelea.

Hacia el final de Homenaje a Cataluña, y en referencia a otros asuntos, George Orwell reflexiona: “En tales condiciones resulta imposible conversar; falta la más mínima base de acuerdo necesaria. (…) Como si en un campeonato de ajedrez, uno de los competidores comenzara de pronto a gritar que su contrincante es culpable de un incendio o de bigamia. La cuestión que realmente importa no se aborda nunca”.

Para consolidar una experiencia de lucha que lleva años, sería oportuno aprovechar el momento histórico y discutir la ley de medios. Lo cual no implica perder de vista que, del otro lado del tablero, no está solamente el Gobierno sino también la oposición. Y, como siempre, mueven las blancas.

La brújula de Campanella

In cine, cuestiones de estado, medios, revistas on Agosto 24, 2009 at 4:46 pm

Sobre “El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella.

El cine y la democracia política tienen una historia de encuentros y desencuentros que cubre todo el siglo XX y se prolonga hasta nuestros días. La cinematografía, como todos los medios masivos, se constituyó como un escenario privilegiado para que las sociedades contemporáneas desarrollaran una parte esencial de su cultura política.

Gustavo Aprea,“Cine y políticas en Argentina. Continuidades y discontinuidades en 25 años de democracia” (UNGS-Biblioteca Nacional).

Antes que nada, antes que cualquier cosa, hay que decir que la película está bárbara. Es entretenida, atrapante y tiene escenas que no podrían estar mejor logradas. Por momentos es para carcajadas y por momentos es sórdida; incluso tal vez haga salir alguna lágrima. Las actuaciones están muy bien. Es muy buena la de Ricardo Darín, pero sobre todo la de Soledad Villamil. Guillermo Francella sorprende con un personaje hecho a su medida y Pablo Rago la rompe. Los críticos del pochoclo harían bien en ponerle cuatro o cinco estrellas. Nosotros podemos tomarnos el atrevimiento de mirar con un poco más de detenimiento.

Benjamín Espósito (Darín) trabaja en un Juzgado Penal de Tribunales y está inconfesablemente enamorado de la nueva secretaria de su jefe: Irene Menéndez Hastings (Villamil), una joven abogada con un admirable CV pero sobre todas las cosas, con un apellido que le augura –y asegura– una exitosa carrera dentro de la Justicia argentina. Un día como cualquier otro del año 1974, Espósito tiene que investigar un caso de violación seguida de muerte. Al ver las fotos de la víctima y al conversar con el marido de la víctima (Ricardo Morales, interpretado por Rago), Espósito se siente interpelado personalmente y se jura a sí mismo encontrar al asesino. Lo encuentra y logran que confiese, pero luego de un año el tipo está suelto. Crimen sin castigo.

El personaje de Pablo Rago despierta la empatía de Benjamín Espósito primero y la de los espectadores después. Pero con algunos giros gratamente inesperados en la trama, los límites entre víctimas y victimarios se irán haciendo cada vez más borrosos. La empatía es la aguja de una brújula cuyo polo es una víctima circunstancial, y en El secreto de sus ojos el espectador deambulará en orientaciones completamente diferentes.

Veinticinco años después, Espósito ya se encuentra retirado y se dispone a escribir una novela sobre un hecho que lo obligará a hacer una visita a su antiguo despacho: el asesinato de la esposa de Morales. En Tribunales se reencuentra con Menéndez Hastings, que ahora es Fiscal, y con las dificultades que implica reabrir episodios tan traumáticos. Ella le dice: “mi vida entera fue mirar para adelante, ‘atrás’ no es mi jurisdicción. Me declaro incompetente”. ¿Qué pasó con ella en esos veinticinco años? Mucho más no se sabe, pero se pueden hacer conjeturas. Ella, que era conciente de que por su apellido fue intocable en los años en que el Brujo pisaba fuerte, ahora estaba ocupando el lugar de su jefe.

Espósito siente que su vida se detuvo junto a la de Morales. Va a visitarlo por una pregunta que lo obsesiona: ¿qué habrá pasado con el asesino Isidoro Gómez? La charla despierta nuevos interrogantes y, guiado por su instinto, Espósito hará un descubrimiento tremendamente macabro. La brújula señalará un nuevo polo.

“Los ojos…hablan”, piensa en voz alta Espósito. Pero, ¿cuáles? ¿Los suyos, que no son otros que los particulares ojos de Darín? ¿Los de ese chico perturbado que en todas las fotos aparece obsesionado con la belleza de la chica que luego sería su víctima? ¿Los de Ricardo Morales, que no descansa hasta encontrar al tipo que le cagó la vida para siempre? ¿Los ojos gigantes de Villamil que no quiere mirar atrás?

Nadie puede pretender que todas las historias cierren como círculos perfectos. Porque eso no sería cine y porque, de hecho, tampoco es así la vida. Pero sí es interesante observar qué círculos elije cerrar Campanella y qué círculos no. Porque cuando se abren las venas de un pasado tan pesado como el de la Argentina, es imposible contener la sangre. La inclinación hacia el mundo de los afectos es una clara marca de identidad del cine de Campanella y El secreto de sus ojos no está exceptuada. Quedarán, no obstante, algunos interrogantes que dicen mucho sobre un pasado que –según parece– todavía nos cuesta mucho mirar en la pantalla grande.

Porco Rex, posmodernidad, pornodernismo

In documentos de cultura, medios, música, revistas on Agosto 4, 2009 at 1:01 am

[Lecturas tardías del último disco del Indio Solari. Una obra que intenta dar respuesta a la pregunta de cómo habitar el mundo en la era de la posmodernidad sin caer en el desencanto.]

Cada disco, cada tema del Indio Solari es apreciado como objeto de interpretación por unos oyentes siempre seguros de encontrar algo significativo en sus letras y guiños. El juego de las lecturas de Porco Rex (2007) se ve enriquecido por el constante devenir de la actualidad. ¿Qué quiere decir, hoy, Porco Rex?

Una opción es pensar en la gripe porcina que se ha entronizado y ha convertido a todo habitante del suelo argentino en su súbdito. Sin la necesidad de decretar el estado de sitio, ha logrado impedir parcialmente que las personas se junten entre sí o que concurran a lugares públicos en forma masiva. Y lo que es más, ha recomendado evitar los besos e incluso la ronda de mate. Otra interpretación posible, no tan descabellada, es pensar que Porco Rex hace referencia a ese pseudo emperador romano que lleva a cabo una cochina y pornográfica ostentación del poder en Mussolini-landia. Mansiones paradisíacas y prostitutas VIP son los caprichos de este Zar. Esta interpretación se ve apoyada por la asombrosa casualidad de que el personaje Porco Rex es mencionado por primera vez en un tema titulado, llamativamente, “Alien Duce” (del disco Último bondi a Finisterre).

No obstante, lo cierto es que Solari da su propia versión de lo que significa el título de su último disco: “es la mirada chancha. (…) El amor hoy está ridiculizado. Hay una fascinación pornográfica en la vida y eso es Porco Rex” (Puedo vivir como un francotirador, Revista 23, 29/11/07). Y agrega que “el amor, la pasión y los ideales son la sal de la vida. La parodia que la posmodernidad hace del pasado es descriptiva y no promete nada. Necesitamos tirar hacia adelante una mirada, tener un gran sueño y no perderlo de vista, y los ideales dan eso”.

Si bien Solari niega ser un nostálgico, reconoce cierta incomodidad en el mundo posmoderno. Incomodidad que está íntimamente relacionada con esa carencia de “un gran sueño”. En 1970, mucho antes de que cayera el muro de Berlín, Lennon grabó el bellísimo tema “God” donde -entre otras cosas- dice: “The dream is over / What can I say? / The dream is over”. Más que despedirse de los Beatles, Lennon parece querer despegarse de todo lo que la banda insinuó: la promesa de una revolución pacífica, cultural, ambiental e internacional. Tal vez en respuesta ante un paisaje que tiende a tornarse desolador, Solari grabó con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota una canción que hasta el día de hoy no ha sido editada oficialmente: “Pura suerte” (se la puede hallar en el demo grabado por la banda con RCA a principios de los ‘80). Allí, el Indio canta: “Que un sueño acabó, ya te dijeron… / pero no que todos los sueñitos, no. (…) Yo no puedo librarme / a lo que te debo como ilusión”.

Es decir, si en la posmodernidad se produce el pasaje de los grandes relatos (“sueños”) a los pequeños relatos (“sueñitos”), Solari propone aferrarse a algunos de los valores de la cultura rock en los que se formaron él y muchas personas de su generación. En ese pasaje, los ideales y el amor, considerados “la sal de la vida” por el propio Solari, no han salido indemnes. Los ideales han sido reemplazados por las modas y el amor, por una suerte de obsesión pornográfica por el cuerpo.

Entonces, el diagnóstico que hace Solari de la actualidad da cuenta de la existencia de un falso hedonismo, un culto a la exhibición del yo y el consumo como fin último; en el marco de un planeta en el que hay que sobrevivir a pesar de que “mientras tanto el Sol se muere” y en el que aparentemente “Dios queda en nada o no existe”. Para no sucumbir ante el desencanto, en la canción que le da el nombre al disco el Indio invita a habitar los lugares que la posmodernidad todavía no ha contaminado: “En manos de pavotes / todo el sueño quedó. / Disfrutá los placeres / que te quedan sin dañar”.

De esta manera, la imagen que queda es la de una batalla que se está perdiendo. El mundo se convierte en una máquina de destrozar ideales, vaciar de pasión a las personas y canalizar el placer por medio de la pornografía.

Se trata, en definitiva, de un mundo en el que se ha tornado irreversible la disolución de un “nosotros” con capacidad de interpelar a multitudes. Solari busca refugio en un “nosotros” que involucra a un número mucho menos global pero, en cambio, más propio y más sólido: el dos. El mismo que eligió Lennon cuando dejó a los Beatles para seguir camino junto a su compañera.

El flagelo, el castigo y Barcelona

In biopolítica, documentos de cultura, medios, revistas on Julio 7, 2009 at 11:41 am

Por Pablo Alabarces

Hay algo que aprendí hace muchos años, y fue leyendo a Emilio de Ipola, uno de los sociólogos más importantes de la Argentina ,y connotado hincha de Huracán. Fue en un libro de hace veinticinco años, Ideología y discurso populista, un trabajo fascinante. Allí aprendí que las metáforas biologicistas son clásicas del pensamiento de derecha: que la sociedad es un cuerpo, y que sus males son enfermedades, y que las soluciones son sus remedios. Por ende, alguien sostuvo que la izquierda es un cáncer que corroe las entrañas de la sociedad y debe ser extirpado; Menem pudo afirmar, suelto de cuerpo, que él iba a aplicar “cirugía mayor sin anestesia”; y La Nación, que a pesar de sus intentos por modernizarse sigue pegada a un discurso que atrasa más o menos cincuenta años, puede editorializar sosteniendo que las barras bravas son una “enfermedad social” (que debe ser erradicada como si fuera la viruela, digamos).

De esa concepción deriva un abuso de lenguaje que ha hecho estragos en la conversación cotidiana, periodística o política: es la insistencia en el flagelo. Hemos asistido al flagelo de la desocupación y del hambre, de la desnutrición y de la droga, de la homosexualidad y del erotismo, del libertinaje y de la violencia, que por supuesto van juntos. El uso de la palabreja demuestra facilidad del pensamiento y poca densidad analítica: porque flagelo remite a azote, calamidad, castigo, desgracia, plaga, peste, como cualquier búsqueda rápida en los diccionarios de la Real Academia o el María Moliner puede demostrar. Esos términos, a su vez, así como persisten en la idea derechista de la sociedad como un cuerpo, nos remiten a la idea del castigo divino, a un dios enojadísimo con los argentinos que les envía un azote tras otro, molesto porque le habríamos dado la espalda. En consecuencia, cada vez que alguien usa flagelo desvía la atención: de las causas, obviamente, que los sociólogos y los ateos insistimos en entender como pertinazmente terrenales, económicas, políticas, sociales. Flagelo termina siendo un recurso barato para evitar usar los sujetos gramaticales adecuados: por ejemplo, el flagelo de la inflación impide decir los sectores monopólicos concentrados aumentaron los precios una vez más. O el flagelo de la droga nos ahorra la molestia de afirmar el control del narcotráfico a cargo de la policía y los punteros políticos del conurbano. Como se verá, usar flagelo nos evita complicaciones.

El problema añadido es que nos la pone difícil cuando lo que aparece es un flagelo verdadero: la gripe, como lo fue el dengue. Eso se vuelve más inexplicable que lo habitual, porque es una desgracia real, una plaga, calamidad o peste, tal y como los diccionarios nos alertan. Al haber abusado del flagelo mentiroso, el flagelo verdadero se vuelve intratable. Y parece explosivo, porque aún si se tratare de un castigo divino se ve incrementado por los errores humanos: de los gobernantes porque se concentraron en las elecciones y de los opositores porque también se concentraron en las elecciones. Esa distracción extendida no ha hecho más que agravar la situación, que requería más inteligencia y trabajo. Todavía estamos a tiempo, y salvo la AFA todos parecen estar convencidos de ir en un solo camino.

Lo que estas situaciones también dejan ver es el surgimiento de las paranoias y los relatos conspirativos: acabo de leer un mail que afirma que no hay tal gripe porcina sino gripes comunes pero incrementadas por acción de Donald Rumsfeld y los intereses monopólicos de los laboratorios. A cualquier lector le deben haber llegado diez de estos textos –detrás de los que relatan los golpes que Néstor le habría propinado a Cristina o antes de los que afirman que los que votamos a Solanas somos derechistas pagados por Clarín. En fin: como decía Fredric Jameson, la paranoia es el mapa cognitivo de los pobres. Frente a un mundo que aparece incomprensible, agresivo y atroz, los subalternos usan los discursos conspirativos como un modo de reponer algún sentido a lo inexplicable. Y para eso, los y las argentinos/as somos mandados/as a hacer.

