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La cuestión que realmente importa

In cuestiones de estado, iniciativas, medios, revistas on Septiembre 16, 2009 at 10:41 pm

[Reflexiones en torno al debate o no de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.]

Un fantasma recorre Latinoamérica: el fantasma del chavismo. Su espectro es invocado por la mayoría de los representantes más mediáticos de la oposición cada vez que el actual gobierno toma alguna decisión “antipática”. El objetivo: demonizar una medida sin argumentar, impedir todo debate. No es la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, es la “ley K”, “ley de control de medios” o la “ley mordaza”. Que la Ley de Radiodifusión (Ley 22.285) lleve la firma de Videla, en cambio, no los inquieta. ¿Cómo es que esa sombra en la noche de la historia argentina reciente no los llama al pudor antes de defender la ley vigente?

Más allá de lo dicho, hay que evitar caer en la trampa de las polarizaciones. A diferencia de lo que sostiene el oficialismo, el hecho de que la Ley de Radiodifusión sea de la dictadura no puede ser un argumento suficiente. Sobre todo porque la democracia ha dado muestras de que la situación mediática puede ser empeorada. Y no por eso hay que concluir que la democracia es mala, ¿verdad? La ley vigente nació mala –porque, entre otras cosas, está basada en una concepción mercantilista: sólo pueden acceder a licencias los privados que puedan demostrar respaldo patrimonial– y fue modificada por los distintos gobiernos democráticos para favorecer la concentración de medios. De hecho, Néstor Kirchner firmó el decreto 527/05 en mayo del 2005, por el que se prorrogó por 10 años la explotación de todas las licencias de radio y TV. En lugar de mezclar y dar de nuevo, el por entonces presidente prefirió darle unas fichas más a quienes tenían –y siguen teniendo– los ases.

Lo cierto es que las vueltas de la vida política nacional hacen que hoy mismo ese (ex) presidente y su esposa decidan darle impulso al reclamo por una nueva ley de medios. Reclamo que no podría ser más legítimo y que, por pobreza de lecturas en algunos casos y mala intención deliberada en otros, es reducido a fórmulas falaces a izquierdas y derechas. No se puede recortar una bandera de lucha histórica de la sociedad civil a la proposición tramposa de “venganza K”. Organizaciones sociales, sindicales, universitarias, de derechos humanos, de radiodifusión comunitaria; todas ellas agrupadas en la Coalición por una Radiodifusión Democrática, elaboraron un documento en el que se señalan los famosos “21 puntos” que forman el núcleo del proyecto de ley. Y otras tantas organizaciones han tenido la chance de aportar y discutir modificaciones.

Se equivocan los escépticos en sus predicciones cuando sostienen que nada cambiará, o cambiará para beneficiar a un grupo de empresarios en detrimento de otro. Porque puede que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no produzca una transformación radical ni mucho menos el desplazamiento de las placas tectónicas, pero sí cambiará los límites de lo que puede decirse en público. No sería poca cosa que se introduzcan en el discurso público temas de los que no se habla. Se equivocan, sobre todo, porque no ven que la verdadera batalla empezaría después de la aprobación de la ley. Sólo entonces la aprobación de la misma tendría importancia efectiva.

La vida política está siempre ante los límites de su propia realidad. Por eso, cuando los distintos sectores de la oposición responsabilizan al Gobierno por la falta de diálogo, no sólo se sacan la mochila de encima, sino que –paradójicamente– le atribuyen una capacidad transformadora que éste no posee. Porque a las torpezas del gobierno de Cristina Fernández habría que sumarle la predisposición a erosionar cualquier debate por parte de los actores políticos de oposición.

Alcanza con hacer una repasada rápida y más o menos al azar por los diarios para rastrear los posicionamientos de cuando, en marzo de este año, Fernández lanzó el borrador del anteproyecto. Macri, como el pez, por la boca muere: “No le creo al Gobierno cuando convoca a debatir. Y en medio de una campaña electoral no me parece el momento para debatir algo tan importante” (Clarín, 21/03/09). Para el PO, por su parte, el problema es cualitativamente distinto pero la resolución es la misma: “debemos entender que se trata del Estado burgués, que por todos los medios se esfuerza por someter ideológica y políticamente a los trabajadores” (Prensa Obrera, 26/3/09). El Estado terrorista y genocida también era un Estado burgués, pero sería por lo menos irresponsable no reparar en que la democracia ofrece un campo de acción tácticamente mucho más favorable. Y que la Ley en cuestión brinda más armas para dar la pelea.

