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Micky Vainilla y la voz en off

In biopolítica, documentos de cultura, eufemismos, medios, microfascismos, videoteca on Octubre 21, 2009 at 12:06 am

Por Matías Muraca

Diego Capusotto y Pedro Saborido irrumpen, desacomodan y movilizan varias cosas todos los lunes a la noche en la televisión pública. Sus personajes gritan cosas para que se escuchen, ponen en evidencia no una, sino múltiples Argentinas, refieren a nuestros presentes e interpelan el pasado reciente.

Uno de los sketchs más interesantes para pensar nuestra sociedad es “Micky Vainilla”. Micky es la encarnación de un cantante pop que es nazi. No sólo tiene el típico bigotito de Hitler y se peina con el flequillo cayendo laciamente hacia la derecha, sino que todos sus temas poseen contenidos racistas y xenófobos. Vainilla es un cantante pop que sólo quiere “ver a los chicos bailar y divertirse”, sin conflictos, sin política. Aparece, sin embargo, otro personaje casi contrabandeado que, desde detrás de las cámaras, interpela metódicamente a Vainilla, se trata del entrevistador indignado que denuncia: la voz en off. Este segundo personaje cuestiona democrática y progresistamente la autenticidad fascista de Micky, denuncia punto por punto los aspectos más agresivos del cantante pop. El entrevistador es una prudente voz moral escandalizada frente al cantante nazi. Ante el cuestionamiento del peinado, del bigotito y de los actos con esvásticas, nuestro músico responde banalmente, volviéndose él mismo banal. Vainilla es inverosímil, increíble, sus respuestas bobas muestran al nazi que sólo niega, acorralado, las acusaciones morales del entrevistador. Este momento, podríamos decir, de nazismo epidérmico es eficazmente condenado por la voz.

Sin embargo, la necesidad de realizar una crítica de la voz se presenta no con el nazismo evidente, sino cuando ella se topa con el fascismo argumentado del músico pop. Vainilla, con su justificación liberal, de derecha y reaccionaria, al mejor estilo “roban pero hacen” se enerva ante las críticas bienpensantes de la voz y arremete con una contraargumentación: “¿Vos sabes lo que estamos haciendo con lo recaudado?”, increpa gravemente. El entrevistado se convierte en interrogador y ataca a la voz que, incapaz de resistir, claudica, consiente y dice: “Ah… no, no sabía”. Ya no importa que lo que se hace con lo recaudado es un basural para que los niños pobres revuelvan en vacaciones de invierno, ni un viaje al otro lado de la frontera para que visiten a sus parientes y no vuelvan o un muro simplemente para que “no los veamos”. El fascismo argumentado denuncia la pobreza de la voz. La contraargumentación incontestada presenta así el consentimiento progre de una voz que hasta unos momentos sentíamos como propia. Es justamente en ese punto cuando el sketch se sale de la ficción y mete los pies, de lleno, en el barro de nuestra sociedad posmenemista.

En ese momento nos convertimos en partícipes de la ficción o, al revés, la ficción se convierte en realidad. Lo que Vainilla había anunciado en sus primeras presentaciones “mi música le gusta a la gente de Buenos Aires”, se confirma cuando interviene la voz con su cuestionamiento moral para enseguida quedarse sin palabras. Cuando la voz, ya la gente, delata sus propios límites, consiente y hace propios (al callar) los argumentos de Micky. Es ahí cuando Micky se convierte en uno de los espejos posibles de nuestra sociedad. Un espejo que nos grita, grotescamente, algo que no es muy bonito. Nos dice que a la gente y a la familia de Buenos Aires nos gustan sus canciones (xenófobas, fascistas) y básicamente él, que es nazi. Pero nos dice además, malamente, que esta sociedad, o parte de ella, suficientemente culta para identificar al nazi y rechazarlo, es también lo suficientemente pobre, tonta, como una vaca que se ve venir al matadero, cuando ese nazismo nos da una argumentación, un “roban pero hacen”. Ahí, la voz (y la sociedad) parecieran claudicar y consentir. En ese silencio de la voz (ya nuestro) todos los temas de los videos de Vainilla se convierten en temas de la voz, de la gente.

Fuente: Página/12.

Alfajor y monedas

In documentos de cultura, economía, medios, revistas on Junio 22, 2009 at 7:39 pm

Un acercamiento a los posibles significados de un fenómeno sumamente actual y complejo. Y la propuesta de ensayar una lectura en clave de sus correlatos en la cultura masiva.