Por eso, permítanme parafrasear a la revista Barcelona, uno de los pocos grupos que ha entendido que hay que reírse salvajemente de la Argentina, por lo menos como estrategia de supervivencia –y también ofensiva: debemos recuperar la parodia y la injuria como herramientas políticas. Barcelona afirma en su última tapa que “el virus de la derecha ya es pandemia”, título acompañado con fotos de Macri, Reutemann, Cobos y De Narváez. La mera posibilidad de que de esos cuatro jinetes del Apocalipsis salga un presidente debe llamarnos a risa. Y creo que la gripe es un flagelo enviado por algún dios para castigar a los argentinos y argentinas por votar a tamaños personajes.

Fuente: Diario Crítica.

http://www.revistabarcelona.com.ar/

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Alfajor y monedas

In documentos de cultura, economía, medios, revistas on Junio 22, 2009 at 7:39 pm

Un acercamiento a los posibles significados de un fenómeno sumamente actual y complejo. Y la propuesta de ensayar una lectura en clave de sus correlatos en la cultura masiva.

Cada tanto, cada una cierta cantidad de años, aparece una expresión capaz de aprehender la realidad de un manotazo. De modo poco riguroso pero con una precisión que asombra, el espíritu de una época queda resumido en pocas palabras. Alguna vez fue “pizza con champagne”, otra fue el “todo por dos pesos”, también la “plata dulce” o el “deme dos”. Con origen en los medios y/o en la clase política, a veces de origen incierto, este tipo de expresiones comienzan a circular rápidamente hasta instalarse definitivamente en el vocabulario popular y cotidiano. Esta era ha recibido el nombre de “alfajor y monedas”.

La expresión es bien conocida por quienes utilizan el colectivo a diario. En los grandes puntos de concentración poblacional y alrededor de las principales paradas de colectivos se pueden ver vendedores ambulantes comercializando una mercadería exótica, escasa y difícil de hallar –¡características propias del caviar!–: las monedas. Con la particularidad de que quien las desee, deberá comprar alfajores (en algunos casos pueden ser pastillas o caramelos, pero eso es lo de menos). Así, un billete de diez pesos puede convertirse, a través de una rara pero eficaz alquimia, en ocho monedas de un peso y dos alfajores.

Esta nueva convertibilidad dice mucho sobre los años que se están viviendo. Sobre todo, pesa la inflación: para viajar desde José C. Paz hasta Martínez, el pasajero debe subir al 365 con la suma de dos pesos con sesenta. Si se dirige hacia su trabajo y, por lo tanto, tiene que hacer el mismo viaje cinco días a la semana (ida y vuelta), necesitará una carretilla llena de monedas para afrontarla.

Por otro lado, “alfajor y monedas” habla de la precariedad laboral. Bajo la siempre tramposa idea de que los períodos de crisis (¿son sólo “períodos”?) son también tiempos de oportunidades, ha nacido el vendedor de monedas. Es el encargado de vender el metálico y de seleccionar la golosina que viene con el combo. Su figura está sospechada de esconder un negocio espurio que involucra a las empresas de transportes y a los bancos, pero los viajantes no tienen más remedio que recurrir a él. “Alfajor y monedas” es, para estos personajes, una forma de ganarse la vida.

Ahora bien, volviendo al tema de las épocas, está claro que sus límites son difusos. Para pensarlo históricamente, valga el ejemplo absurdo: nunca los hombres se juntaron para anunciar “bueno, a partir de hoy empieza el Renacimiento”. Porque si bien es cierto que los períodos históricos suelen tener límites más o menos establecidos por hechos concretos, tampoco es falso que tengan algo de arbitrariedad. De hecho, en muchos casos los períodos se superponen y coexisten en torno a ciertos lugares y a ciertas personas. Es decir, el espíritu de una era sigue teniendo sentido en torno a algunas instituciones y eso lo hace perdurar a pesar de que a nivel general esa era se encuentre superada.

Esto se puede ver claramente en los medios de comunicación. Lo bizarro de los años no tan lejanos en los que containers de productos de dudosa utilidad y calidad eran vendidos al módico precio de dos pesos, fue plasmado en clave de comedia en el recordado programa de Diego Capusotto y Fabio Alberti, “Mario” y “Marcelo” respectivamente, llamado inequívocamente Todo x 2$. Hoy visto, el programa parece no haber perdido ese poder paródico que lo caracterizaba.

La era de la “pizza con champagne” –símbolo de un país que elegía producir menos y consumir más– ha dejado, quizás, la huella más visible. Hay programas que aún encarnan ese espíritu: los de Susana Giménez y Marcelo Tinelli son el mejor ejemplo. Con una puesta en escena que poco puede envidiarle a los shows internacionales; con luces, pantallas y papelitos (calificados por los conductores siempre con la misma palabra: “¡impresionante!”), con invitados “de lujo” y una estética de la exuberancia como si estuvieran transmitiendo en vivo desde Miami.

Tal vez el caso paradigmático sea el de La noche del 10, ya que fue conducido por el eterno símbolo, a la vez, de lo popular (la pizza) y la ostentación (el champagne). Se podría asegurar que Maradona fue convertido por Suar y compañía en el grito nostálgico de una era que se resiste a morir. El sociólogo y antropólogo Georges Balandier dice en El poder en escenas (Paidós) que “el bufón se debe al papel que su personaje le impone, de manera que es sólo su palabra la que es libre”. Diego puede hablar bien de Fidel y mal de Bush, pero el show debe seguir.

Finalmente, hay que tener en cuenta que se trata de un fenómeno demasiado actual, demasiado cercano, y que todavía no se deja comprender en todas sus dimensiones. Mientras tanto, valdría la pena hacer el ejercicio de descifrar en qué lugares y bajo qué modalidades la cultura masiva y mediática se ofrece con las características del nuevo signo distintivo de estos tiempos. Es decir, habría que distinguir, en la cotidianeidad y en los medios, qué es alfajor y qué es moneda.

Jugando con Capusotto y Saborido

In documentos de cultura, medios, música on Junio 13, 2009 at 3:20 pm

El jueves pasado tuve la oportunidad de asistir a la jornada “Capusotto: realidad nacional, política y cultura”, en la UNGS. En las primeras mesas hubo trabajos realmente muy interesantes, destacándose los de Rocco Carbone, Gustavo Aprea y Matías Muraca, quienes describieron y desmenuzaron los geniales -y complejos- personajes de Peter Capusotto y sus videos.

Para el cierre estuvieron presentes los grandes responsables de todo esto, Pedro “Peter” Saborido y Diego Capusotto, dando muestras de que en realidad conforman un monstruo creativo de dos cabezas. Capusotto es bien conocido por todos, escucharlo hablar es garantía de carcajadas. Por otro lado, también sabemos que resulta muy interesante cuando habla en serio. Lo asombroso es que Saborido es prácticamente igual. Ambos siguen esa línea de humor tan particular y, a la vez, tienen una capacidad de abstraerse y distanciarse de sí mismos para pensar lo que hacen desde una perspectiva crítica. Casi me olvido de contar que en la mesa final también estuvo Horacio González, que -creo yo- supo entender el juego y se dedicó más a cagarse de la risa que a comentar.

Personalmente, me llamó la atención algo que Capusotto dijo sobre Pomelo (a mi gusto, uno de los personajes menos buenos del programa) y que se me había pasado completamente desapercibido: no hay canciones de Pomelo. Y precisó: “la música para él es un obstáculo a superar”. Que el rock se convirtió en un gran negocio es sabido prácticamente desde sus inicios. Pero Capusotto se refería a otra cosa: el rock es una excusa. Hoy, en distintos ámbitos, lo que manda está después del acontecimiento. Sin importar en lo que esto consiste, lo que se busca está en los diarios del día siguiente.

Se dice que basta con escuchar dos segundos a vedettes, modelos o actrices (lugares comunes a los que se descalifica con facilidad) para comprobar que la actividad no tiene un sentido en sí misma; lo único que importa es la fama, el dinero y vender. Pero la fuerza de esta cultura del éxito por el éxito mismo parece destinada a contaminar cada uno de los sectores que anteriormente eran reconocidos por su capacidad de construir sentido. Nadie dudará en poner al fútbol en esa senda y, si no, presten atención a la siguiente declaración de Caruso Lombardi (DT de Racing): “Tenemos alma y corazón, nos falta fútbol”. Es como si un pintor dijera: “tengo pinceles y pinturas, lo que me falta es saber pintar”.

Todo es un “obstáculo a vencer”: el fútbol para algunos DT´s, la actuación para algunos actores, la música para algunos rockeros…  Hay mucho de falso hedonismo, pues se disfruta el fin y no los medios. Pero también hay más: para Francisco de Narváez, las elecciones son el obstáculo a vencer (el objetivo es consolidar su poder fáctico). El obstáculo de Alan García, los indígenas.

Por lo cual, me atrevo a preguntarme si existe la posibilidad de que, en lugar de que los valores hayan quedado suspendidos en el aire, éstos no serán los obstáculos de una arremetida que no conoce límites. Las posibilidades de sucumbir ante el desencanto son muchas, pero en algunas cosas soy un creyente y creo que el juego debe seguir siendo el motivo por el cual se juega.

Se me ocurre que tal vez mi pensamiento esté cargado de nostalgia, de deseos por conservar algo que alcanzó un punto de no retorno. No obstante, las excepciones son muchas y es en ellas donde me apoyo. González dijo -seguramente con otras palabras- que quizás Capusotto y Saborido nos estén devolviendo un nuevo concepto de la comunidad: somos aquellos que nos encontramos en los lugares marginales. Es decir, aquellos que tomamos lo que para algunos es un obstáculo, como el mismísimo juego.

Pelota al pie

In deportes, filosofía, medios on Mayo 23, 2009 at 1:43 pm

“Los medios predominantes del fútbol son los que determinan el pensamiento de la gente. En el fútbol y en todo lo demás. Te forman una opinión. Pero también hay una paradoja: aparece Huracán, hace tres pases seguidos, y la gente se olvida de lo que le estuvieron diciendo los medios durante treinta años.”

Ángel Cappa, en una entrevista jugosa en la que se habla de fútbol. Es decir, de política y filosofía.

Postales de la manifestación

In cine, cuestiones de estado, medios, revistas on Mayo 21, 2009 at 1:31 am

[Las cámaras y el ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Una aproximación hacia el modo en que los noticieros cubren las jornadas de protesta, según el origen social de quienes las protagonizan.]

 

La protesta callejera es el ejercicio de un derecho mediante el cual determinados sectores sociales cuestionan un estado de las cosas. Por un lado, de manera directa y explícita, se dirige a las instituciones. El reclamo se hace a las instituciones o, en casos más radicales, contra las mismas. Pero, por otro lado y de manera implícita, la movilización viene a cuestionar el pliegue de la política sobre sí misma. Pone en crisis el monopolio que ejerce la clase política y el periodismo con respecto a los asuntos públicos; desafía la idea de que es el experto quien debe encargarse de solucionar los conflictos.

Se podría establecer, a modo de hipótesis, algún tipo de relación causal entre la presencia de técnicos y profesionales opinando sobre este tipo de asuntos con el nivel de participación política masiva y popular. Pero lo que aquí interesa puede señalarse con algunos interrogantes: ¿bajo qué modalidades es representada la movilización en los medios masivos de comunicación?, ¿qué se dice sobre la protesta piquetera?, y –finalmente– ¿cuál es su vínculo con el derecho a la libertad de expresión?

En “La crisis causó dos nuevas muertes” (el imperdible documental de Damián Finvard y Patricio Escobar sobre el papel de los medios en la masacre de Avellaneda) se puede ver, casi al pasar, material de noticieros entre los cuales se muestra a un Luis Majul serio y preocupado, hablando directamente a la cámara: “¿Querés que te diga la verdad? Yo creo que algunos piqueteros reclaman bien y con justicia, y otros son violentos. No me gusta que lleven a las mujeres embarazadas, no me gusta. Y no me gusta que lleven a los niños a los piquetes”. Todo esto ante la atenta mirada de Luis D’Elía, que estaba como invitado en el estudio y no había acompañado la protesta por privilegiar el diálogo con el gobierno de Duhalde. D’Elía sostuvo que los manifestantes habían pactado una “represión de baja intensidad” con el Gobierno porque “necesitaban muertos” para convertirlos en mártires. El que no se moviliza, va a la tele. Es para pensarlo.

Volviendo a lo anterior, ¿qué se puede hacer con eso que tanto le preocupa a Majul? ¡Pobre Majul! Le faltó decir que las mujeres deben quedarse cocinando y lavando los platos. Esa escena encarna la figura del hombre común indignado que tanto se promueve desde los medios. Según esta postura, un corte de puente no es lugar para mujeres embarazadas y niños. Sin embargo, ¿se preguntan, acaso, si la pobreza, la indigencia y la más cruda exclusión social son lugares para mujeres embarazadas y niños?

Hay momentos históricos en los que aquellos que no tienen acceso a los medios se ven en la necesidad de adoptar medidas drásticas para ejercer el derecho a la libertad de expresión. En este marco, el piquete es el método que les permite hacerse visibles. Se ofrecen a la vista para mostrarle a la sociedad que hay pobreza y marginación y que, por lo tanto, tienen reclamos justos y urgentes.