Hacia el final de Homenaje a Cataluña, y en referencia a otros asuntos, George Orwell reflexiona: “En tales condiciones resulta imposible conversar; falta la más mínima base de acuerdo necesaria. (…) Como si en un campeonato de ajedrez, uno de los competidores comenzara de pronto a gritar que su contrincante es culpable de un incendio o de bigamia. La cuestión que realmente importa no se aborda nunca”.

Para consolidar una experiencia de lucha que lleva años, sería oportuno aprovechar el momento histórico y discutir la ley de medios. Lo cual no implica perder de vista que, del otro lado del tablero, no está solamente el Gobierno sino también la oposición. Y, como siempre, mueven las blancas.

Promesas sobre el bidet

In medios on Diciembre 25, 2008 at 10:13 pm

Por favor no hagas promesas sobre el bidet
por favor no me abras más los sobres.
Por favor, yo te prometo te esperaré
si es que paro de correr.

- Charly García

Como todos los 25 de diciembre, y como le suele suceder a la mayoría de los que la noche anterior se entregaron a beber y comer con desmesura, este día fue de pura resaca navideña. No conté las veces que fui a orinar, pero sé que fueron muchas. Por esta situación descubrí cómo mirar TN sin tener cable ni internet.

Resulta que mi viejo dejó el Clarín del 23 en el bidet y cada vez que uno iba al baño veía siempre las mismas noticias. Con una frecuencia bastante regular me informaban que Kirchner decidió que no habrá bajas en las retenciones a la soja, que Cristina y Cobos ni se miraron en la basílica de Luján, que la línea de subte A llega hasta Flores, que el Tigre de Cagna aún soñaba por el título y alguna noticia más.

Después de varias veces de vaciar mi vejiga, sentí una sensación bastante molesta: es la que siento cuando dejo la tele prendida sintonizando TN mientras hago alguna otra cosa. Exactamente las mismas noticias se repetían cada una X cantidad de tiempo. Los mismos títulos estúpidamente llamativos me invitaban a leer artículos de pobre contenido y de pésima gramática. El bombardeo informativo de siempre que prioriza la cantidad por sobre la calidad.

Así fue que de repente me encontré con que había dejado sintonizado TN en el baño, bien cerquita del inodoro. Me causó gracia la sola idea de tirar la cadena y que con el agua se vayan Bonelli, Sylvestre, Lapegüe y compañía.

La política y la guerra

In biopolítica, cuestiones de estado, frases, máscaras on Marzo 28, 2008 at 12:33 pm
“Quiero decir algo -y esta sí permítanme porque es una
licencia del peronismo-: el peronismo nunca planteó la lucha de clases,
el peronismo nunca planteó la guerra entre los pobres y los ricos,
para qué, no.”

Cristina Fenández de Kirchner, 26 de marzo de 2008, Parque Norte.

“…si el poder es realmente el despliegue de una relación de fuerza, (…) ¿no debería ser analizado en términos de lucha, de enfrentamientos, de guerra? (…) el poder es la guerra, la guerra continuada con otros medios; se invertiría así la afirmación de Clausewitz, diciendo que la política es la guerra continuada con otros medios.
Esto quiere decir tres cosas: en primer lugar, que las relaciones de poder tal como funcionan en una sociedad como la nuestra se han instaurado, en esencia, bajo una determinada relación de fuerza establecida en un momento determinado, históricamente localizable de la guerra. Y si es cierto que el poder político hace cesar la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, no es para suspender los efectos de la guerra o para neutralizar el desequilibrio puesto de manifiesto en la batalla final; el poder político, según esta hipótesis, tendría el papel de reinscribir, perpetuamente, esta relación de fuerza mediante una especie de guerra silenciosa, de inscribirla en las instituciones, en las desigualdades económicas, en el lenguaje, en fin, en los cuerpos de unos y otros. La política como guerra continuada con otros medios sería en este primer sentido un dar la vuelta al aforismo de Clausewitz; es decir, la política seria la corroboración y el mantenimiento del desequilibrio de las fuerzas que se manifiestan en la guerra. Pero la inversión de esta frase quiere decir también otra cosa: en el interior de esta «paz civil», la lucha política, los enfrentamientos por el poder, con el poder, del poder, las modificaciones de las relaciones de fuerza, las acentuaciones en un sentido, los refuerzos, etc., todo esto en un sistema político no debe ser interpretado más que como la continuación de la guerra, es decir, debe ser descifrado como episodios, fragmentos, desplazamientos de la guerra misma. No se escribe sino la historia de esta guerra aun cuando se escribe la historia de la paz y de sus instituciones. La vuelta dada al aforismo de Clausewitz quiere decir en fin una tercera cosa, que la decisión final no puede provenir más que de la guerra, de una prueba de fuerza en la que, por fin, las armas serán los jueces. La última batalla seria el fin de la política, solo la última batalla suspendería, pues, indefinidamente el ejercicio del poder como guerra continua.”

