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Doña Rosa y la soledad

In cuestiones de estado, medios, revistas on Abril 22, 2009 at 10:58 pm

[La estructura de propiedad de medios consolidada a lo largo de los ’90 favoreció concepciones sobre el rol del Estado en el nuevo esquema neoliberal. Un “periodista estrella” de esta época asumió la tarea de masificar los discursos del poder.]

“Yo necesito a Doña Rosa, porque necesito un interlocutor más allá de la cámara o del micrófono (…). Le tengo miedo a la soledad. Doña Rosa es una persona que se me hizo carne. Si pensaba en ella podía trabajar para ella”.

- B.N. (05/10/1998)

Al morir Bernardo Neustadt, en junio del año pasado, pocos se preguntaron por el destino que le deparaba a su espectadora más fiel: Doña Rosa. Esta mujer simple y de clase media, preocupada por el mal funcionamiento de los servicios estatales, e indignada por los escándalos de corrupción de la clase política, se convertiría en su interlocutora privilegiada.

Neustadt la había creado a imagen y semejanza del sujeto económico deseable, para –directamente desde el núcleo del poder– llevar el discurso económico del neoliberalismo a la mesa de las masas televisivas que se congregaban a ver Tiempo Nuevo.

Desde fines de los ‘80 y hasta 1998, ese programa (que inmediatamente recuerda al exquisito bandoneón de Astor Piazzolla) fue el que le permitió desempeñar su papel profesional más significativo. Al ser consultado en una entrevista, aseguró: “pude hacer campañas para renovar el repertorio argentino económico mental, explicarle a la gente que podíamos tener un país abierto, que en los teléfonos no estaba la patria ni la bandera ni la soberanía. Que se podía comprar un auto financiado sin necesidad de pagarlo antes y recibirlo después. (…) Tuve muchos problemas, recibí algunas agresiones, pero la idea germinó y hoy tenemos un país abierto” (“Yo fui coherente, la realidad no fue coherente”, Página/12, 05/10/1998).

El papel que jugó Neustadt está íntimamente vinculado con lo que Gabriel Vommaro describe como el “ascenso de los periodistas como categoría mediadora -de ‘la sociedad’ y hacia ‘la política’” (“Mejor que decir es mostrar. Medios y política en la democracia argentina”, editado por la UNGS y la Biblioteca Nacional). Este ascenso, a su vez, está relacionado con una serie de transformaciones en la estructura de propiedad de los medios que tiene lugar en el denominado período de transición democrática (salida de la dictadura y fines de los ‘80).

Vommaro sostiene que “la concentración de la propiedad de los medios fortalece una mirada moral sobre ‘la política’ porque evita hablar, al mismo tiempo, de las prácticas ilegales en otros ámbitos, como el de la gran empresa: los auspiciantes tienen un poder de veto que no tienen los políticos”.

Por lo cual, hoy Doña Rosa no tiene a nadie que la interpele desde los medios para decirle que la empresa que le brinda su servicio telefónico es ineficiente, o que en los trenes, privatizados, se viaja en pésimas condiciones y probablemente dejarían de funcionar si no fuera por los subsidios del Estado. Bernardo ya no está, y –como si fuera capaz de tal cosa– no reconocerá las consecuencias nefastas de la euforia privatizadora que tanto alentó y ayudó a digerir.

La censura política de otros años ha sido reemplazada por la mucho más anónima influencia de los agentes económicos y su capacidad de lobby. Según la lógica imperante de los medios, sería suicida investigar y denunciar hechos de corrupción en los que participen los principales gerentes de las empresas que pagan publicidades.

Por eso, ante esta situación, resulta imprescindible reformular la estructura de propiedad de medios. Medidas tendientes a limitar la cantidad de licencias en manos de privados, y a garantizar que accedan a ellas actores de la sociedad civil, harían que el control de la información deje de ser prerrogativa exclusiva de los grandes grupos económicos; y se descuenta lo que se ganaría en transparencia.

Doña Rosa no lo sabe, pero en el debate sobre la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual puede estar la solución a muchos de los problemas en los que se metió por seguir los consejos de Bernardo. Mientras espera que Telefónica le arregle el teléfono, podría ir siguiendo el debate…aunque tal vez no encuentre nada al respecto si acostumbra a leer Clarín…

Promesas sobre el bidet

In medios on Diciembre 25, 2008 at 10:13 pm

Por favor no hagas promesas sobre el bidet
por favor no me abras más los sobres.
Por favor, yo te prometo te esperaré
si es que paro de correr.

- Charly García

Como todos los 25 de diciembre, y como le suele suceder a la mayoría de los que la noche anterior se entregaron a beber y comer con desmesura, este día fue de pura resaca navideña. No conté las veces que fui a orinar, pero sé que fueron muchas. Por esta situación descubrí cómo mirar TN sin tener cable ni internet.