No obstante, noticieros y diarios construyen campos semánticos de signo totalmente negativo a la hora de cubrir los piquetes: desde el caos en el tránsito hasta la patética figura del ciudadano rehén de los manifestantes. La criminalización parece ser el correlato de los sectores con mayor nivel de vulnerabilidad social.

Todo se vuelve mucho más significativo si se compara la cobertura de este tipo de protestas con los cortes de ruta llevados a cabo por los ruralistas. De entrada, no se habla de “piquetes” porque éstos tienen una carga negativa. Pero hay más: en los ruralistas no hay una necesidad genuina de interrumpir el tránsito porque, sencillamente, tuvieron las cámaras a disposición a lo largo de todo el conflicto. Tenían (y tienen) garantizado el derecho a la libertad de expresión.

Por lo tanto, la criminalización de la protesta popular puede ser leída como la intención de los medios de apropiarse del derecho a determinar cuáles serán los asuntos dignos de un trato público. Seleccionando las protestas que van a llegar a las pantallas, se delimitan los asuntos sobre los cuales deben estar al tanto los espectadores.

Todo garantizado por “la objetividad de la cámara”.

Textosterona

In biopolítica, links, medios on Mayo 7, 2009 at 2:53 pm

Una Nación de presidiarios, por Rolando Astarita. Una síntesis impecable del país que tienen como modelo los “técnicos” de la seguridad.

Carta Abierta a Daniel Scioli, Gobernador de Buenos Aires, por Familiares y Amigos de Luciano Arruga. Desaparecido en democracia.

Casas vuelve a Borges, por Fabián Casas. Un brillante ensayo sobre Borges y cómo se llega a ser lo que se es. Una constatación: Borges fue feliz.

El eslabón perdido, por Juan Forn. Marx, Darwin y sus desencuentros, una historia poco conocida.

 

 

(Edito el post para agregar un artículo  que merece un lugarcito junto a los textos de arriba.)

Ay, Marcelo, por Pablo Alabarces. Cómo leer el programa de Tinelli cuando éste ni siquiera responde a los propios estándares de la cultura de masas .


 

Doña Rosa y la soledad

In cuestiones de estado, medios, revistas on Abril 22, 2009 at 10:58 pm

[La estructura de propiedad de medios consolidada a lo largo de los ’90 favoreció concepciones sobre el rol del Estado en el nuevo esquema neoliberal. Un “periodista estrella” de esta época asumió la tarea de masificar los discursos del poder.]

“Yo necesito a Doña Rosa, porque necesito un interlocutor más allá de la cámara o del micrófono (…). Le tengo miedo a la soledad. Doña Rosa es una persona que se me hizo carne. Si pensaba en ella podía trabajar para ella”.

- B.N. (05/10/1998)

Al morir Bernardo Neustadt, en junio del año pasado, pocos se preguntaron por el destino que le deparaba a su espectadora más fiel: Doña Rosa. Esta mujer simple y de clase media, preocupada por el mal funcionamiento de los servicios estatales, e indignada por los escándalos de corrupción de la clase política, se convertiría en su interlocutora privilegiada.

Neustadt la había creado a imagen y semejanza del sujeto económico deseable, para –directamente desde el núcleo del poder– llevar el discurso económico del neoliberalismo a la mesa de las masas televisivas que se congregaban a ver Tiempo Nuevo.

Desde fines de los ‘80 y hasta 1998, ese programa (que inmediatamente recuerda al exquisito bandoneón de Astor Piazzolla) fue el que le permitió desempeñar su papel profesional más significativo. Al ser consultado en una entrevista, aseguró: “pude hacer campañas para renovar el repertorio argentino económico mental, explicarle a la gente que podíamos tener un país abierto, que en los teléfonos no estaba la patria ni la bandera ni la soberanía. Que se podía comprar un auto financiado sin necesidad de pagarlo antes y recibirlo después. (…) Tuve muchos problemas, recibí algunas agresiones, pero la idea germinó y hoy tenemos un país abierto” (“Yo fui coherente, la realidad no fue coherente”, Página/12, 05/10/1998).

El papel que jugó Neustadt está íntimamente vinculado con lo que Gabriel Vommaro describe como el “ascenso de los periodistas como categoría mediadora -de ‘la sociedad’ y hacia ‘la política’” (“Mejor que decir es mostrar. Medios y política en la democracia argentina”, editado por la UNGS y la Biblioteca Nacional). Este ascenso, a su vez, está relacionado con una serie de transformaciones en la estructura de propiedad de los medios que tiene lugar en el denominado período de transición democrática (salida de la dictadura y fines de los ‘80).

Vommaro sostiene que “la concentración de la propiedad de los medios fortalece una mirada moral sobre ‘la política’ porque evita hablar, al mismo tiempo, de las prácticas ilegales en otros ámbitos, como el de la gran empresa: los auspiciantes tienen un poder de veto que no tienen los políticos”.

Por lo cual, hoy Doña Rosa no tiene a nadie que la interpele desde los medios para decirle que la empresa que le brinda su servicio telefónico es ineficiente, o que en los trenes, privatizados, se viaja en pésimas condiciones y probablemente dejarían de funcionar si no fuera por los subsidios del Estado. Bernardo ya no está, y –como si fuera capaz de tal cosa– no reconocerá las consecuencias nefastas de la euforia privatizadora que tanto alentó y ayudó a digerir.

La censura política de otros años ha sido reemplazada por la mucho más anónima influencia de los agentes económicos y su capacidad de lobby. Según la lógica imperante de los medios, sería suicida investigar y denunciar hechos de corrupción en los que participen los principales gerentes de las empresas que pagan publicidades.

Por eso, ante esta situación, resulta imprescindible reformular la estructura de propiedad de medios. Medidas tendientes a limitar la cantidad de licencias en manos de privados, y a garantizar que accedan a ellas actores de la sociedad civil, harían que el control de la información deje de ser prerrogativa exclusiva de los grandes grupos económicos; y se descuenta lo que se ganaría en transparencia.

Doña Rosa no lo sabe, pero en el debate sobre la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede estar la solución a muchos de los problemas en los que se metió por seguir los consejos de Bernardo. Mientras espera que Telefónica le arregle el teléfono, podría ir siguiendo el debate…aunque tal vez no encuentre nada al respecto si acostumbra a leer Clarín…

House y Pfizer: el método es uno solo

In biopolítica, cuestiones de estado, documentos de cultura, el tio Sam, medios on Abril 7, 2009 at 4:22 pm

El talentoso Galliano, en una de las entregas de su historieta “Lenin y vos”, compara la filosofía pragmática norteamericana con el Dr. House y su ejercicio de la medicina tan reñido con la ética.

En una de las viñetas, House dice:  ”la gente siempre miente, por eso para mí no merece consideración, es sólo un obstáculo en el problema que yo quiero resolver: su salud”. A lo cual, su entrevistador -nada más y nada menos que el viejo Illich-, responde: “Ajá, igual que Bush”.

Todo esto viene a cuento de la noticia de que la farmacéutica más poderosa del mundo, Pfizer, experimentó sin autorización nuevas drogas en niños nigerianos. Este tipo de prácticas no son nada nuevas, pero pocas veces llegan a los medios ya que suelen quedar impunes por los poderosos intereses que las respaldan.

La noticia, aparecida en Página/12 en el día de hoy, es la siguiente:

 

El laboratorio que perdió el juicio

La multinacional Pfizer firmó un acuerdo para resarcir a las familias de los niños que fallecieron o sufrieron disfunciones, en Nigeria, tras haberlos sometido al experimento de una droga contra la meningitis, sin autorización.

Por Daniel Howden *

Lo más excitante que había pasado en el estudio de abogados de Richard Altschuler, en West Haven, Connecticut, era algún caso de divorcio, hasta que sonó el teléfono hace nueve años. Del otro lado de la línea, a un mundo de distancia desde el calor de Nigeria, estaba Eitgwe Uwo, un joven abogado con “una increíble historia sobre Pfizer”, el laboratorio medicinal. El fiscal de Lagos iba a iniciar una demanda sin precedentes contra la empresa farmacéutica más grande del mundo, enfrentando a los padres africanos con el gigante corporativo estadounidense. Y necesitaba ayuda.

Eitgwe había elegido a Altschuler porque, en 1979, el abogado de Connecticut había defendido exitosamente a un amigo de Nigeria. La insólita pareja estaba por embarcarse en un viaje maratónico hacia el mundo de “grandes laboratorios farmacológicos”. Nueve años han pasado y sus esfuerzos finalmente se han visto recompensados con un acuerdo de 75 millones de dólares, cuyos términos probablemente sean dados a conocer esta semana. Si suena como el guión de un éxito de Hollywood es porque esta fue la historia que inspiró a John Le Carré a escribir El jardinero fiel, según Altschuler. Y al cineasta brasileño Fernando Meirelles a filmar la película del mismo nombre, que recibió varios Oscar.

En la vida real ocurrió en Nigeria, no en Kenia, donde el libro sitúa la historia. En 1996, la empresa Pfizer necesitaba hacer pruebas con humanos de lo que esperaba que fuera un éxito farmacéutico, un antibiótico de amplio espectro que podía tomarse en formas de tabletas. La empresa con sede en Estados Unidos envió un equipo de sus médicos a una ciudad-villa miseria Kano, en Nigeria, en medio de una pavorosa epidemia de meningitis, en lo que llamaron una “misión humanitaria”. Sin embargo, los demandantes afirman que fue una prueba sin permiso médico en niños sumamente enfermos. Un equipo de médicos de Pfizer llegó al campo nigeriano justo cuando se había desatado la epidemia que mató a casi 11.000 personas. Se establecieron a metros de un puesto médico dirigido por el grupo de asistencia de Médicos Sin Fronteras, que estaba brindando tratamientos ya probados para aliviar la epidemia. De la multitud que se había reunido en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Kano, se eligieron 200 niños enfermos. A la mitad les dieron dosis de la droga experimental de Pfizer llamada Trovan y los otros fueron tratados con un antibiótico probado de una empresa rival.

Once de los niños murieron y muchos más, se presume, sufrieron posteriores efectos secundarios serios, que iban desde disfunciones de órganos hasta daño cerebral. Pero dada la virulencia de la meningitis, el cólera y el sarampión, el equipo de Pfizer hizo sus valijas y después de dos semanas se fue.

Ese probablemente hubiera sido el final de la historia si no fuera por un empleado de Pfizer, Juan Walterspiel. Unos 18 meses después del ensayo médico, escribió una carta al entonces jefe ejecutivo de la empresa, William Steere, diciendo que el ensayo había “violado las reglas éticas”. Walterspiel fue despedido un día después por motivos “no relacionados” con la carta, insiste Pfizer.

La empresa afirma que sólo cinco niños murieron después de tomar Trovan y seis murieron después de recibir inyecciones de la droga certificada Rocephin. El gigante farmacéutico dice que fue la meningitis lo que dañó a los niños y no el ensayo con la droga. Pero ¿sabían los padres que estaban ofreciendo a sus hijos para un ensayo experimental médico? “No”, dice el padre nigeriano Malam Musa Zango. Afirma que su hijo Sumaila, que entonces tenía 12 años, quedó sordo y mudo después de tomar parte en el ensayo. Pero Pfizer niega esto y dice que habían recibido el consentimiento del Estado nigeriano y de las familias de aquellos tratados. Presentó una carta de permiso de un comité de ética de Kano. La carta resultó haber estado antedatada y el comité había sido establecido un año después del ensayo médico original.

Trovan nunca se convirtió en el éxito que Pfizer había esperado y ya no se produce más. La Unión Europea prohibió la droga y fue finalmente retirada de la venta en Estados Unidos. Parece que Pfizer finalmente puso fin a la pesadilla con el acuerdo del viernes pasado. Pero la batalla de Trovan puede no haber terminado.

A fines de enero de 2009, una corte de apelaciones de Nueva York dictaminó que el caso de Etigwe y Altschuler podría ser revisto en Estados Unidos. El fiscal de Connecticut dice que puede salir. “Nuestro caso está firmemente planteado en Estados Unidos, de manera que el acuerdo nigeriano no cierra nuestro caso. Y estas son muy buenas noticias. Estoy feliz de haber permanecido como el jardinero fiel y poder ver que esto llega a buen término.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12

Traducción: Celita Doyhambéhère

De pegamentos y encierros

In biopolítica, cuestiones de estado, medios, música, revistas on Marzo 22, 2009 at 5:56 pm

[En los últimos meses los medios instalaron en la agenda pública la polémica sobre los menores relacionados con el delito. ¿Qué representaciones fueron las predominantes?]

Me importan los pibes que aspiran pegamento
cuando ellos crezcan comerás el pavimento

- Illya Kuryaki & the Valderramas

Hace tan sólo unos años atrás se había impuesto una nueva moda en los principales matutinos del país: publicar artículos que daban cuenta de niños y adolescentes que eran internados o morían a causa de la adicción al pegamento o alguna otra sustancia tóxica. Con una frecuencia espantosa, los diarios informaban que en un determinado punto del territorio argentino un chico se metía la muerte misma hasta el fondo de los pulmones.

¿Habrá muerte más perversa? Ante una pregunta que no tiene respuesta, lo que se puede hacer es analizar cómo los medios construyen los discursos y la manera en que echan mano a las distintas concepciones sobre el lugar social de los menores.