– Michel Foucault, Microfísica del poder (Curso del 7 de enero de 1976)

La cultura porteña

In cuestiones de estado, frases, marx on Diciembre 23, 2007 at 5:13 pm
Como todos saben, Mauricio Macri desembarcó en la Ciudad. Según lo describen sus críticos, el nuevo Jefe de Gobierno sería algo muy similar a un monstruo privatista-nazi ultra católico, y Buenos Aires parece ser una ciudad en llamas, destruida tras un nuevo pogrom. La dimensión de la catástrofe que se describe recuerda la introducción a “La Ideología Alemana”:

“Según anuncian los ideólogos alemanes, Alemania ha pasado en estos últimos años por una revolución sin igual. El proceso de descomposición del sistema hegeliano, que comenzó con Strauss, se ha desarrollado hasta convertirse en una fermentación universal, que ha arrastrado consigo a todas las «potencias del pasado». En medio del caos general, han surgido poderosos reinos, para derrumbarse de nuevo en seguida, han brillado momentáneamente héroes, sepultados nuevamente en las tinieblas por otros rivales más audaces y más poderosos. Fue ésta una revolución junto a la cual la francesa es un juego de chicos, una lucha ecuménica al lado de la cual palidecen y resultan ridículas las luchas de los diádocos. Los principios se desplazaban, los héroes del pensamiento se derribaban los unos a los otros con inaudita celeridad, y en los tres años que transcurrieron de 1842 a 1845 se removió el suelo de Alemania más que antes en tres siglos.

Y todo esto ocurrió, según dicen, en los dominios del pensamiento puro.”

C. Marx Y F Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (I capitulo de “La Ideología Alemana”), 1846.

Creo que no es necesario aclarar que en De la nada a la gloria (DLNALG) no hay ningún interés en defender a Macri, ninguno (de hecho, adherimos a la campaña “Vigilando a Mauricio”). En cambio, lo que se busca es ver qué hay detrás de este levantamiento de la crítica. En LLP han tomado nota de este hecho, y (en un artículo que de alguna manera inspira estas palabras) consideran que hay algo más que mera oposición: la crítica está tomando la forma de una “caza de brujas”.

Estamos asistiendo al des-enmascaramiento de los “intelectuales de la cultura”. Estos intelectuales consideran que la cultura de la Ciudad está en peligro, y salen a reclutar opiniones en favor del progresismo. Sean eternos los laureles que supimos conseguir. El temor más profundo es que se alteren las relaciones existentes en la Ciudad. Criticar a Macri para que nada cambie, reclamando en las sombras que se conserve la situación heredada. Y así evitar un verdadero cambio. Al respecto, Slavoj Žižek ofrece su particular punto de vista:

“Es verdad que hoy, es la Derecha populista radical la que normalmente está rompiendo (todavía) con el acuerdo general liberal-democrático predominante, dando gradualmente aceptación a los temas hasta ahora excluidos (la justificación parcial de Fascismo, la necesidad de reprimir la ciudadanía abstracta en nombre de la identidad étnica, etc.). Sin embargo, la hegemonía democracia liberal está usando este hecho para chantajear a los radicales de Izquierda: ‘nosotros no debemos jugar con fuego: contra el nuevo asalto de la Derecha, uno debe insistir más que nunca en el acuerdo general democrático – cualquier crítica hacia ella de buena o mala gana ayuda a la nueva Derecha!’ Ésta es la línea importante de separación: uno debe rechazar este chantaje, aceptar, tomar el riesgo de perturbar el acuerdo general liberal, a cuestionar la misma noción de democracia.”

Slavoj Žižek, Repetir a Lenin

Muchos toman el “NO a Macri” como su bandera. De esa forma mantienen intacto el consenso tácito entre los intelectuales, criticar a Macri es aportar en la pobre caja de la intelectualidad porteña (¿querrán que le paguen jubilación?). Esa es su gran batalla.

Hoy en día, hasta al opositor se le dice cómo actuar. A quién criticar y a quién no, con qué temas puede meterse. Comprás la versión de Cristina o la de EEUU, estás con Chávez o con Bush. Nosotros, somos nosotros. Y podemos decirle que NO a Macri, a Cristina, a Chávez, a Bush, al rey Juan Carlos…a Braden, a Perón, al que sea. Principalmente porque le decimos NO al consenso ideológico hegemónico.

Vamos por el premio mayor. De la nada, a la gloria.