Resulta que mi viejo dejó el Clarín del 23 en el bidet y cada vez que uno iba al baño veía siempre las mismas noticias. Con una frecuencia bastante regular me informaban que Kirchner decidió que no habrá bajas en las retenciones a la soja, que Cristina y Cobos ni se miraron en la basílica de Luján, que la línea de subte A llega hasta Flores, que el Tigre de Cagna aún soñaba por el título y alguna noticia más.

Después de varias veces de vaciar mi vejiga, sentí una sensación bastante molesta: es la que siento cuando dejo la tele prendida sintonizando TN mientras hago alguna otra cosa. Exactamente las mismas noticias se repetían cada una X cantidad de tiempo. Los mismos títulos estúpidamente llamativos me invitaban a leer artículos de pobre contenido y de pésima gramática. El bombardeo informativo de siempre que prioriza la cantidad por sobre la calidad.

Así fue que de repente me encontré con que había dejado sintonizado TN en el baño, bien cerquita del inodoro. Me causó gracia la sola idea de tirar la cadena y que con el agua se vayan Bonelli, Sylvestre, Lapegüe y compañía.

El conflicto con el campo y la opinión pública

In cuestiones de estado, medios on Julio 2, 2008 at 1:57 am

Generalmente, cuando se evalúa la validez de los sondeos de opinión pública, se observa el cumplimiento de una única condición: el rigor metodológico tanto en la recolección como en el análisis de los datos. Sin embargo, Pierre Bourdieu sostiene que con esto no basta y que, de hecho, “la opinión pública no existe”*.

“Toda encuesta de opinión supone que todo el mundo puede tener una opinión; o, en otras palabras, que la producción de una opinión está al alcance de todos. Aun a riesgo de contrariar un sentimiento ingenuamente democrático, pondré en duda este primer postulado. Segundo postulado: se supone que todas las opiniones tienen el mismo peso. Pienso que se puede demostrar que no hay nada de esto y que el hecho de acumular opiniones que no tienen en absoluto la misma fuerza real lleva a producir artefactos desprovistos de sentido. Tercer postulado implícito: en el simple hecho de plantearle la misma pregunta a todo el mundo se halla implicada la hipótesis de que hay un consenso sobre los problemas, entre otras palabras, que hay un acuerdo sobre las preguntas que vale la pena plantear.”

Entonces, tomando como marco teórico el citado texto de Bourdieu, es válido trasladar esta cuestión a una situación concreta, y formular las siguientes preguntas sobre las encuestas de popularidad de Cristina Fernández de Kirchner:

  • ¿todas las personas que contestan tienen una opinión?
  • ¿tienen el mismo peso la opinión de un analista político y la de alguien que –paradójicamente– no tiene una opinión definida?
  • ¿los encuestados coinciden en que lo que se le pregunta es un tema de relevancia?

La respuesta a todas estas preguntas es la misma: no. Porque lo que interesa es “imponer la ilusión de que existe una opinión pública” que funcionaría como legitimadora de ciertas políticas. En este caso, al realizarse en un período de “crisis” por el conflicto del campo, las encuestas sobre la popularidad de Cristina Fernández de Kirchner buscan dar muestras del apoyo que tiene la política del gobierno o, por el contrario, mostrar cómo este apoyo se ha debilitado.

Por consiguiente, ¿cómo es posible que las diferentes encuestas sobre la imagen de la Presidenta ofrezcan resultados tan dispares? En primer lugar, está la cuestión de la representatividad. Las consultoras coinciden en que la imagen de la presidenta, al igual que la de su esposo, aumenta en el interior del país y disminuye en los grandes centros urbanos. Pero el problema radica en que un sondeo que incluya el interior profundo es muy costoso, una cifra cercana a los $100.000 que sólo el gobierno suele pagar. Es decir, sólo el gobierno encarga las encuestas que más lo favorecen. En segundo lugar, está, efectivamente, la cuestión metodológica. Poliarquía, por ejemplo, es una de las consultoras que opta por incluir la categoría “regular” en sus encuestas. Esto tiene un efecto directo que consiste en aumentar el volumen de las personas que juzgan como positiva o negativa la imagen de la presidenta. En cambio, Analía del Franco, titular de Analogías, sostiene: “yo no uso escalas impares para que la gente no se refugie en el punto medio”. Analogías mide la imagen presidencial con muy favorable-favorable-desfavorable o muy desfavorable.