En algún momento y por motivos que son muy difíciles de certificar, esas muertes dejaron de ser noticia. Ya no son un “tema”. Sin embargo, el pegamento y el paco siguen fluyendo por las ciudades y es posible verlos en distintas esquinas o estaciones de trenes, como una sombra que se apodera de los cuerpos de unas víctimas siempre demasiado jóvenes para todo. Una muerte que camina ante los ojos de todos en San Miguel y José C. Paz, pero también en Constitución, en Retiro, en Plaza Libertad donde se cruza con los habitués del Teatro Coliseo, escenario de algunas de las más altas expresiones de la cultura de una ciudad excesivamente cruel. Es un crimen ante las narices de una ciudad que lo ve todo porque no duerme, como no duermen esos pibes con el estómago vacío.

Aquella venganza que anunciaban los Kuryakis en “Abarajame” –gran tema de un disco que no tiene desperdicio: Chaco–, significativamente convertido en un hit a mediados de los ´90, parece haber sido tomada al pie de la letra por algunos de los medios más poderosos del país. Si antes los niños y adolescentes eran representados en tanto objeto de protección social, desde un posicionamiento humanitario; hoy en día son representados en tanto objeto de represión social: son noticia solamente por ser criminales y se los debe tratar como tales. El discurso adoptado puede resumirse en dos palabras: vigilar y castigar.

A partir de una serie de casos tristemente célebres de asesinatos cometidos por menores que tenían por víctimas a personas y familias con capacidad de movilizar recursos, la idea del castigo y la baja en la edad de imputabilidad fue tomando mayor presencia en diarios y noticieros. Encerrar a los pibes es la solución y el nuevo reclamo de moda. Fue el discurso que adoptó el gobernador de la provincia: “Hay que bajar la edad de imputabilidad para delitos graves” (22/10/08).

Al calor de los acontecimientos, el constitucionalista Roberto Gargarella (UBA-UTDT) escribió un artículo en el que comparaba la actitud que el Ejecutivo había adoptado ante dos temas que fueron tapa de diarios durante semanas: los delitos cometidos por menores y el blanqueo de capitales. La conclusión no deja lugar a dudas: “para el poder público, los delitos llevados a cabo por los más débiles entre los más pobres deben ser objeto de las respuestas penales más extremas (privación de la libertad para los menores que cometan ofensas). Mientras tanto, para los crímenes cometidos por los sectores más aventajados se reserva el premio de la impunidad, celebrado -como esta vez- con el aplauso, la emoción y el júbilo de alguna olvidable sesión parlamentaria” (“El Estado tiene dos varas para penar delitos”, Clarín, 23/12/08).

Otros actores que intervinieron en la discusión sobre los pibes chorros y asesinos, quizás con una intención pretendidamente progresista, deslizaron tímidamente la concepción de los menores como objeto de control y disciplinamiento: hay que integrarlos por medio del trabajo…para prevenir la delincuencia.

Con estos naipes sobre el paño, fueron pocas y demasiado débiles las voces que se expresaron sobre los niños y adolescentes en tanto sujetos de derechos. La necesidad de pensar en los menores como personas en desarrollo se hace imperiosa. Un pibe sin escuela, sin techo, sin comida y sin familia es –antes que nada– una persona cuyos derechos han sido avasallados. Un crimen que se comete lentamente, década tras década, los priva de todo eso y mucho más. Y otro crimen, el encierro, es utilizado para reparar esa falta.

La responsabilidad del Ejecutivo está fuera de discusión. Pero también hay que cuestionar la mano del movilero cuando pone el micrófono ante un vecino que pide pena de muerte.

A sus plantas rendido un país

In deportes, documentos de cultura, efemérides, el tio Sam, medios on Enero 16, 2009 at 4:38 pm

[El 30 de octubre de 1974, un Muhammad Alí de 32 años, por el que nadie daba ya un peso, subió a un ring en Zaire para enfrentar a un George Foreman de 25 años, con 40 peleas invicto y amplio favorito. Con el nocaut al final del 8º round, Alí hizo mucho más que recuperar la corona que le habían quitado por los medios más viles. Por eso, un entonces joven e inédito Osvaldo Soriano publicó en el número de diciembre de la revista Crisis esta nota, hasta ahora nunca republicada, que anticipa un libro que recopilará otras tantas de aquellos años, y en la que ya se vislumbran algunos de los grandes temas de sus futuros libros: boxeadores, perdedores y hombres que encarnan el destino trágico de un pueblo.]

Por Osvaldo Soriano

El derechazo de Alí. El inmenso cuerpo de Foreman que se derrumba a sus pies. Siete millones de negros musulmanes que enmudecen. O estallan de alegría. Veinticuatro minutos de pelea bastaron a Muhammad Alí para sacudir la historia del boxeo moderno. Los ojos del Zaire vieron cómo ese nieto de esclavos –que alguna vez llevó el nombre del propietario de su abuelo, Cassius Marcellus Clay– brindaba al mundo una de las más grandes lecciones de fe, de dignidad, de vida, de que es capaz un hombre.

Los medios de comunicación se apresuraron a difundir una imagen ligera, inocente, del triunfo de Alí. Como lo hicieron siempre que les tocó hablar de ese hombre rebelde que reúne –juntas– dos condiciones intolerables en los Estados Unidos: es negro y habla demasiado.

Gritó durante toda la pelea. Provocó a Foreman, lo sacó de sus casillas ayudado por el público negro que gritaba “matalo, Alí” como si ésa fuera la consigna de toda su raza. Y el bueno de Foreman, invicto hasta entonces, comenzó a flaquear, quemó sus energías en unos instantes hasta quedar a merced de quien siempre fue el verdadero dueño de la corona mundial.

Es posible que el formidable peso de la historia haya fulminado a Foreman. Cuando apareció en el ring y oyó a sus hermanos de color reclamar la corona robada por los norteamericanos hace siete años, no pudo sino entregarla. Para ello soportó desaire y vergüenza. Alí se sentó en las cuerdas, al acecho, y antes de derribarlo lo rezongó, se burló de él y hasta lo hizo embestir las sogas, ciego de furia e impotencia.

La chance de George Foreman se basaba, ante todo, en la presunta decadencia física de Alí. Muy pocos contaron, en cambio, con que la inteligencia del líder musulmán se había robustecido con el tiempo. Los apostadores que pensaban llenar sus bolsillos con el definitivo ocaso de Muhammad no quisieron ver la potencia que el odio había acumulado en sus músculos. El odio de una raza vejada durante cuatrocientos años en el Nuevo Mundo.

Había dos negros sobre el ring, pero sólo uno luchaba por algo más que 5 millones de dólares. Para Alí era el fin de un largo camino de humillaciones: la oportunidad de vengar las afrentas, de proclamarse soberano como hombre negro. De mostrar que no hay milagros sino realidades.

La estética caida de Foreman

La estética caída de Foreman

El triunfo de Alí fue el de los musulmanes negros, el de los objetores de conciencia atormentados y encarcelados por negarse a pelear en Vietnam. Pero no fue la suya una empresa individual, solitaria. Muchos hombros negros apuntalaron su fe y alimentaron su obsesiva ambición de ser el campeón para demostrar que la ley blanca era impotente ante la furia de uno de sus esclavos.

“Cassius Clay es el mayor ego de Norteamérica. Y también es la más veloz personificación de la inteligencia humana hasta el momento habida entre nosotros: es el mismísimo espíritu del siglo XX, es el príncipe del hombre masa y los masivos medios de comunicación”, ha escrito Norman Mailer. Parece exagerado. Sin embargo, el éxito de la cruzada emprendida por Alí hace siete años –que casi todos los expertos calificaron de utopía– parece dar la razón a Mailer.

La historia de Cassius Clay es común a casi todos los boxeadores negros, sólo que más brillante. La de Muhammad Alí está llena de grandeza y miseria.

El 28 de abril de 1964, Clay venció a Sonny Liston –un rey de los bajos fondos– en seis asaltos. Un año más tarde comenzaría la persecución: el 25 de mayo de 1965, la comisión de boxeo le quitó el título por primera vez, acusándolo de haber combatido ante Liston sin la debida autorización. Para reconquistarlo tuvo que esperar hasta el 6 de febrero de 1967 y vencer a Ernie Terrel, un blanco mediocre que había sido designado titular de la categoría.

La corona estuvo sobre su cabeza sólo dos meses. El 28 de abril, las autoridades le retiraron su licencia de boxeador y lo despojaron nuevamente del título mundial por negarse a ingresar al ejército norteamericano que iba a destinarlo a Vietnam.

“Con los impuestos que pago por cada pelea, un soldado norteamericano vive un mes matando gente en Vietnam. Con lo que pago en un año es posible construir bombas como para quemar una aldea. Con todo esto, ya soy culpable. ¿Tengo además que matar con mi propia mano?”, dijo entonces. Se declaraba objetor de conciencia, se confesaba integrante de los Black Muslims; eso bastaba para que los medios de comunicación elaboraran una imagen de monigote, de payaso, más digestiva para el público.

El 20 de junio de 1967, en Houston, Texas, el Tribunal Federal del Distrito Sur del Estado lo declaró culpable de negativa a ingresar al ejército y lo condenó a cinco años de prisión más una multa de 10 mil dólares.

A fuerza de apelaciones, Alí eludió el calabozo. Pero no dejó de hablar: “Los negros estamos presos hace cuatrocientos años –dijo–. Por eso no pueden llevarme a un lugar en el que ya estoy”.

Había ganado 4 millones de dólares, aunque el fisco embolsó el 80 por ciento. Con el resto compró una casa para su madre en Louisville –donde había nacido– y otra para él en Chicago por 100 mil dólares; el divorcio con su primera mujer le costó 50 mil dólares más una renta mensual de 1200 durante diez años. Los honorarios de sus abogados ascendieron en poco tiempo a 50 mil dólares. La persecución amenazaba con llevarlo a la bancarrota. Sin embargo, sus honorarios como socio de una cadena de puestos de salchichas en los barrios negros le permitieron salir adelante. Su figura –su inteligencia quizá– le abrió las puertas de las universidades donde dictó conferencias por las que cobraba mil dólares.

Los periódicos underground comenzaron a publicar sus respuestas. “¿Odia a los blancos?”, le preguntaron una vez. “No odio a nadie –contestó–, soy una víctima del odio. Soy demasiado limpio para este deporte. Soy demasiado bueno para mi tiempo. Esa es la razón por la que han decidido librarse de mí.”

Había otros motivos, más contundentes, para que los zares del boxeo lo echaran a la calle. Alí, el más grande boxeador de todas las épocas –según opinión de Joe Louis–, había sido un mal negocio. No había rivales para él; cualquier pelea era un juego de niños. Nadie pensaba seriamente en vencerlo. El público lo sabía y comenzó a quedarse en sus casas. Alí peleaba solo. Así, el más genial boxeador quedaba marginado por su propia grandeza.

Resultó una víctima ideal: molesto, fanfarrón, irritaba al periodismo con sus declaraciones, horribles poemas e insidiosas canciones. Cuando se negó a ir a la guerra, quedó absolutamente indefenso.

El 6 de mayo de 1968, el 5º Tribunal de Apelaciones confirmó la culpabilidad de Clay. Sus abogados sostuvieron más tarde que la condena se había basado en la exposición de cinco conversaciones telefónicas sostenidas por Alí e interceptadas por el FBI. El gobierno admitió haber tomado las charlas que, dijeron los fiscales, “afectaban la seguridad nacional”. Los tribunales dieron marcha atrás y el ex campeón tuvo su respiro.

Entretanto, su cintura perdía la armoniosa línea que le había permitido bailotear por el ring como un gato. Aunque varios estados norteamericanos habían anunciado que le concederían permiso para combatir, ningún político se animó a ver de cerca a ese negro contestón. Quiso pelear en el extranjero, pero le impidieron salir del país. El 6 de julio de 1970, el Tribunal de Apelaciones anunció que las charlas telefónicas no habían influido para condenarlo. Dos días más tarde, en Charleston, Carolina del Sur, le prohibieron hacer una exhibición. El 2 de septiembre, por fin, subió a un ring en Atlanta, Georgia, para cruzar guantes amistosamente con varios sparrings. Doce días después, el juez federal Walter Masfield, de Nueva York, decidió que la prohibición para actuar en su estado era “arbitraria e irracional”, y ordenó que le restituyeran los derechos. Otro tanto ocurrió en Atlanta, donde se concertó su pelea contra Jerry Quarry para el 26 de octubre. Muhammad Alí venció con facilidad y abrió el camino hacia el retorno. En su segunda pelea volteó al argentino Oscar Bonavena y más tarde a Jimmy Ellis. Así ganó el derecho a enfrentar a Joe Frazier por la corona mundial.

El combate –que Frazier ganó por puntos– pareció enterrar definitivamente a Muhammad Alí. Sin embargo, su ánimo no decayó. Para él, la derrota ante el campeón había sido injusta: exhibía como prueba su fortaleza al final del combate, mientras el vencedor debió ser internado en un hospital a causa de la paliza recibida.

El verdadero drama de Alí era moral. Elijah Muhammad, el máximo jerarca de los Black Muslims, había decidido expulsarlo de la congregación por negarse a abandonar el boxeo. Alí discutió con su maestro, pero respetuosamente acató la decisión. No obstante, jamás renegó de los Muslims: estaba seguro de que si recuperaba la corona, ellos serían los beneficiados. La Nación del Islam –así la denominan ellos– plantea el apartheid económico y racial del pueblo negro por medios pacíficos.

En noviembre de 1971, Muhammad Alí vino a Buenos Aires para realizar una exhibición en la cancha de Atlanta. Entonces montó su habitual show de verborragia y amenazas. Vicki Walsh y el autor de este artículo lo entrevistaron para conversar sobre su prédica religiosa y política.

