Deicidio y hedonismo

Porque la historia oficial de la filosofía esconde sus propias fisuras. Porque no hay ningún más allá en donde se recompensarán las penurias terrenales. Porque las morales han sido funcionales al poder. Por eso y mucho más, Michel Onfray propone una filosofía basada en el ateísmo y la búsqueda del placer.

Michel Onfray nació el primer día del año 1959 en Argentan, un pueblo normando de Francia. Hijo de un obrero agrícola y una mucama, conoció la pobreza y fue abandonado a los 10 años en un orfanato. Poco después, dejó de creer en eso que los hombres llaman “Dios”. Descubrió la filosofía a los 17 y, según sus propias palabras, le cambió la vida. Obtuvo un doctorado y dio clases en el Lycée de Caen entre 1983 y 2002, año en que renunció para crear la Universidad Popular de Caen (de entrada libre y gratuita, sin inscripción). Desde entonces, se dedica a enseñar una historia alternativa de la filosofía, poniendo énfasis en la versión de los autores olvidados y vencidos.

Esta particular perspectiva está reflejada en sus más de treinta libros, muchos de ellos traducidos al castellano. En 2005 publica “Tratado de ateología (Física de la metafísica)”, editado en la Argentina por Ediciones De La Flor, para señalar que la negación de Dios no es suficiente si no se avanza en la construcción de una ética postcristiana. Por ello, Onfray cree necesarias tres tareas: deconstruir los monoteísmos, desmitificar el cristianismo, y desmontar la teocracia. Sólo así será posible que “el cuerpo deje de ser un castigo y la tierra, un valle de lágrimas; la vida, una catástrofe; el placer, un pecado; las mujeres, una maldición; la inteligencia, una presunción y la voluptuosidad, una condena”.

Tratado de ateolog�a

La característica principal de las tres grandes religiones va más allá del poder que ejercen sobre sus creyentes: han impregnado en los sectores laicos. Kant, por ejemplo, en “La crítica de la razón pura” parece estar minando las bases de la metafísica occidental, pero termina reafirmando los valores que sostienen a los tres grandes monoteísmos: Dios, la inmortalidad del alma y la existencia del libre albedrío. Representa mejor que cualquier otro intelectual a ese extraño engendro que es el “ateísmo cristiano”. Onfray tiene muy en claro que no alcanza con plantear el conflicto al interior de las catedrales, sino que es imprescindible plantearlo también en las “capillas del librepensamiento”.

En cuanto a la cuestión divina, es importante aclarar algo: Onfray no refuta la existencia de Dios, sino que lo niega como valor positivo. Al contrario de lo que sentenció Nietzsche, Dios aún vive; y los hombres siguen construyendo sobre lo que su existencia presupone. Vive por la sencilla razón de que las ficciones no mueren: “un cuento para niños no se puede refutar”. Dios es el arma principal que los dispositivos religiosos utilizan para explotar esa tendencia en los hombres a construir subterfugios contra el desierto de lo real. Por eso, el verdadero ateísmo (un ateísmo posmoderno) debe anular la referencia teológica y construir una moral basada en valores que celebren el cuerpo más que el alma. Dice Onfray: “ni Dios, ni Ciencia, ni Cielo inteligible, ni el recurso a propuestas matemáticas, ni Tomás de Aquino, ni Auguste Comte o Marx; sino la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, el Hedonismo individual y social, entre otras propuestas a desarrollar dentro del campo de la inmanencia pura, en favor de los hombres, para ellos y por ellos, y no para Dios o por Dios”.

Tratado de ateología es una obra explosiva, y de hecho ha generado enérgicas respuestas, incluidos dos libros y decenas de artículos. Cabe preguntarse si lo que “molesta” de Onfray es su ateísmo, o su hedonismo. De cualquier manera, la negación de Dios y la celebración de los placeres parecen estar sumamente interrelacionados y ponen en jaque a un mismo sistema de valores. El miedo y la angustia han engendrado dioses, por eso Onfray no critica ni culpa a los hombres por valerse de placebos metafísicos. Él se lo toma como una cuestión personal: “cada uno puede preferir el opio de la ilusión a la realidad. Yo le reprocho a la ilusión enemistarnos con la única certeza que tenemos: la vida es aquí, aquí y ahora”.

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3 respuestas a Deicidio y hedonismo

  1. Tere Hernández dijo:

    Descubrí a Onfray, por una entrevista que concedió a El Periódico de Catalunya, más que hechizar, transforma. Trabajo en una red de Comercio Justo y fue por eso que me detuve más en profundizarlo, he ido a la biblioteca de mi comunidad y encontré el Antimanual de Filosofía, la verdad me gustaría poder contactar con la Universidad Popular de Caen, empezamos un proyecto nuevo, pero como él dice en el libro, Descubierto el navío se descubre el naufragio. Un saludo muy cordial!

  2. Tere, me intriga saber en qué consiste la red de Comercio Justo. Si pasas por aquí nuevamente, cuéntanos por favor. Y que el viento no los conduzca al naufragio!

  3. tere dijo:

    Huy tiene vida la web…

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