DATOS PUBLICADOS EN PÁGINA/12 (25/05/2008 )

En este sentido, los resultados son elocuentes. Poliarquía afirma que la imagen presidencial cayó 20 puntos desde que se inició el conflicto. Según Alejandro Catterberg, director de la consultora, “el conflicto con el agro se sumó a la creciente preocupación que genera el proceso inflacionario en la sociedad y causó un aceleramiento en el cambio de humor social que se venía observando desde el 2007″. Por oposición, Analogías sostiene que el gobierno sigue manteniendo un amplio apoyo. Un dato no menor: Analogías muestra en su página de Internet que entre sus clientes figura el Ministerio de Defensa de la Nación.

Otras consultoras cuyas cifras reflejaron estas diferencias son la “opositora” Management & Fit (de Guillermo Seita) y las “oficialistas” Equis (de Artemio López), CEOP (de Roberto Bacman) y OPSM (de Enrique Zuleta Puceiro). Los resultados indican que la imagen positiva es de 25 puntos para las consultoras “opositoras”, y de entre 46 y 60 puntos para las “oficialistas”. 

Es llamativo cómo esta situación se trasladó a los principales medios gráficos del país. Perfil, un medio reconociblemente opositor, habla de “números cristinistas” para referirse a las encuestas que mejor posicionan a la Presidenta. El pasado 25 de mayo publicó dos encuestas, hechas por Management & Fit y por la Universidad Abierta Interamericana (UAI), en las que se habla de a penas un 25% de imagen positiva. El columnista Edi Zunino agrega: “esos datos quedan confirmados –y los oficiales, desmentidos–” sin otro argumento que las cifras de las encuestas pagadas por Perfil.

Página/12 se encarga de aclarar que el consultor Felipe Noguera trabaja desde hace más de un año para la Sociedad Rural, y en un artículo publicado el 18 de mayo lo describe como “asesor de imagen del lockout agrario y viejo especialista en campañas electorales de derecha”.

El diario Clarín, por su parte, destaca que la Casa Rosada estuvo “rápida de reflejos” para salir a responder con cuatro encuestas a los tres sondeos que marcaban la caída. Aquí es cuando se revela el carácter eminentemente político-instrumental de las encuestas de opinión pública.

Las problemáticas que proponen las encuestas de opinión están subordinadas a intereses políticos, y esto pesa enormemente tanto sobre la significación de las respuestas como sobre la significación que se le confiere a la publicación de los resultados. La encuesta de opinión es, en el estado actual, un instrumento de acción política; su función más importante consiste, quizá, en imponer la ilusión de que existe una opinión pública como sumatoria puramente aditiva de opiniones individuales; en imponer la idea de que existe algo que sería como la media de las opiniones o la opinión media.”

Cuando se habla de “opinión pública”, entonces, y se dice por ejemplo que el 64% de la población está de acuerdo con las políticas de Cristina Fernández, se está dotando al Ejecutivo de un artefacto formidable: el gobierno puede salir a decir que la mayoría de la población está de acuerdo con sus medidas y que, por lo tanto, la política de retenciones móviles es justa y debe ser implementada. Sin embargo, detrás de esta lógica aparentemente simple se esconde una operación que consiste en “congelar” en un determinado momento el estado siempre volátil de la opinión.

La política, desde el punto de vista de Bourdieu, no es otra cosa que un constante enfrentamiento de fuerzas. Siempre hay una fuerza que se impone por sobre las demás, y para perdurar debe estar acompañada por un discurso que la legitime. En este caso, las fuerzas que se enfrentan son, por un lado, un fuerte sector económico y, por el otro, el Estado mismo; cada uno con sus intereses. Es un choque entre poderosos y ése probablemente sea el factor que le ha dado tanta duración y resonancia al conflicto.

La construcción de una “opinión pública” juega aquí un papel fundamental: el sector que la tenga de su lado, será el sector que podrá arrogarse el derecho de ejercer “legítimamente” su fuerza. Por lo tanto, no importa si “la opinión pública” no existe, su potencia radica en resultar verosímil.


* BOURDIEU, Pierre (1984) “La opinión pública no existe” en Sociología y cultura, México, Grijalbo, 1990.

Los medios en la masacre de Avellaneda

In cine, cuestiones de estado, medios, videoteca on Abril 23, 2008 at 2:32 pm

La crisis causó dos nuevas muertes” analiza y reconstruye la Masacre de Avellaneda, ocurrida el miércoles 26 de junio de 2002, en la que Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados por la policía. El documental se centra en los hechos, pero sobre todo indaga en las maniobras políticas del gobierno de Duhalde y en la manipulación de la información por parte de los grandes medios de comunicación.

