La comunidad o el sujeto

La filosofía política del siglo XX ha hecho un aporte medular al debate sobre la ética en las sociedades modernas. ¿Qué es prioritario, mantener vivos los valores de cada cultura o garantizar la libertad individual?

 

En tiempos en que las relaciones sociales cobran cada vez un carácter más complejo, Charles Taylor y John Rawls aparecen como las figuras que de alguna forma representan a maneras totalmente distintas de concebir el mundo: el liberalismo igualitario y el comunitarismo. El debate en sí no es nuevo, pero éstos filósofos han revivido la llama.

Rawls, filósofo nacido en Estados Unidos, toma dos ideas centrales de Kant: la primera es que existen ciertas obligaciones y derechos universales inherentes a cada individuo; la segunda es el concepto de autonomía. Estas ideas se conjugan en una teoría ética (plasmada en Sobre las libertades, Paidós, 1990) que garantiza el máximo de libertad posible a cada individuo. Rawls supone que, en una situación hipotética de contrato libre, las personas elegirían garantizarse mutuamente un nivel de autonomía significativamente amplio. Esta elección está justificada por una característica dual presente en cada individuo: el aspecto racional (es decir, relativo a la capacidad de elegir el mejor medio para un fin) y el aspecto razonable (capacidad para consensuar con otros individuos).

 

John Rawls

John Rawls

Por su parte, Taylor, filósofo canadiense, toma como punto de partida las críticas de Hegel hacia Kant. En lugar de pensar un individuo abstracto y autónomo, considera que la plena realización del ser humano deriva de la más completa integración de éste en su comunidad particular. En La ética de la autenticidad (Paidós, 1994) argumenta que las personas están constituidas por valores y bienes sin haberlos aceptado en una situación de libre elección. Es decir, nadie elige su país natal y muy pocos eligen su religión; aquí el individuo descubre valores presentes antes que él.

 

Charles Taylor

Charles Taylor

El debate adquiere relevancia cuando se piensa en situaciones concretas, como por ejemplo un hecho muy ilustrativo al respecto que se dio a conocer hace algunos meses atrás. En alguna parte del primer mundo, un grupo de personas se había reunido para recolectar firmas con el fin de que se trate una ley a favor de la necrofilia. Argumentaban que la necrofilia es una elección sexual como cualquier otra, y que mientras no se violen los derechos de otra persona no hay delito alguno. Entonces, proponían que la gente done su cuerpo voluntariamente para beneficiar y satisfacer a esta minoría de personas que siente placer al tener relaciones sexuales con cadáveres. La línea de pensamiento que los respalda es simple: la mutilación de una persona es castigada como un delito, salvo cuando la persona mutilada ha dado previamente su conformidad. No se ha condenado a ningún médico por quitarle el corazón a un cadáver y transplantárselo a una persona que lo necesite…

Es claro que el tema de la necrofilia no es para nada sencillo, sino más bien perturbador. Pero los rechazos más enérgicos están bañados de hipocresía porque generalmente se argumenta por el respeto hacia los muertos, desde diferentes cuestiones metafísicas vinculadas a la religión. La pregunta es: ¿se respeta a un muerto cuando sus órganos le son extraídos?; por otro lado, ¿un cadáver es una persona? Algunos grupos religiosos rigurosamente ortodoxos se niegan a aceptar ciertas prácticas como la donación de órganos y la cremación de los restos, porque creen que tras el Armagedón Dios revivirá a los muertos, y para ello necesitará los cuerpos. Se podría ironizar diciendo que ese Dios no va a encontrar el mismo cuerpo que fue enterrado (debido a la descomposición de la materia), o llamando la atención sobre el semi-Dios que instó comer de su carne y beber de su sangre (¿antropofagia?, ¿canibalismo?); pero no viene al caso.

En esta situación, comunitaristas y liberalistas ofrecerían soluciones totalmente opuestas. Los primeros se refugiarían en el concepto de “holismo”, según el cual el todo tiene una importancia que va más allá de la suma de las partes. Por consiguiente, las prácticas de los individuos afectan a la comunidad en su conjunto. Difícilmente un Estado comunitarista aceptaría la aprobación de una ley a favor de la necrofilia. De hecho, recientemente muchos Estados han sancionado leyes que la prohíben (durante mucho tiempo fue un vacío legal).

Por otro lado, los liberalistas con su postura más “atomista”, argumentarían con la división entre lo público y lo privado. Sostienen que en la esfera privada está todo permitido, siempre y cuando no se afecte a otras personas. Además, si la persona hubiese aceptado ceder su cadáver para este tipo de prácticas, estaría reproduciendo de alguna manera la situación de contrato libre que caracteriza al liberalismo igualitario.

El debate, extensible hacia toda cuestión en la que estén en juego las relaciones sociales, permite fijar posiciones. Entonces, la pregunta es: ¿la comunidad o el sujeto?