“Somos 30 millones de negros contra 170 millones de blancos; no tenemos munición ni armamento adecuados y, sin embargo, nuestra revolución sigue creciendo. Si utilizáramos la violencia, los negros no tendríamos la menor chance en los Estados Unidos, porque ni siquiera controlamos los abastecimientos. Seríamos como un toro enfurecido corriendo hacia un tren: sólo quedarían su carne y su sangre sobre las vías.” Esta era su posición frente a la violencia de los Black Panters, aunque agregaba: “No condeno a ningún hombre por defender aquello que cree está bien, especialmente si está dispuesto a dar la vida por ello. Muchos revolucionarios negros han dado ya su vida”.

Quienes conocían a fondo las ideas de Alí ansiaban verlo en las tribunas, predicando la fe musulmana, lejos definitivamente del ring. Es que pocos creían en sus posibilidades de recuperar la corona. Sin embargo, en los tres años siguientes, este negro empecinado fue hacia una y otra costa del país para derribar a boxeadores de categoría menor en busca de una nueva oportunidad. Hasta tuvo que sufrir la fractura de su mandíbula frente al mediocre Ken Norton. Ya no brillaba como antes: había perdido su estilo felino, sus movimientos serenos y armoniosos. Ahora ponía sobre el ring la experiencia, la astucia; medía cada uno de sus pasos para no derrochar energías.

Cuando el título cambió de manos y el joven Foreman –un invicto temible por su pegada– se erigió en el nuevo coloso, los expertos opinaron que nadie podía dar un dólar por la chance de Alí. Sin embargo, Frazier cayó a sus pies, Norton tuvo que verlo levantar los brazos y los empresarios comenzaron a planear el gran combate.

Alí insistió para que se realizara en el Africa. Lo que parecía una mera especulación comercial, iba a adquirir un sentido magnífico el día de la victoria: el 30 de octubre, en Kinshasa, ningún negro dejó de levantar a Alí como un estandarte de libertad.

Programa de la pelea

Programa de la pelea

Curiosamente, las agencias noticiosas insistieron en la versión de un Alí payasesco, casi odioso. Nadie recordó que alguna vez dijo: “Un día levantaré mi puño vencedor para que mi pueblo negro diga, como yo, que es el más hermoso y el más fuerte”.

Al terminar el combate, gritó: “Fue Alá quien dio los golpes, era él y no yo quien estaba sobre el ring”. Era toda una raza la que esa noche estaba allí.

Con Foreman cayó el último Tío Tom del boxeo estadounidense. Es posible que Joe Louis haya visto vengada su miseria, Sonny Liston su muerte degradada. Aún no es posible saber si Alí abandonará el boxeo o buscará ganar dólares en una revancha. Poco importa ahora qué hará.

El deporte permitió que la raza negra erigiera a dos de los suyos como los hitos mayores de este siglo: Edson Arantes do Nascimento (Pelé) y Muhammad Alí. El brasileño renegó de su negritud, sirvió a la dictadura implantada en el Brasil en 1964 y aconsejó a los niños negros que tomaran Pepsi-Cola y fueran buenos con los blancos. Alí se negó a juzgarlo: “Es mi hermano de raza”, dijo. Pelé, en cambio, despreció siempre al boxeador.

“Ser campeón de peso pesado en la segunda mitad del siglo XX (con revoluciones negras a lo largo y ancho del mundo) representa algo parecido a ser Jack Johnson, Malcolm X y Frank Costello en una sola pieza”, ha dicho Norman Mailer. Es posible que nadie lo sepa mejor que Alí. De allí su afán casi salvaje por coronarse nuevamente.

Hemos tenido el raro privilegio de asistir al momento cumbre de la historia del boxeo. Más allá de la dudosa calidad del combate, millones de personas de todo el mundo vieron cómo Muhammad Alí recuperaba a puñetazos lo que el Tío Sam le había quitado por decreto.

Fuente: Radar, 28 de Enero de 2007.

Promesas sobre el bidet

In medios on Diciembre 25, 2008 at 10:13 pm

Por favor no hagas promesas sobre el bidet
por favor no me abras más los sobres.
Por favor, yo te prometo te esperaré
si es que paro de correr.

- Charly García

Como todos los 25 de diciembre, y como le suele suceder a la mayoría de los que la noche anterior se entregaron a beber y comer con desmesura, este día fue de pura resaca navideña. No conté las veces que fui a orinar, pero sé que fueron muchas. Por esta situación descubrí cómo mirar TN sin tener cable ni internet.

Resulta que mi viejo dejó el Clarín del 23 en el bidet y cada vez que uno iba al baño veía siempre las mismas noticias. Con una frecuencia bastante regular me informaban que Kirchner decidió que no habrá bajas en las retenciones a la soja, que Cristina y Cobos ni se miraron en la basílica de Luján, que la línea de subte A llega hasta Flores, que el Tigre de Cagna aún soñaba por el título y alguna noticia más.

Después de varias veces de vaciar mi vejiga, sentí una sensación bastante molesta: es la que siento cuando dejo la tele prendida sintonizando TN mientras hago alguna otra cosa. Exactamente las mismas noticias se repetían cada una X cantidad de tiempo. Los mismos títulos estúpidamente llamativos me invitaban a leer artículos de pobre contenido y de pésima gramática. El bombardeo informativo de siempre que prioriza la cantidad por sobre la calidad.

Así fue que de repente me encontré con que había dejado sintonizado TN en el baño, bien cerquita del inodoro. Me causó gracia la sola idea de tirar la cadena y que con el agua se vayan Bonelli, Sylvestre, Lapegüe y compañía.

Pop es cultura

In beautiful losers, cine, documentos de cultura, medios on Diciembre 14, 2008 at 4:18 pm

Por Damián Tabarovsky

En qué momento los dibujos animados comenzaron a estar sobrecargados de referencias culturales? Probablemente, desde siempre. La relación entre el Correcaminos y el Coyote, por dar un ejemplo, retoma un tema clásico en la tradición literaria: el duelo. De hecho El duelo, de Joseph Conrad, puede leerse como una formidable novela sobre la relación íntima entre duelo y asesinato. Para Conrad, los duelistas son asesinos en potencia, y el desenlace del duelo es un mero detalle. En el Correcaminos las cosas no llegan a ese extremo, y además el duelo siempre se define a favor del mismo personaje, quizás por eso terminamos simpatizando más con el Coyote, especie de cabeza dura irreductible. Siempre en el Correcaminos, la omnipresencia de la marca ACME señala el momento en que el capitalismo se vuelve monopólico, y el poder de las marcas casi absoluto. No es necesario dar muchos ejemplos más. Tiendo a pensar a los dibujos animados como un tragamonedas donde de un lado insertamos una pieza, y del otro sale la historia completa de la cultura pop.

Volviendo a Conrad, además de la dimensión espiritual de su novela, hay un dato de color: sus duelistas son un gordo y un flaco. Pareja repetida y repetida en el mundo de la cultura televisiva y que, en verdad, retoma la idea cervantiana de la pareja despareja (El Quijote y Sancho Panza), tonto y retonto, el dúo de payasos. La década del 90 dio dos grandes dibujos animados en este registro: Beavis and Butt-head, y Ren y Stimpy. Beavis y su amigo Butt-Head son dos adolescentes que se dedican básicamente a escuchar heavy-metal, comer hamburguesas y fracasar con las chicas. En la herencia de series de TV de los 80, como Rosane y Casados con hijos, Beavis and Butt-Head ironizan sobre la trash people, el mundo de los vencidos por los años de Reagan, pero ahora en clave cool de MTV de los 90. El chihuahua Ren y el gatito Stimpy van un paso más allá y avanzan sobre el mal gusto, hasta desembocar en una profunda reflexión sobre lo deforme, concepto clave en el arte contemporáneo. Sin embargo, por detrás de la violencia y hasta de cierta ironía cruel, ambos dibujos incluyen un pensamiento sobre la amistad como último reservorio de la dignidad, en medio de la devastación de los lazos sociales en el capitalismo global.

El último avatar de los dibujos sobre dúos tan salvajes como ultracultos es Pucca, creado en Corea del Sur y que diariamente se puede ver por el canal Jetrix. La trama es tan sencilla que se vuelve extraordinariamente compleja. Pucca es una niña con una habilidad para resolver situaciones imprevistas que remite al gran MacGyver, dueña también de un deseo irrefrenable por el combate (que recuerda a la Bellota de Las Chicas Superpoderosas) sólo que, a diferencia de la Powerpuff Girl, tiene también una fuerza sobrehumana que la vuelve casi invencible. Pues bien, semejante heroína tiene un solo objetivo en la vida: robarle un beso a Garu. Pero eso se concreta muy de vez en cuando y Garu, un ninja que ocupa claramente el rol pasivo, permanece ajeno al deseo de su amante insatisfecha (Garu es un maestro en el arte de escaparse de su duelista acosadora). Por cierto, los personajes no hablan, jamás se escuchan sus voces (es probable que hayan tomados votos de silencio, pero eso no queda del todo claro). Cada tanto, aparece Tobe, otro ninja archienemigo de Garu, que generalmente termina demolido a golpes no por Garu, sino por Pucca (la perfección en la inversión de los roles masculinos y femeninos entre Garu y Pucca es sólo comparable con los personajes de William H. Macy y Frances McDormand en Fargo, de los hermanos Cohen). Todo acompañado por una banda de sonido post-punk cuya traducción al castellano le da un toque surrealista al asunto (“Pucca quiere a Garu/ Divertido amor/ Come fideos/ Lo busco/ Lo beso/ Bam, bam, bam”).

Interpretar la cultura en clave pop no tiene el menor interés. Interpretar el pop en clave cultural es imprescindible.

 

 

Fuente: Perfil de los domingos.

Difusión

In links, medios, revistas on Noviembre 26, 2008 at 1:23 pm

Textos dando vueltas por la red, buscando lectores:

Farselona: ¿Cómo está la vida de los otros?

Pulidor de lentes: La crisis guionada

Ñ: “¿Por qué los cínicos se equivocan?”, por Slavoj Zizek

La oscuridad de Congo

In cuestiones de estado, economía, medios, revistas on Noviembre 13, 2008 at 10:41 pm

Por Slavoj Zizek

Existe una vieja anécdota sobre un grupo de antropólogos que penetraron en el corazón de la oscuridad en el centro de Nueva Zelanda en busca de una misteriosa tribu que, según se rumoreaba, era capaz de bailar una escalofriante danza de la muerte con máscaras de madera y barro. Un día, finalmente, encontraron la tribu y, de algún modo, se las ingeniaron para explicarles lo que buscaban antes de irse a dormir. En la mañana siguiente, los miembros de la tribu representaron una danza a la altura de sus expectativas. Los antropólogos regresaron satisfechos a la civilización y escribieron un informe sobre su hallazgo.

Desafortunadamente, otra expedición visitó a la misma tribu un par de años después, hicieron un esfuerzo mucho más serio por comunicarse con ellos y descubrieron la verdad sobre lo sucedido con el primer grupo: los miembros de la tribu entendieron que sus invitados querían ver una terrorífica danza de la muerte y, entonces, para no desilusionarlos sobre su elevado sentido de la hospitalidad, trabajaron toda la noche para fabricar las máscaras y practicar el baile que habían inventado para satisfacer a sus huéspedes. Los antropólogos, que creían echar un vistazo a un ritual exótico y extraño, en realidad estaban atestiguando una apresurada e improvisada puesta en escena de su propio deseo.

¿Acaso no ocurre algo similar hoy en Congo que, una vez más, emerge como el corazón de la oscuridad africano? La nota de tapa de la revista Time del 5 de junio de 2006, titulada “La guerra más sangrienta del mundo” –un detallado documento de cómo cerca de 4 millones de personas murieron en Congo como resultado de la violencia política durante la última década–, no generó ninguna de las habituales protestas humanitarias, sólo algunas cartas de lectores, como si algún tipo de mecanismo hubiera actuado de filtro para evitar que la noticia alcanzara su impacto completo. Para ponerlo en términos cínicos, Time escogió a la víctima incorrecta en esta lucha por hegemonía. Debería de haberse apegado a los sospechosos de siempre: mujeres musulmanas y su calvario, la opresión en el Tíbet… Congo ha emergido hoy como un efectivo “corazón de la oscuridad” conradeano: nadie se atreve a enfrentarlo. La muerte de un niño palestino de West Bank, sin mencionar siquiera la de un israelí o un americano, es mediáticamente miles de veces más importante que la muerte de un anónimo congolés. ¿Por qué esta ignorancia?

Tapa de la revista Time (05/06/2006)

Tapa de la revista Time (05/06/2006)

El 30 de octubre de 2008, la agencia de noticias AP informó que Laurent Nkunda, el general rebelde que sitiaba Goma, la capital del este provincial de Congo, anunció que quería entablar conversaciones directas con el gobierno a partir de sus objeciones a un acuerdo billonario que garantizaba a China el acceso a las vastas riquezas minerales del país a cambio de la construcción de vías de ferrocarril y autopistas. Tan problemático (neocolonial) como este tratado pudiera ser, plantea una amenaza vital para los intereses de los caudillos locales dado que su eventual éxito daría forma a la infraestructura base de la República Democrática de Congo como un Estado unido y funcional.

Ya en 2001, una investigación de Naciones Unidas sobre la explotación ilegal de los recursos naturales de Congo reveló que el conflicto en el país remite, principalmente, al tema de acceso, control y comercialización de cinco recursos minerales claves: coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Según este trabajo, la explotación de los recursos naturales de Congo por los caudillos locales y ejércitos extranjeros es “sistemático y sistémico”, y los líderes ugandeses y de Rwanda en particular (seguidos de cerca por los de Zimbabwe y Angola) convirtieron a sus soldados en ejércitos de negocios: las fuerzas armadas de Rwanda facturaron cerca de 250 millones de dólares en 18 meses con la venta de coltán, utilizado para fabricar teléfonos celulares y laptops. El informe concluía que la guerra civil permanente y desintegradora de Congo “ha creado una situación de ‘ganar-ganar’ para todos los beligerantes. El único perdedor en esta vasta sociedad de negocios es la sociedad congolesa”.