El nombre del documental se corresponde con el título del diario Clarín en su edición del día posterior a la masacre, en un intento por “despegar” a la policía y al gobierno de lo ocurrido. Además, se pueden ver entrevistas entre los realizadores y los responsables de los medios gráficos. Sorprende la manera en que los responsables del diario Clarín (aquí Julio Blank “se roba” la película) de la fecha en cuestión intentan inútilmente justificar o dar explicaciones de por qué se decidió ese título y por qué las fotos que más involucran al comisario Fanchiotti y al cabo Acosta tardaron 36 horas en ser publicadas.

Tapa de Clar�n

La propuesta de los directores, Patricio Escobar y Damián Finvarb, es valiente e incómoda. Pone el ojo en un situación compleja, develando que la dirigencia política y la policía son susceptibles de crítica, pero ¿y los medios?, ¿quién controla a los medios? En este vacío se sitúa “La crisis causó dos nuevas muertes”, para decir lo que los medios silencian en complicidad recíproca. Es una invitación a reflexionar sobre el obscuro mundo de las relaciones entre el poder y los medios de comunicación, pero no sólo eso. En el fondo, pone al espectador en una situación que difícilmente pase inadvertida: los aparatos que encubrieron los hechos siguen vigentes, pero la lucha de Darío y Maxi, también.

TRAILER:

Afiche

¡Sumate!

In economía, frases, iniciativas, medios on Marzo 12, 2008 at 1:36 pm

Las empresas de comunicación todavía están dando el grito de “¡eureka!”. No es para menos. En una etapa de la economía global en la que las empresas hacen lo imposible por reducir los costos de producción, han encontrado la fórmula para generar más información sin la necesidad de contratar a más empleados: ahora, ¡VOS podés enviar tu noticia!

Si querés cobrarte tus 15 minutos de fama, tenés alma de botón, o simplemente te gusta trabajar gratis:

TN

oficialismo independienteTN

El número de las noticias: 4999-0000. Mail: mensajes@tn.com.ar

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Teléfono: 5555-0005 – NEXTEL: 176*5555
Envíanos todo tipo de información:
accidentes de tránsito, denuncias, situaciones curiosas y aquello que consideres importante.
Tu noticia puede estar acompañada por una foto que tomaste con el celular.

fotos@c5n.com
También podés agregar un video al mensaje multimedia

videos@c5n.com

…uno esta tentado a invertir la tesis XI de Marx: hoy la primera tarea es precisamente no sucumbir a la tentación de actuar, de intervenir directamente y cambiar las cosas (qué nos conduciría entonces inevitablemente al final de un callejón sin salida, a una debilitadora imposibilidad: “¿qué puede uno hacer contra el capital global? “), sino cuestionar las coordenadas de la hegemonía ideológica. Si hoy uno sigue directamente el llamado para actuar, este acto no se realizará en un espacio vacío – será un acto DENTRO DE las coordenadas de la hegemonía ideológica: aquellos que “realmente quieren hacer algo para ayudar a la gente” se involucran en (indudablemente honorables) hazañas como el de los Medecins sans frontiere (Médicos sin frontera), Greenpeace, feministas y campañas anti-racistas, todas las cuales no son sólo toleradas, sino incluso apoyadas por los medios, aun cuando ellos entran aparentemente en el territorio económico (diciendo, denunciando y boicoteando a compañías que no respetan las condiciones ecológicas o qué usan mano de obra infantil) – ellos son tolerados y apoyados con tal de que se mantengan dentro de un cierto límite. Este tipo de actividad proporciona el ejemplo perfecto de la interpasividad, de hacer las cosas no para conseguir algo, sino para PREVENIR algún verdadero acontecimiento, de un verdadero cambio. Todo lo frenéticamente humanitario, políticamente correcto, etc., es una actividad que encaja con la fórmula de “¡sigamos cambiando algo en todo este tiempo para que, globalmente, las cosas permanezcan siendo las mismas!”


Slavoj Žižek, “Repetir a Lenin”

La pregunta desafortunada

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, medios, revistas on Diciembre 27, 2007 at 4:36 pm

“Muchos militantes murieron por efecto de la ‘pastilla’. Sin embargo, ya en 1977, el personal de algunos campos sabía cómo neutralizar el efecto del cianuro y podía revivir a una persona ‘empastillada’. Obviamente pasaba del médico al torturador; sacar a alguien del envenenamiento ya había insumido un tiempo importante, por lo que la tortura se ‘debía’ aplicar de inmediato e intensivamente para obtener información”

Pilar Calveiro, “Política y violencia. Una aproximación a la guerrilla de los años ’70″, Norma, Buenos Aires, 2006, p. 181.

Post dedicado a Sebastián Abad y Rodrigo Páez Canosa, de Ñ, que unos meses atrás se preguntaron: “¿Es útil la noción de biopolítica para intervenir en nuestra sociedad?
Nosotros preguntamos: ¿habrá una pregunta más desafortunada?