Cada tanto, cada una cierta cantidad de años, aparece una expresión capaz de aprehender la realidad de un manotazo. De modo poco riguroso pero con una precisión que asombra, el espíritu de una época queda resumido en pocas palabras. Alguna vez fue “pizza con champagne”, otra fue el “todo por dos pesos”, también la “plata dulce” o el “deme dos”. Con origen en los medios y/o en la clase política, a veces de origen incierto, este tipo de expresiones comienzan a circular rápidamente hasta instalarse definitivamente en el vocabulario popular y cotidiano. Esta era ha recibido el nombre de “alfajor y monedas”.

La expresión es bien conocida por quienes utilizan el colectivo a diario. En los grandes puntos de concentración poblacional y alrededor de las principales paradas de colectivos se pueden ver vendedores ambulantes comercializando una mercadería exótica, escasa y difícil de hallar –¡características propias del caviar!–: las monedas. Con la particularidad de que quien las desee, deberá comprar alfajores (en algunos casos pueden ser pastillas o caramelos, pero eso es lo de menos). Así, un billete de diez pesos puede convertirse, a través de una rara pero eficaz alquimia, en ocho monedas de un peso y dos alfajores.

Esta nueva convertibilidad dice mucho sobre los años que se están viviendo. Sobre todo, pesa la inflación: para viajar desde José C. Paz hasta Martínez, el pasajero debe subir al 365 con la suma de dos pesos con sesenta. Si se dirige hacia su trabajo y, por lo tanto, tiene que hacer el mismo viaje cinco días a la semana (ida y vuelta), necesitará una carretilla llena de monedas para afrontarla.

Por otro lado, “alfajor y monedas” habla de la precariedad laboral. Bajo la siempre tramposa idea de que los períodos de crisis (¿son sólo “períodos”?) son también tiempos de oportunidades, ha nacido el vendedor de monedas. Es el encargado de vender el metálico y de seleccionar la golosina que viene con el combo. Su figura está sospechada de esconder un negocio espurio que involucra a las empresas de transportes y a los bancos, pero los viajantes no tienen más remedio que recurrir a él. “Alfajor y monedas” es, para estos personajes, una forma de ganarse la vida.

Ahora bien, volviendo al tema de las épocas, está claro que sus límites son difusos. Para pensarlo históricamente, valga el ejemplo absurdo: nunca los hombres se juntaron para anunciar “bueno, a partir de hoy empieza el Renacimiento”. Porque si bien es cierto que los períodos históricos suelen tener límites más o menos establecidos por hechos concretos, tampoco es falso que tengan algo de arbitrariedad. De hecho, en muchos casos los períodos se superponen y coexisten en torno a ciertos lugares y a ciertas personas. Es decir, el espíritu de una era sigue teniendo sentido en torno a algunas instituciones y eso lo hace perdurar a pesar de que a nivel general esa era se encuentre superada.

Esto se puede ver claramente en los medios de comunicación. Lo bizarro de los años no tan lejanos en los que containers de productos de dudosa utilidad y calidad eran vendidos al módico precio de dos pesos, fue plasmado en clave de comedia en el recordado programa de Diego Capusotto y Fabio Alberti, “Mario” y “Marcelo” respectivamente, llamado inequívocamente Todo x 2$. Hoy visto, el programa parece no haber perdido ese poder paródico que lo caracterizaba.

La era de la “pizza con champagne” –símbolo de un país que elegía producir menos y consumir más– ha dejado, quizás, la huella más visible. Hay programas que aún encarnan ese espíritu: los de Susana Giménez y Marcelo Tinelli son el mejor ejemplo. Con una puesta en escena que poco puede envidiarle a los shows internacionales; con luces, pantallas y papelitos (calificados por los conductores siempre con la misma palabra: “¡impresionante!”), con invitados “de lujo” y una estética de la exuberancia como si estuvieran transmitiendo en vivo desde Miami.

Tal vez el caso paradigmático sea el de La noche del 10, ya que fue conducido por el eterno símbolo, a la vez, de lo popular (la pizza) y la ostentación (el champagne). Se podría asegurar que Maradona fue convertido por Suar y compañía en el grito nostálgico de una era que se resiste a morir. El sociólogo y antropólogo Georges Balandier dice en El poder en escenas (Paidós) que “el bufón se debe al papel que su personaje le impone, de manera que es sólo su palabra la que es libre”. Diego puede hablar bien de Fidel y mal de Bush, pero el show debe seguir.

Finalmente, hay que tener en cuenta que se trata de un fenómeno demasiado actual, demasiado cercano, y que todavía no se deja comprender en todas sus dimensiones. Mientras tanto, valdría la pena hacer el ejercicio de descifrar en qué lugares y bajo qué modalidades la cultura masiva y mediática se ofrece con las características del nuevo signo distintivo de estos tiempos. Es decir, habría que distinguir, en la cotidianeidad y en los medios, qué es alfajor y qué es moneda.

