La cultura porteña

Como todos saben, Mauricio Macri desembarcó en la Ciudad. Según lo describen sus críticos, el nuevo Jefe de Gobierno sería algo muy similar a un monstruo privatista-nazi ultra católico, y Buenos Aires parece ser una ciudad en llamas, destruida tras un nuevo pogrom. La dimensión de la catástrofe que se describe recuerda la introducción a “La Ideología Alemana”:

“Según anuncian los ideólogos alemanes, Alemania ha pasado en estos últimos años por una revolución sin igual. El proceso de descomposición del sistema hegeliano, que comenzó con Strauss, se ha desarrollado hasta convertirse en una fermentación universal, que ha arrastrado consigo a todas las «potencias del pasado». En medio del caos general, han surgido poderosos reinos, para derrumbarse de nuevo en seguida, han brillado momentáneamente héroes, sepultados nuevamente en las tinieblas por otros rivales más audaces y más poderosos. Fue ésta una revolución junto a la cual la francesa es un juego de chicos, una lucha ecuménica al lado de la cual palidecen y resultan ridículas las luchas de los diádocos. Los principios se desplazaban, los héroes del pensamiento se derribaban los unos a los otros con inaudita celeridad, y en los tres años que transcurrieron de 1842 a 1845 se removió el suelo de Alemania más que antes en tres siglos.

Y todo esto ocurrió, según dicen, en los dominios del pensamiento puro.”

C. Marx Y F Engels, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista” (I capitulo de “La Ideología Alemana”), 1846.

Creo que no es necesario aclarar que en De la nada a la gloria (DLNALG) no hay ningún interés en defender a Macri, ninguno (de hecho, adherimos a la campaña “Vigilando a Mauricio”). En cambio, lo que se busca es ver qué hay detrás de este levantamiento de la crítica. En LLP han tomado nota de este hecho, y (en un artículo que de alguna manera inspira estas palabras) consideran que hay algo más que mera oposición: la crítica está tomando la forma de una “caza de brujas”.

Estamos asistiendo al des-enmascaramiento de los “intelectuales de la cultura”. Estos intelectuales consideran que la cultura de la Ciudad está en peligro, y salen a reclutar opiniones en favor del progresismo. Sean eternos los laureles que supimos conseguir. El temor más profundo es que se alteren las relaciones existentes en la Ciudad. Criticar a Macri para que nada cambie, reclamando en las sombras que se conserve la situación heredada. Y así evitar un verdadero cambio. Al respecto, Slavoj Žižek ofrece su particular punto de vista:

“Es verdad que hoy, es la Derecha populista radical la que normalmente está rompiendo (todavía) con el acuerdo general liberal-democrático predominante, dando gradualmente aceptación a los temas hasta ahora excluidos (la justificación parcial de Fascismo, la necesidad de reprimir la ciudadanía abstracta en nombre de la identidad étnica, etc.). Sin embargo, la hegemonía democracia liberal está usando este hecho para chantajear a los radicales de Izquierda: ‘nosotros no debemos jugar con fuego: contra el nuevo asalto de la Derecha, uno debe insistir más que nunca en el acuerdo general democrático – cualquier crítica hacia ella de buena o mala gana ayuda a la nueva Derecha!’ Ésta es la línea importante de separación: uno debe rechazar este chantaje, aceptar, tomar el riesgo de perturbar el acuerdo general liberal, a cuestionar la misma noción de democracia.”

Slavoj Žižek, Repetir a Lenin

Muchos toman el “NO a Macri” como su bandera. De esa forma mantienen intacto el consenso tácito entre los intelectuales, criticar a Macri es aportar en la pobre caja de la intelectualidad porteña (¿querrán que le paguen jubilación?). Esa es su gran batalla.

Hoy en día, hasta al opositor se le dice cómo actuar. A quién criticar y a quién no, con qué temas puede meterse. Comprás la versión de Cristina o la de EEUU, estás con Chávez o con Bush. Nosotros, somos nosotros. Y podemos decirle que NO a Macri, a Cristina, a Chávez, a Bush, al rey Juan Carlos…a Braden, a Perón, al que sea. Principalmente porque le decimos NO al consenso ideológico hegemónico.

Vamos por el premio mayor. De la nada, a la gloria.

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