Por debajo de la fachada de un enfrentamiento étnico, podemos percibir los contornos del capitalismo global. Tras la caída de Mobutu, Congo ya no existe como un Estado operativo y unificado. Especialmente, su porción oriental esta constituida por una multiplicidad de territorios gobernados por caudillos locales controlando, cada uno, su porción territorial con ejércitos que, por regla, incluyen chicos drogados y un vínculo comercial con alguna empresa foránea o corporación que explota la mayor riqueza mineral de la región. Este entendimiento beneficia a ambos socios: la empresa consigue sus derechos de explotación minera sin impuestos y el caudillo obtiene dinero a cambio. La ironía es que muchos de estos minerales son utilizados en productos de alta tecnología como laptops y celulares. En resumen, olvídense de las salvajes costumbres de las poblaciones locales. Sólo remuevan a las compañías de tecnología avanzada de la ecuación y todo el edificio de guerra étnica cimentado por viejas pasiones se desmoronará en pedazos.

Quizá la mayor ironía de todas sea que, entre los más grandes explotadores, se encuentran los tutsi de Rwanda, víctimas de un terrible genocidio hace sólo una década. En 2008, el gobierno de Rwanda presentó numerosos documentos que demostraron la complicidad del presidente Mitterrand (y su administración) en el genocidio de los tutsi: Francia respaldaba el plan para tomar el poder de los hutu, al punto de armar sus unidades de combate, para recuperar influencia en esta parte de Africa a expensas de los tutsi anglófonos. La declaración de rechazo de Francia frente a estas acusaciones como totalmente infundadas fue, por decir poco, por completo infundada. Llevar a Mitterrand al Tribunal de la Haya, aun en forma póstuma, hubiera sido un acto de verdad: lo más lejos que el sistema legal de Occidente llegó en este camino fue el arresto de Pinochet, quien, ya entonces, era un veterano y huidizo político. La acusación a Mitterrand habría cruzado esta fatídica línea y, por primera vez, habría enjuiciado a un líder político occidental que fingió actuar como protector de la libertad, la democracia y los derechos humanos. La lección de un juicio semejante habría sido también la complicidad de los poderes liberales de Occidente en lo que los medios presentan como la explosión del “auténtico” barbarismo del Tercer Mundo.

Definitivamente, hay mucha oscuridad en la densa jungla congolesa. Pero su corazón reside en otro lugar, en las lujosas oficinas ejecutivas de nuestras compañías de alta tecnología.

Fuente: Perfil

All Along The Watchtower

In medios, música, revistas, videoteca on Noviembre 3, 2008 at 12:42 pm

Por Alfredo Rosso, revista La Mano (sección”¿Cómo se hizo?”).

En 1967, Bob Dylan editó John Wesley Harding, después del período de reclusión y convalecencia que siguió a un accidente motociclístico del año previo. Uno de sus temas fundamentales era “All along the watchtower”, que parecía aludir, en forma oblicua, a la frutración que sentía con su manager y grabadora, que al parecer le estaba pagando un porcentaje de regalías mucho menor al de su status artístico. En la letra hay un diálogo entre dos personajes: el joker, o sea el bufón, y el thief, el ladrón. “Debe haber alguna manera de salir de aquí” dice el primero, “hay demasiada confusión, nada que me alivie”. Y se queja de los “hombres de negocio”, que beben de su vino y de los labradores que aran su tierra, y agrega “ninguno de ellos sabe lo que vale todo esto.”

El ladrón le aconseja no preocuparse demasiado, ya que ambos están por encima de semejantes cuestiones materiales. “No hay razón para excitarse”, le responde, “muchos aquí piensan que la vida no es sino una broma, pero vos y yo hemos pasado ya por eso, y ese no es nuestro destino. De modo que no hablemos en vano, que se está haciendo tarde.” La impaciencia del ladrón es coherente con su idea de que hay cuestiones más importantes y urgentes de que ocuparse en la vida. Y como contraste final están las imágenes de la última estrofa: por un lado la placidez y el conformismo cortesano de esa especie de castillo o torre de vigilancia. Por el otro percibimos una especie de incierta amenaza en el panorama que se divisa a lo lejos, expresada en las dos líneas: “… a lo lejos, un gato montés gruñó/ Dos jinetes se aproximaban y el viento comenzó a aullar.”

Jimi Hendrix era un gran fanático de Dylan y quizás se identificó con estas metáforas, ya que el también tenía un lío managerístico por haber firmado contratos poco claros. Ni bien la escuchó, decidió incluirla en el albúm Electric Ladyland. Partiendo del original acústico, hizo un arreglo eléctrico, añadiendo color y dramatismo (ya desde su comienzo casi marcial, con una percusión bien marcada) para alcanzar un climax en la parte central con unos solos devastadores. Se destacan especialmente los efectos de la guitarra slide (obtenidos con la ayuda de un encendedor), el arreglo de wah-wah y el alarido final de la guitarra.

El propio Dylan reconoció el poder de la versión de Hendrix y para su gira con The Band en 1973 diseñó un arreglo más denso que quedó registrado en Before the flood. Incluso llegó a confesar:”Es extraño como, cuando canto ‘All along the watchtower’ siento que es un tributo mío a Hendrix, en lugar de ser a la inversa.”

Cómo y cuando se le ocurrió la idea de grabarlo no está del todo claro. Dave Mason, de Traffic, que tocó guitarra acústica en el tema, afirma que Hendrix escuchó por primera vez John Wesley Harding en Londres, en una fiesta íntima con pocos amigos. Por su parte, Andy Johns, ingeniero de los estudios Olympic, sostiene que en más de una ocasión Hendrix había llegado al estudio con cintas de temas de Dylan. La cuestión es que se grabó el domingo 21 de enero de 1968. Hendrix había discutido con su bajista Noel Redding, de modo que se hizo cargo de las partes del bajo, en un instrumento que había sido de Bill Wyman, de los Stones. Se hicieron 24 tomas, hasta que todos los presentes estuvieron satisfechos con los resultados.


La versión que Dylan grabó en John Wesley Harding (el video está hecho en base a dibujos de un tal Giovanni Rabuffetti):

Versión furiosa que Jimi Hendrix grabó en Electric Ladyland.


All Along The Watchtower

“There must be some way out of here,” said the joker to the thief,
“There’s too much confusion, I can’t get no relief.
Businessmen, they drink my wine, plowmen dig my earth,
None of them along the line know what any of it is worth.”

“No reason to get excited,” the thief, he kindly spoke,
“There are many here among us who feel that life is but a joke.
But you and I, we’ve been through that, and this is not our fate,
So let us not talk falsely now, the hour is getting late.”

All along the watchtower, princes kept the view
While all the women came and went, barefoot servants, too.

Outside in the distance a wildcat did growl,
Two riders were approaching, the wind began to howl.


Dios desde la máquina

In filosofía, medios on Noviembre 2, 2008 at 11:40 pm

La llamada “máquina de Dios” viene acompañada de un debate en torno a la validez de los modelos teóricos. Algunas observaciones, conjeturas y reflexiones desde la filosofía de la ciencia. Partículas, planetas y Karl Popper.

El pasado 10 de Septiembre se anunció al mundo la puesta en marcha de lo que sería, hasta el momento, el mayor experimento científico del siglo: el acelerador de hadrones. El LHC (por sus siglas en inglés) permitirá a los investigadores hacer colisionar partículas a una velocidad cercana a la velocidad de la luz, con el fin de provocar un pequeño Big Bang. Tras el choque se producirá una lluvia de nuevas partículas, entre las cuales se pretende encontrar al bosón de Higgs, llamado por algunos “la partícula de Dios”.

La teoría más aceptada por el ambiente científico asegura que las partículas elementales son, en total, trece. Se conocen todas menos una. Esa que falta sería el bosón de Higgs, y su existencia no sólo está predicha por el modelo estándar de la física sino que además se le atribuye un papel fundamental: explicaría por qué otras partículas elementales tienen masa y por qué son tan diferentes entre ellas.

Ahora bien, ¿se puede predecir la existencia de un elemento por el sólo hecho de que su presencia se corresponda con la lógica de un modelo teórico? Quienes responden afirmativamente proponen la siguiente imagen: supóngase que en un estadio de fútbol, un espectador ve todo menos un determinado sector del campo de juego, el córner por ejemplo. Pero cada vez que la pelota se dirige hacia ese sector, vuelve para un jugador del mismo equipo. Entonces, se sigue, habría que suponer la existencia de un elemento en ese sector. Un agente que hace que la pelota vuelva: el futbolista número once; o lo que es lo mismo para la física: la partícula número trece.

Sin embargo, la filosofía de la ciencia ha mostrado que a lo largo de la historia, los científicos han postulado la existencia hipotética de elementos que, si bien permitían mantener un modelo teórico, no eran verificables en la realidad. Es el caso de la cosmología de Ptolomeo, según la cual los astros giraban alrededor de la Tierra en órbitas circulares. Sucedió que las predicciones para las órbitas de los planetas no coincidían con lo que se observaba; por ejemplo, Marte, en algún momento, orbitaba de una forma inexplicable. Por ese motivo, Ptolomeo modificó su modelo inicial: sostuvo que sobre su órbita principal el planeta describía una órbita circular más pequeña llamada “epiciclo”. Así, atribuyéndole epiciclos a todos los planetas de su sistema geocéntrico, Ptolomeo logró corregir su modelo para poder seguir haciendo predicciones. Por supuesto, todo el sistema ptolemaico quedó descartado catorce siglos después, con la teoría heliocéntrica de Copérnico y las órbitas elípticas de Kepler.

Entonces, vale la pena reflexionar sobre el carácter “fantasmal” de algunos elementos teóricos. Muchas veces se postula la existencia de algún nuevo componente, como el epiciclo, para que un sistema teórico siga vigente. Hay una expresión latina (proveniente del teatro griego) muy ilustrativa al respecto: Deus ex machina. Tenía lugar cuando se hacía aparecer la representación de una deidad desde fuera del escenario, por medio de una grúa, para resolver una situación. Lo que expresa es esa necesidad de introducir un elemento que mágicamente le dé coherencia a la trama principal.

De esta manera, es legítimo pensar que la presencia de la partícula número trece, el bosón de Higgs, no sea más que un Deus ex machina. Tal vez sea éste el talón de Aquiles del modelo estándar de la física moderna.

En la primera mitad del siglo XX, el filósofo de la ciencia Karl Popper fundó la corriente epistemológica falsacionista, la cual propone concentrar los esfuerzos en intentar refutar toda teoría. Si no es posible refutarla, puede ser aceptada provisionalmente, pero nunca verificada. El falsacionismo de Popper está basado en la concepción de que el conocimiento científico no avanza confirmando nuevas leyes, sino más bien rechazando leyes que contradicen la experiencia.

Que quede claro: lo más probable es que el acelerador de hadrones permita hallar la bendita partícula trece, y que estas palabras queden en la nada. Pero, como dice Alejandro Gangui (doctor en Astrofísica, docente de la UBA e investigador del Conicet): “desde la época de Copérnico sabemos que nuestro lugar en el cosmos nunca fue uno privilegiado. La física moderna y la cosmología nos indican, además, que la materia prima que forma nuestros cuerpos ya no es ni la única que existe, ni la más abundante del universo. La ciencia sirve para muchas cosas, y una de éstas es para hacernos más humildes”.

Un poco de justicia para la TV

In cine, medios on Octubre 19, 2008 at 10:05 pm

Desde hacía unas semanas venía pensando en dedicarle un post a Filmoteca: temas de cine, el excelente ciclo de cine que transmite Canal 7 de Lunes a Vienes, media hora pasada la medianoche. El asunto es que los muchachos de Radar se me adelantaron y -siendo sincero- me ahorraron gran parte del trabajo.

Peña y Manes

Peña y Manes

Filmoteca es conducido por Fernando Martín Peña y Fabio Manes, quienes todas las semanas eligen un tema como excusa para poner en pantalla películas de distinta índole. Lo destacable es que, al contrario de lo que se pueda llegar a suponer, no se trata de “cine para cinéfilos”. Es decir, no se dirigen a un público snob y elitista, que esté todo el tiempo mirándose el ombligo. La premisa la resume Peña en una frase: “hay que pensar que si a mí me interesa y me conmueve, a un montón de gente como vos le tiene que interesar y conmover”.

Esta relación que los conductores construyen con el público es uno de sus puntos fuertes. Acérrimos adversarios del discurso de los empresarios de la televisión, según el cual se pone en pantalla “lo que quiere la gente”, Peña y Manes apuestan al descubrimiento de un televidente que nunca puede ser conocido del todo. El público no es un mero consumidor pasivo, sino más bien un receptor que desafía a la programación. “Por ahí -asegura Peña- uno está subestimando a un público general que tiene un conocimiento muy superior al que se supone”.

Un programa para celebrar. No sólo porque uno pueda conmoverse con el conmovedor Buster Keaton, sorprenderse con La pasión de Juana de Arco, y entumecerse por el impactante cine expresionista alemán; todas joyas que aparecen mezcladas con obras bizarras más que interesantes. Para celebrar, decía, porque Filmoteca abre una fisura en los discursos del desencanto.