Jugando con Capusotto y Saborido

In documentos de cultura, medios, música on Junio 13, 2009 at 3:20 pm

El jueves pasado tuve la oportunidad de asistir a la jornada “Capusotto: realidad nacional, política y cultura”, en la UNGS. En las primeras mesas hubo trabajos realmente muy interesantes, destacándose los de Rocco Carbone, Gustavo Aprea y Matías Muraca, quienes describieron y desmenuzaron los geniales -y complejos- personajes de Peter Capusotto y sus videos.

Para el cierre estuvieron presentes los grandes responsables de todo esto, Pedro “Peter” Saborido y Diego Capusotto, dando muestras de que en realidad conforman un monstruo creativo de dos cabezas. Capusotto es bien conocido por todos, escucharlo hablar es garantía de carcajadas. Por otro lado, también sabemos que resulta muy interesante cuando habla en serio. Lo asombroso es que Saborido es prácticamente igual. Ambos siguen esa línea de humor tan particular y, a la vez, tienen una capacidad de abstraerse y distanciarse de sí mismos para pensar lo que hacen desde una perspectiva crítica. Casi me olvido de contar que en la mesa final también estuvo Horacio González, que -creo yo- supo entender el juego y se dedicó más a cagarse de la risa que a comentar.

Personalmente, me llamó la atención algo que Capusotto dijo sobre Pomelo (a mi gusto, uno de los personajes menos buenos del programa) y que se me había pasado completamente desapercibido: no hay canciones de Pomelo. Y precisó: “la música para él es un obstáculo a superar”. Que el rock se convirtió en un gran negocio es sabido prácticamente desde sus inicios. Pero Capusotto se refería a otra cosa: el rock es una excusa. Hoy, en distintos ámbitos, lo que manda está después del acontecimiento. Sin importar en lo que esto consiste, lo que se busca está en los diarios del día siguiente.

Se dice que basta con escuchar dos segundos a vedettes, modelos o actrices (lugares comunes a los que se descalifica con facilidad) para comprobar que la actividad no tiene un sentido en sí misma; lo único que importa es la fama, el dinero y vender. Pero la fuerza de esta cultura del éxito por el éxito mismo parece destinada a contaminar cada uno de los sectores que anteriormente eran reconocidos por su capacidad de construir sentido. Nadie dudará en poner al fútbol en esa senda y, si no, presten atención a la siguiente declaración de Caruso Lombardi (DT de Racing): “Tenemos alma y corazón, nos falta fútbol”. Es como si un pintor dijera: “tengo pinceles y pinturas, lo que me falta es saber pintar”.

Todo es un “obstáculo a vencer”: el fútbol para algunos DT´s, la actuación para algunos actores, la música para algunos rockeros…  Hay mucho de falso hedonismo, pues se disfruta el fin y no los medios. Pero también hay más: para Francisco de Narváez, las elecciones son el obstáculo a vencer (el objetivo es consolidar su poder fáctico). El obstáculo de Alan García, los indígenas.

Por lo cual, me atrevo a preguntarme si existe la posibilidad de que, en lugar de que los valores hayan quedado suspendidos en el aire, éstos no serán los obstáculos de una arremetida que no conoce límites. Las posibilidades de sucumbir ante el desencanto son muchas, pero en algunas cosas soy un creyente y creo que el juego debe seguir siendo el motivo por el cual se juega.

Se me ocurre que tal vez mi pensamiento esté cargado de nostalgia, de deseos por conservar algo que alcanzó un punto de no retorno. No obstante, las excepciones son muchas y es en ellas donde me apoyo. González dijo -seguramente con otras palabras- que quizás Capusotto y Saborido nos estén devolviendo un nuevo concepto de la comunidad: somos aquellos que nos encontramos en los lugares marginales. Es decir, aquellos que tomamos lo que para algunos es un obstáculo, como el mismísimo juego.

Bombita contra los burócratas sindicales del espacio

In cuestiones de estado, medios, videoteca on Octubre 3, 2008 at 10:54 pm

Vea a Bombita Rodríguez surcando el espacio tratando de resolver una interna en el movimiento, después de que el General le encarga por separado a tres sectores la misma misión.

 

Sí, Bombita contra los burócratas sindicales del espacio. 

Dedicado a Pulidor de Lentes que hizo un post poniendo en duda la llegada del hombre a la Luna. Ahora sí, la Luna es de Perón. Un pequeño paso del hombre, y un gran paso para este movimiento nacional y popular.

 

Que lindo, que lindo
Que lindo que va a ser
El cosmos Socialista
Sin un solo burgués

Planetas alineados
Gritan y alzan la voz
Y dicen “Fuera Yankis,
Es tiempo de Perón”

ERRRRP

Socialismo, Espacial y Popular
Socialismo, Espacial y Popular
Vengan proletarios
Vengan a bailar

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Vengan proletarios
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