 

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8 respuestas a La comunidad o el sujeto

  1. alejobostero dijo:

    Al fin y al cabo el problema termina siendo quién define las nociones de sujeto y comunidad. En este caso de los necrofílicos, ellos (el sujeto) buscan funcionar dentro de una comunidad que no los reconoce como sujetos integrantes, sino como ente ajeno en su calidad de necrofílicos. En definitiva, según como se define la comunidad (en este caso, no-necrofílica) define a su vez a los sujetos.

  2. Exacto.

    Pero igual me parece que hay algo más: ¿quién define al sujeto?
    Yo diría que el sujeto tiene derecho a autodefinirse en tanto no transgreda los derechos de otros. En el caso concreto de la necrofilia no habría ningún problema si yo aceptara donar mi cuerpo para ese fin.
    No veo en qué forma eso puede afectar éticamente a la comunidad. Por lo tanto, ésta no podría definirse como “no-necrofílica” porque estaría limitando el derecho de autodefinición de los individuos.

  3. alejobostero dijo:

    “El sujeto tiene derecho a autodefinirse”. Es precisamente en este punto donde la comunidad salta sobre el sujeto y lo desautodefine a garrotazo limpio. De la manera en que están planteadas las sociedades humanas hoy ese derecho no tiene lugar, ya que la privacía es una noción fundada en lo que entiende el grupo hegemónico por privacía, en tanto cosa íntima que los demás saben que yo hago. Supongamos que a Perez Companc le gusta desenterrar cadáveres para rellenarlos con su propia carne, pero eso es parte de una intimidad que el no quiere hacer pública. El necrofílico asumido blanquea su naturaleza “depravada” y eso es lo que la comunidad no tolera.

  4. emeygriega dijo:

    El cuerpo muerto es materia de interés necrofílico y no necrofílico. La intolerancia que bien señalás, Alejo, se extiende a otros ámbitos que siempre son tildados de morbosos, especialmente cuando se habla de los ¨nabos¨o los ¨enfermos¨que rodean el cuerpo muerto (suicidas, accidentados, asesinados). Si el cuerpo muerto reviste interés (enhorabuena, pienso: estaremos fritos el día que un muerto no haga detener nuestro paso) metafísico, periodístico, religioso…por qué no habría de revestir interés sexual en alguna comunidad? Y de ser así, quién podría negarle a alguien el derecho de disponer de sus restos con los fines que se le cante? Una sociedad debería proteger a los indefensos ( a los niños de los pederastas, por ejemplo) y dejar que cada quien haga con su cuerpo adulto muerto o vivo lo que le apetezca sin lastimar a los demás.
    Para eso hace falta un largo camino de sinceramiento respecto de lo que mi sabia madre llamaba las * locuras socialmente aceptadas* y las que no. Mientras un matrimonio con anillo y libreta (no importa lo mucho que se repelan, se hieran o traicionen) siga siendo el paradigma de la salud sexual y moral de una sociedad estos debates serán estériles.

  5. alejobostero, dejame recordarte que el texto es un análisis teórico, por lo cual es muy difícil hablar de las “sociedades humanas hoy”. Hay Estados más “igualitaristas” que otros; por ejemplo, me dijeron que en Holanda hay una suerte de Partido Pedófilo que lucha por el derecho a la sexualidad de los niños. Suena perturbador, al igual que lo de la necrofilia. Justamente porque son ejemplos extremos, permiten ver más claramente las distintas posiciones.
    En el ejemplo que citás vos, Perez Companc estaría cometiendo un delito. Que blanquee o no sus gustos es irrelevante. Un homosexual no tiene por qué estar aclarando su codición. Por otro lado, ¿”naturaleza ‘depravada'”? Desde la perspectiva comunitarista se podría decir que algo es depravado, pero aún así me parece muy fuerte. Lo que estamos tratando de debatir es lo arbitrario de las calificaciones de ese tipo. Por eso me parece buenísima la expresión de emeygriega: “locuras socialmente aceptadas”. Para Benedicto XVI, usar preservativo debe ser algo depravado…

    Gracias por tomarse el tiempo de leer esto y comentar.

  6. alejobostero dijo:

    ojo… puse “depravada” entre comillas porque no es mi palabra. a lo que voy es a los medios que tiene la comunidad para doblegar la autonomía del sujeto e imponer lo “privado tolerable”.

  7. UBA: ESCANDALOSO CONCURSO EN LITERATURA LATINOAMERICANA II, COMO SI NO TUVIERAMOS SUFUCUENTES PROBLEMAS, AHORA, LA TRANSPARENCIA EN JAQUE.

  8. el pulidor dijo:

    Es un tema tan largo como inabarcable, la comunidad o el sujeto, el universalismo o la tradición… díadas tan complicadas de resolver…habrá que ver si son dilemas o pseudo dilemas

    un saludo, desde el pulidor

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