Porque hay dos formas complementarias de convertir a la televisión en un elemento de estupidización: la primera es, efectivamente, intentarlo; la segunda, elaborando discursos que pasen por alto estas fisuras. Brindemos, entonces, por Filmoteca y su generosidad.

 

Radar: Por qué mirar los clásicos, por Mariano Kairuz.

Filmoteca: página oficial, donde se anticipa el tema de cada semana.

Bombita contra los burócratas sindicales del espacio

In cuestiones de estado, medios, videoteca on Octubre 3, 2008 at 10:54 pm

Vea a Bombita Rodríguez surcando el espacio tratando de resolver una interna en el movimiento, después de que el General le encarga por separado a tres sectores la misma misión.

 

Sí, Bombita contra los burócratas sindicales del espacio. 

Dedicado a Pulidor de Lentes que hizo un post poniendo en duda la llegada del hombre a la Luna. Ahora sí, la Luna es de Perón. Un pequeño paso del hombre, y un gran paso para este movimiento nacional y popular.

 

Que lindo, que lindo
Que lindo que va a ser
El cosmos Socialista
Sin un solo burgués

Planetas alineados
Gritan y alzan la voz
Y dicen “Fuera Yankis,
Es tiempo de Perón”

ERRRRP

Socialismo, Espacial y Popular
Socialismo, Espacial y Popular
Vengan proletarios
Vengan a bailar

Socialismo, Espacial y Popular
Socialismo, Espacial y Popular
Vengan proletarios
Vengan a bailar

Beijing ‘08: 100 metros con vallas y retenciones

In cuestiones de estado, economía, el tio Sam, medios on Agosto 8, 2008 at 1:48 pm

“Llama la atención un silencio compartido por unos y otros: nadie cuestiona a las políticas internas del gobierno chino, que por cierto es una de las peores dictaduras del mundo ahora objeto de deseo tanto de exportadores como de retencionistas. China está gobernada desde hace sesenta años por el mismo partido monopólico que a comienzos de la década de 1960 dejó morir de hambre a casi dos millones de personas por causa del fracaso de la política económica conocida como ‘gran salto hacia adelante’, que pocos años después provocó el asesinato de un millón y medio de opositores en la época de la ‘Revolución Cultural’, además de los doce millones de personas que fueron obligadas a hacer trabajos forzados en villas rurales a modo de educación ‘proletaria’; el mismo régimen que hace casi veinte años masacró a los estudiantes congregados en la plaza Tien-An-Men y que este mismo año reprimió, una vez más, al pueblo tibetano. Se sabe: negocios son negocios. No es algo nuevo: en la época del general Videla y del economista Martínez de Hoz el país se negó a unirse al embargo cerealero contra la Unión Soviética promovido por los Estados Unidos basándose en el lema ‘El enemigo (comunista) de mis amigos (liberales) es mi cliente’. Lo peor de todo son los falsos moralistas de la oposición, abundantes en programas periodísticos de la televisión y en columnas de opinión de varios periódicos. Que a notorias dictaduras se les venda trigo, carne o soja por motivos pecuniarios o políticos, o porque al país así le conviene, es comprensible, pero que tantos moralistas de fin de semana se irriten por la visita oficial del tiranuelo de Guinea Ecuatorial a Buenos Aires o por los raptos de prepotencia del comandante Chávez en tanto callan sobre los desmanes del nuevo cliente internacional de la Argentina resulta un ejercicio de hipocresía. Es gente de lengua bífida que prefiere negociar con dictadores de verdad y no con sus parodias en miniatura.”


- CHRISTIAN FERRER, Página/12, 16 de Junio de 2008.

A mover el dum-dum

In General, biopolítica, cuestiones de estado, medios on Julio 29, 2008 at 4:08 pm

No tienen norte, no tienen salvación
hacé el trabajo y redimilos, por favor
Que se mejoren allá en la eternidad…
(partíles el buñuelo y quitá mi pena así)

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, “Sheriff”

El 4 de julio (fecha patria a full), el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos Aníbal Fernández firmó la resolución 1.770/08, que permite a ciertos cuerpos especiales de la Policía Federal la utilización de proyectiles expansivos, más conocidos como de “punta hueca”. Esa bala, de altísimo poder de daño y letalidad, ha sido condenada y prohibida por la Declaración de La Haya y la Convención de Ginebra.
Este proyectil debe su efecto letal a una característica no menor: cuando impacta con un cuerpo, libera toda su energía. Es decir, no atraviesa el cuerpo sino que comienza a abrirse dentro de él.
¿Se acuerdan de Jean-Charles Menezes? Sí, se tienen que acordar. Era el brasileño que fue asesinado en Londres al ser “confundido” con un terrorista. Bueno, resulta que su cara de “poco londinense” le costó muy cara (valga la redundancia): cayó asesinado por estas inocentes balas conocidas como “dum-dum”.
Imaginamos que los muchachos de la Federal deben estar ansiosos por estrenar el chiche nuevo. La pregunta es: ¿cuándo? Estemos atentos.

Anibal Fernández

Por lo pronto, sabemos que los trabajadores de FATE, Pirelli y Firestone se muestran como firmes candidatos…

El elegido

In cine, cuestiones de estado, medios on Julio 8, 2008 at 9:26 pm

Podemos disentir ampliamente en lo que se refiere a la política, pero muy posiblemente estaríamos de acuerdo en algo: la necesidad de un cambio. Dos experiencias de esta semana se unen para hacerme una misma advertencia: ten cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

La noticia del día es que al monstruo sindicalista de Moyano, conductor de la CGT, se le ha presentado un frente opositor con el objetivo de destronarlo. Hasta ahí, la noticia podría ser considerada una de las buenas. La cosa cambia cuando reparamos en el hecho de que la disidencia está conducida nada más y nada menos que por José Luis Barrionuevo. Realidades del incorregible sindicalismo argentino.

El noticiero estaba cubriendo los dos actos al mismo tiempo: el de la ratificación de Moyano como secretario general de la CGT oficial, y el del lanzamiento de Barrionuevo en la nueva CGT “Azul y Blanca”. Mientras tanto, yo pensaba en la película Star Wars.

¿Por qué? Porque el domingo estaba viendo Episodio III y me llamó la atención un hecho fundamental en la historia de la saga creada por George Lucas: el joven Anakin Skywalker es “el elegido”, el que según cuenta la leyenda, “traerá equilibrio a la fuerza”. En Episodio I y II, estamos ante el período dorado de los Jedis. Por lo tanto, “el equilibrio” no significa otra cosa más que la caída en desgracia de estos nobles caballeros de sable láser. El resultado ya todos lo conocemos: el pequeño e inocente Anakin termina convirtiéndose en el temible y despótico Darth Vader.

Para que esto no parezca una simple reflexión en voz alta, es necesario ensayar algunas conclusiones: las fuerzas tradicionales de la política necesitan el cambio constantemente para sostenerse. Ese cambio sólo se produce entre las altas esferas del poder. El cambio en sí, no es necesariamente deseable. En fin. Lo dicho no es nada nuevo ni brillante, pero nos recuerda una vez más algo que deberíamos tener presente siempre: ten cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

Cuando sólo queda la palabra

In cine, cuestiones de estado, medios on Julio 7, 2008 at 7:48 pm

Sobre “La Antena”, de Esteban Sapir.

 

En alguna época incierta, y en una ciudad desconocida, una tiranía de la imagen ha privado del habla a todos los habitantes. Esta tiranía está encabezada por el maléfico Mr. TV, un tenebroso personaje que monopoliza los medios masivos, al igual que el resto de los productos que se consumen. Mr. TV secuestra a la única persona que está dotada de voz, una mujer sin rostro, para asegurarse que la tiranía de la imagen no sucumba. De esta manera, el control parece absoluto. Parece. Porque esta mujer sin rostro tiene un hijo sin ojos que ha heredado la capacidad de emitir voz. Este niño se convierte en la esperanza de la resistencia, conformada por un grupo de personas que comprenden con tristeza que están privados de la facultad de producir sonidos, pero que también son concientes de un hecho irrefutable: les queda la palabra.

 

Este universo creado por Esteban Sapir funciona como una gran metáfora del rol que cumplen los medios masivos de comunicación en estos tiempos, tiempos de la “sociedad de la información”. Mr. TV, interpretado por Alejandro Urdapilleta, representa la tendencia monopólica de los medios. No sólo es el único que puede emitir mensajes a nivel masivo, sino que además intenta arrebatarle la palabra a los “espectadores”. El último recurso que éstos disponen es mantener bajo su protección al niño que ya empieza a ser buscado por la peligrosa policía de Mr. TV.

 

Es entonces cuando un ex empleado de Mr. TV, un reparador de televisores encarnado por Rafael Ferro, se propone volver a poner en funcionamiento la antena. La antena es el medio por el cual intenta expresarse la resistencia. En una ciudad colapsada de pantallas y carteleras que ya parece más bien la escena en la que se interpreta la obra de Mr. TV, la aparición de un nuevo medio –y con un nuevo mensaje­– amenaza con destruir el andamiaje que sostiene al poder. Con el conflicto desatado, la aventura de la resistencia tendrá un desarrollo plagado de dificultades.

 

Dejando de lado lo que respecta a la historia que narra la película, es necesario hacer una mención especial para su estética. Filmada en un blanco y negro exquisito, “La Antena” ofrece una imagen muy fuerte en lo expresivo, acompañada de una fotografía impecable. Al narrar una historia necesariamente muda, apela al lenguaje cinematográfico en su versión más pura, es decir, explotando el potencial narrativo de la imagen. De hecho, el propio Sapir asegura haberse basado en los films mudos de Murnau, Fritz Lang, Vertov o Eisenstein. No es un dato menor señalar que el director y guionista de “La Antena” tiene una extensa carrera como director de fotografía.

 

El elenco se completa con Valeria Bertuccelli, Julieta Cardinali, Florencia Raggi, Sol Moreno y Jonathan Sandor. “La Antena” fue rodada en 2004, pero por lo complejo de su edición y postproducción, fue presentada en 2007. Es una película indudablemente noble, una obra que clava los talones en las arenas del “séptimo arte”.

La Antena poster

El conflicto con el campo y la opinión pública

In cuestiones de estado, medios on Julio 2, 2008 at 1:57 am

Generalmente, cuando se evalúa la validez de los sondeos de opinión pública, se observa el cumplimiento de una única condición: el rigor metodológico tanto en la recolección como en el análisis de los datos. Sin embargo, Pierre Bourdieu sostiene que con esto no basta y que, de hecho, “la opinión pública no existe”*.

“Toda encuesta de opinión supone que todo el mundo puede tener una opinión; o, en otras palabras, que la producción de una opinión está al alcance de todos. Aun a riesgo de contrariar un sentimiento ingenuamente democrático, pondré en duda este primer postulado. Segundo postulado: se supone que todas las opiniones tienen el mismo peso. Pienso que se puede demostrar que no hay nada de esto y que el hecho de acumular opiniones que no tienen en absoluto la misma fuerza real lleva a producir artefactos desprovistos de sentido. Tercer postulado implícito: en el simple hecho de plantearle la misma pregunta a todo el mundo se halla implicada la hipótesis de que hay un consenso sobre los problemas, entre otras palabras, que hay un acuerdo sobre las preguntas que vale la pena plantear.”

Entonces, tomando como marco teórico el citado texto de Bourdieu, es válido trasladar esta cuestión a una situación concreta, y formular las siguientes preguntas sobre las encuestas de popularidad de Cristina Fernández de Kirchner:

  • ¿todas las personas que contestan tienen una opinión?
  • ¿tienen el mismo peso la opinión de un analista político y la de alguien que –paradójicamente– no tiene una opinión definida?
  • ¿los encuestados coinciden en que lo que se le pregunta es un tema de relevancia?

La respuesta a todas estas preguntas es la misma: no. Porque lo que interesa es “imponer la ilusión de que existe una opinión pública” que funcionaría como legitimadora de ciertas políticas. En este caso, al realizarse en un período de “crisis” por el conflicto del campo, las encuestas sobre la popularidad de Cristina Fernández de Kirchner buscan dar muestras del apoyo que tiene la política del gobierno o, por el contrario, mostrar cómo este apoyo se ha debilitado.

Por consiguiente, ¿cómo es posible que las diferentes encuestas sobre la imagen de la Presidenta ofrezcan resultados tan dispares? En primer lugar, está la cuestión de la representatividad. Las consultoras coinciden en que la imagen de la presidenta, al igual que la de su esposo, aumenta en el interior del país y disminuye en los grandes centros urbanos. Pero el problema radica en que un sondeo que incluya el interior profundo es muy costoso, una cifra cercana a los $100.000 que sólo el gobierno suele pagar. Es decir, sólo el gobierno encarga las encuestas que más lo favorecen. En segundo lugar, está, efectivamente, la cuestión metodológica. Poliarquía, por ejemplo, es una de las consultoras que opta por incluir la categoría “regular” en sus encuestas. Esto tiene un efecto directo que consiste en aumentar el volumen de las personas que juzgan como positiva o negativa la imagen de la presidenta. En cambio, Analía del Franco, titular de Analogías, sostiene: “yo no uso escalas impares para que la gente no se refugie en el punto medio”. Analogías mide la imagen presidencial con muy favorable-favorable-desfavorable o muy desfavorable.

DATOS PUBLICADOS EN PÁGINA/12 (25/05/2008 )

En este sentido, los resultados son elocuentes. Poliarquía afirma que la imagen presidencial cayó 20 puntos desde que se inició el conflicto. Según Alejandro Catterberg, director de la consultora, “el conflicto con el agro se sumó a la creciente preocupación que genera el proceso inflacionario en la sociedad y causó un aceleramiento en el cambio de humor social que se venía observando desde el 2007″. Por oposición, Analogías sostiene que el gobierno sigue manteniendo un amplio apoyo. Un dato no menor: Analogías muestra en su página de Internet que entre sus clientes figura el Ministerio de Defensa de la Nación.

Otras consultoras cuyas cifras reflejaron estas diferencias son la “opositora” Management & Fit (de Guillermo Seita) y las “oficialistas” Equis (de Artemio López), CEOP (de Roberto Bacman) y OPSM (de Enrique Zuleta Puceiro). Los resultados indican que la imagen positiva es de 25 puntos para las consultoras “opositoras”, y de entre 46 y 60 puntos para las “oficialistas”. 

Es llamativo cómo esta situación se trasladó a los principales medios gráficos del país. Perfil, un medio reconociblemente opositor, habla de “números cristinistas” para referirse a las encuestas que mejor posicionan a la Presidenta. El pasado 25 de mayo publicó dos encuestas, hechas por Management & Fit y por la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en las que se habla de a penas un 25% de imagen positiva. El columnista Edi Zunino agrega: “esos datos quedan confirmados –y los oficiales, desmentidos–” sin otro argumento que las cifras de las encuestas pagadas por Perfil.

Página/12 se encarga de aclarar que el consultor Felipe Noguera trabaja desde hace más de un año para la Sociedad Rural, y en un artículo publicado el 18 de mayo lo describe como “asesor de imagen del lockout agrario y viejo especialista en campañas electorales de derecha”.

El diario Clarín, por su parte, destaca que la Casa Rosada estuvo “rápida de reflejos” para salir a responder con cuatro encuestas a los tres sondeos que marcaban la caída. Aquí es cuando se revela el carácter eminentemente político-instrumental de las encuestas de opinión pública.

Las problemáticas que proponen las encuestas de opinión están subordinadas a intereses políticos, y esto pesa enormemente tanto sobre la significación de las respuestas como sobre la significación que se le confiere a la publicación de los resultados. La encuesta de opinión es, en el estado actual, un instrumento de acción política; su función más importante consiste, quizá, en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como sumatoria puramente aditiva de opiniones individuales; en imponer la idea de que existe algo que sería como la media de las opiniones o la opinión media.”

Cuando se habla de “opinión pública”, entonces, y se dice por ejemplo que el 64% de la población está de acuerdo con las políticas de Cristina Fernández, se está dotando al Ejecutivo de un artefacto formidable: el gobierno puede salir a decir que la mayoría de la población está de acuerdo con sus medidas y que, por lo tanto, la política de retenciones móviles es justa y debe ser implementada. Sin embargo, detrás de esta lógica aparentemente simple se esconde una operación que consiste en “congelar” en un determinado momento el estado siempre volátil de la opinión.

La política, desde el punto de vista de Bourdieu, no es otra cosa que un constante enfrentamiento de fuerzas. Siempre hay una fuerza que se impone por sobre las demás, y para perdurar debe estar acompañada por un discurso que la legitime. En este caso, las fuerzas que se enfrentan son, por un lado, un fuerte sector económico y, por el otro, el Estado mismo; cada uno con sus intereses. Es un choque entre poderosos y ése probablemente sea el factor que le ha dado tanta duración y resonancia al conflicto.

La construcción de una “opinión pública” juega aquí un papel fundamental: el sector que la tenga de su lado, será el sector que podrá arrogarse el derecho de ejercer “legítimamente” su fuerza. Por lo tanto, no importa si “la opinión pública” no existe, su potencia radica en resultar verosímil.


* BOURDIEU, Pierre (1984) “La opinión pública no existe” en Sociología y cultura, México, Grijalbo, 1990.

26 del 6

In cuestiones de estado, efemérides, medios on Junio 26, 2008 at 1:56 am

“A esos negros de mierda hay que matarlos a todos”

– Comisario Alfredo Fanchiotti, 26 de Junio de 2002.

Dar�o y Maxi

[Maximiliano Kosteki, en el piso de la estación Avellaneda, auxiliado por Darío Santillán. Detrás, el cabo Acosta y el comisario Alfredo Fanchiotti, armas en mano.]

Comedia

In efemérides, marx, medios on Junio 14, 2008 at 3:56 pm

“¿Era Marx quien decía que la historia se repite, sí, pero la segunda vez como comedia? Hay formas recientes de publicidad callejera que recuerdan a Hitler, pero esta vez tratando de vender una rifa, o una entrada para el circo”


- Mario Levrero, Interrupciones II, 2001
. (Citado por Damián Tabarovsky en Perfil.)

Charly, atrapado sin salida.

In biopolítica, medios, música, videoteca on Junio 13, 2008 at 12:51 am

¿Qué se puede decir sobre Charly García que no se haya dicho a lo largo de esta semana? Sin duda, mucho. Pero nunca lo suficiente.
Su obra, desde los años (no tan) inocentes de Sui Géneris hasta su último disco (Kill Gil, que oficialmente aún no fue editado pero circula en la red desde hace meses), es tan rica en extensión como en calidad. Se puede decir sin vacilar que sus canciones han sido una fuente permanente de emociones para millones de personas que hablan esta lengua. Y sin embargo, dicen que está loco, que es un estúpido, que ya no es el que era.

¿Qué es el pasado en nuestra vida?
¿Por qué ese peso sigue aquí?*

Se olvidan, Charly, que vienen diciendo lo mismo desde hace décadas. Que también te expulsaron del servicio militar porque para ellos vos estabas loco. ¿No se les ocurre siquiera pensar que, tal vez, sea ésta una nueva forma de la genialidad? ¿Habrán escuchado tus últimos discos? No, ellos no, para ellos ya estás pasado de vuelta. No te entienden.

Un accidente no es pecado,
y no es pecado estar así.

Te quieren normalizar, Charly. Para que los empresarios puedan contratarte con la garantía de que van a cobrar cada uno de los pesos que inviertan, y muchos más. Para que vayas a los megafestivales auspiciados por cervezas, gaseosas y celulares; para que actúes en sus circos y te vayas sin chistar. Así no les servís, Charly, ése es el problema. Necesitan vaciarte y que seas como ellos quieren.

No sé qué droga te arenga más que yo,
pero esta lluvia no pasó…
Estoy llorando aquí por vos.

¿Quiénes somos nosotros para pedirte algo, Charly? A vos que tantas alegrías nos diste. Por mi parte, sólo te digo gracias. Infinitamente gracias por cada una de tus sublimes canciones, desde la primera de Sui hasta las que puedan llegar a venir. Y si se te antoja dejar la música y este pequeño e insignificante mundo, voy a ser el primero en lamentarlo. Pero, ¿sabés qué?, voy a tratar de descifrar, con o sin éxito, qué nueva genialidad estás preparando.

Pero aquí estoy en este lado,
por eso déjame salir,
yo solo quiero tu vivir.

* Cada uno de los versos intercalados pertenece a “Maradona blues”, canción inédita con la que Charly García le dedicó su amor al otro astro incomprendido.

¿El cuarto poder?

In cuestiones de estado, efemérides, frases, medios on Junio 7, 2008 at 8:18 pm

“La información es una mercancía más que los grupos comandan junto con empresas de cualquier tipo y factor. Una de las estupideces más patéticas de todos los tiempos, pero fundamentalmente de éste, es citar al periodismo como el ‘cuarto poder’. Porque no hay ni el cuarto ni el quinto ni el décimo. Hay el Poder a secas, y es uno solo porque responde a la lógica de dominación de clase, de propiedad de los medios de producción y de acumulación de la tasa de ganancia.”

- Eduardo Aliverti, “En el día del periodista”. Página/12, 7 de Junio de 2004.

PD: ¿no es una casualidad que Neustadt haya muerto justo en esta fecha? Pinochet murió el día que en Argentina se “celebra” el día de la democracia. No somos supersticiosos, pero…

1° de Mayo

In anarcos, efemérides, medios on Mayo 2, 2008 at 11:21 am

“Altas, flamearon ayer las simbólicas banderas en el espacio inmenso de las agitaciones proletarias. Rojas banderas de ensueño, fuertes insignias de combate, heraldos de justicia y libertad.”

La Protesta, 2 de mayo de 1906.

Los medios en la masacre de Avellaneda

In cine, cuestiones de estado, medios, videoteca on Abril 23, 2008 at 2:32 pm

La crisis causó dos nuevas muertes” analiza y reconstruye la Masacre de Avellaneda, ocurrida el miércoles 26 de junio de 2002, en la que Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados por la policía. El documental se centra en los hechos, pero sobre todo indaga en las maniobras políticas del gobierno de Duhalde y en la manipulación de la información por parte de los grandes medios de comunicación.

El nombre del documental se corresponde con el título del diario Clarín en su edición del día posterior a la masacre, en un intento por “despegar” a la policía y al gobierno de lo ocurrido. Además, se pueden ver entrevistas entre los realizadores y los responsables de los medios gráficos. Sorprende la manera en que los responsables del diario Clarín (aquí Julio Blank “se roba” la película) de la fecha en cuestión intentan inútilmente justificar o dar explicaciones de por qué se decidió ese título y por qué las fotos que más involucran al comisario Fanchiotti y al cabo Acosta tardaron 36 horas en ser publicadas.

Tapa de Clar�n

La propuesta de los directores, Patricio Escobar y Damián Finvarb, es valiente e incómoda. Pone el ojo en un situación compleja, develando que la dirigencia política y la policía son susceptibles de crítica, pero ¿y los medios?, ¿quién controla a los medios? En este vacío se sitúa “La crisis causó dos nuevas muertes”, para decir lo que los medios silencian en complicidad recíproca. Es una invitación a reflexionar sobre el obscuro mundo de las relaciones entre el poder y los medios de comunicación, pero no sólo eso. En el fondo, pone al espectador en una situación que difícilmente pase inadvertida: los aparatos que encubrieron los hechos siguen vigentes, pero la lucha de Darío y Maxi, también.

TRAILER:

Afiche

¡Sumate!

In economía, frases, iniciativas, medios on Marzo 12, 2008 at 1:36 pm

Las empresas de comunicación todavía están dando el grito de “¡eureka!”. No es para menos. En una etapa de la economía global en la que las empresas hacen lo imposible por reducir los costos de producción, han encontrado la fórmula para generar más información sin la necesidad de contratar a más empleados: ahora, ¡VOS podés enviar tu noticia!

Si querés cobrarte tus 15 minutos de fama, tenés alma de botón, o simplemente te gusta trabajar gratis:

TN

oficialismo independienteTN

El número de las noticias: 4999-0000. Mail: mensajes@tn.com.ar

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Teléfono: 5555-0005 – NEXTEL: 176*5555
Envíanos todo tipo de información:
accidentes de tránsito, denuncias, situaciones curiosas y aquello que consideres importante.
Tu noticia puede estar acompañada por una foto que tomaste con el celular.

fotos@c5n.com
También podés agregar un video al mensaje multimedia

videos@c5n.com

…uno esta tentado a invertir la tesis XI de Marx: hoy la primera tarea es precisamente no sucumbir a la tentación de actuar, de intervenir directamente y cambiar las cosas (qué nos conduciría entonces inevitablemente al final de un callejón sin salida, a una debilitadora imposibilidad: “¿qué puede uno hacer contra el capital global? “), sino cuestionar las coordenadas de la hegemonía ideológica. Si hoy uno sigue directamente el llamado para actuar, este acto no se realizará en un espacio vacío – será un acto DENTRO DE las coordenadas de la hegemonía ideológica: aquellos que “realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente” se involucran en (indudablemente honorables) hazañas como el de los Medecins sans frontiere (Médicos sin frontera), Greenpeace, feministas y campañas anti-racistas, todas las cuales no son sólo toleradas, sino incluso apoyadas por los medios, aun cuando ellos entran aparentemente en el territorio económico (diciendo, denunciando y boicoteando a compañías que no respetan las condiciones ecológicas o qué usan mano de obra infantil) – ellos son tolerados y apoyados con tal de que se mantengan dentro de un cierto límite. Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de la interpasividad, de hacer las cosas no para conseguir algo, sino para PREVENIR algún verdadero acontecimiento, de un verdadero cambio. Todo lo frenéticamente humanitario, políticamente correcto, etc., es una actividad que encaja con la fórmula de “¡sigamos cambiando algo en todo este tiempo para que, globalmente, las cosas permanezcan siendo las mismas!”


Slavoj Žižek, “Repetir a Lenin”

Manifestoon

In el tio Sam, marx, medios, videoteca on Enero 14, 2008 at 5:14 pm

Una versión más que interesante de un texto fundamental: el Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels.


Digan ustedes si no es fuertemente simbólica esta imagen:

La pregunta desafortunada

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, medios, revistas on Diciembre 27, 2007 at 4:36 pm

“Muchos militantes murieron por efecto de la ‘pastilla’. Sin embargo, ya en 1977, el personal de algunos campos sabía cómo neutralizar el efecto del cianuro y podía revivir a una persona ‘empastillada’. Obviamente pasaba del médico al torturador; sacar a alguien del envenenamiento ya había insumido un tiempo importante, por lo que la tortura se ‘debía’ aplicar de inmediato e intensivamente para obtener información”

Pilar Calveiro, “Política y violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años ’70″, Norma, Buenos Aires, 2006, p. 181.

Post dedicado a Sebastián Abad y Rodrigo Páez Canosa, de Ñ, que unos meses atrás se preguntaron: “¿Es útil la noción de biopolítica para intervenir en nuestra sociedad?
Nosotros preguntamos: ¿habrá una pregunta más desafortunada?