Fortuna, dignidad y tragedia

 

Sobre Cassandra’s Dream, de Woody Allen.

Permítanme empezar este texto con una anécdota personal. Hace unos tres o cuatro años atrás, por circunstancias que no vienen al caso, conocí a un médico tucumano que me contó una de esas historias que no se olvidan fácilmente: un conocido le había ofrecido ser Ministro de Salud de su provincia natal, pero él se negó porque consideraba que no estaba capacitado para tal puesto. Podría haberse llenado de plata con sólo poner los pies sobre un bonito escritorio, pero no. Prefirió seguir ejerciendo su profesión de manera noble en una clínica privada del conurbano bonaerense. La clínica le pagaba poco, cuando le pagaba. Pasaba días enteros trabajando, durmiendo en alguna parte de la clínica y estropeando su propia salud. Para colmo, a la clínica la estaban vaciando y ya no se sabía siquiera quiénes eran los dueños. Los pacientes eran tratados como mercadería en stock y, siempre que se pudiera, se optaba por derivarlos a otra clínica. Lo que nunca olvidaré fue su reflexión: “al final me quedé acá para no perder mi dignidad, y la terminé perdiendo igual…”.

Woody Allen podría escribir un guión a partir de esa anécdota. De hecho, lo hizo. Esta problemática, extensible a todos aquellos que necesitan trabajar para ganarse la vida, es la que aborda el director de “Annie Hall” en “Cassandra´s Dream”. Ian (Ewan McGregor) es un joven que trabaja para su padre manteniendo el viejo restaurant de la familia, en un negocio que cada vez causa más pérdidas. Terry (Colin Farrell), su hermano, trabaja como mecánico al tiempo que busca solucionar sus problemas financieros jugando al póker y apostando en carreras de perros.

De repente, estos dos jóvenes hermanos pertenecientes a la working class británica empiezan a tener suerte. Ian conoce a la mujer de sus sueños, una bellísima actriz con aspiraciones de estrella. La ilusión del amor lo lleva a inventarse una historia, ocultando su verdadero origen. ¿Quién puede culparlo? Por otro lado, las apuestas de Terry empiezan a dar buenos resultados, y con números de cinco cifras. Terry sueña con dejar su trabajo y poner una tienda de deportes. La suerte es tentadora: una buena racha hay que aprovecharla y eso es lo que él se propone, apostando cada vez más. ¿Quién puede culparlo? Los hermanos compran un barco, bautizado “Cassandra’s Dream”, para pasear los fines de semana; al fin y al cabo, eso es lo que siempre quisieron: disfrutar de la vida.

Pero se sabe: la suerte no dura. Terry pierde lo que había ganado, multiplicado por tres. Ian entra en desesperación, sin plata no puede llevar el nivel de vida que había ostentado ante su novia. Recurren entonces al tío Howard, un tipo que habiendo empezado desde abajo como ellos, se había hecho millonario. El tío accede, pero a cambio pide otro favor: tienen que asesinar a un tipo que sabe mucho sobre sus negocios turbios y que está dispuesto a hablar.

El dilema moral, clave a lo largo de la filmografía de Allen, está representado en la figura de Terry: “¿y si Dios existe?”, se pregunta. Sin embargo, los hermanos están dispuestos a cumplir el pedido del tío Howard. Después de todo, no tienen mucha alternativa: hundir a la familia entera en la pobreza o matar a un tipo que no conocen. Dos formas de lo mismo: perder la dignidad. Con la diferencia de que la segunda alternativa les permitirá satisfacer a su tío…y lo más importante, cumplir sus sueños de ascenso social. Aquí, el director nos introduce en los agujeros negros de la conciencia para mostrarnos cómo los seres humanos somos capaces de justificar nuestras faltas morales.

El conflicto del film es, en el fondo, el de las tragedias griegas clásicas: la irreversibilidad del destino. No hay nada que los personajes puedan hacer. En todo momento parecen estar encontrando la solución a sus problemas, pero no lo logran. Es más, Woody Allen amaga a terminar el film con un desenlace terriblemente trágico, que se ve truncado por uno peor. El castigo a los hermanos es inapelable. Impactante. Sórdido.

 

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4 respuestas a Fortuna, dignidad y tragedia

  1. alejobostero dijo:

    Me parece que Crimenes y pecados es demasiado perfecta para insistir con pseudosecuelas como Match Point y Cassandra´s Dream. De todas maneras le voy a dar la chance.

  2. Es cierto lo que decís, alejo. Pero tengo que aclarar que soy un defensor de los últimos films de Allen.

  3. el pulidor dijo:

    Lean… impecable análisis. No soy un consumidor experto en Allen, sólo he visto un puñado de películas…entre ellas, las que comentan… pero las he visto con un ojo no tan agudo.

    Y siguiendo la línea de lo comentado, creo que nadie podría mantener la perfección. No todo lo que hace una persona puede ser siempre impecable…el artista tiene idas y venidas: se valora eso en tipos que ya han logrado la perfección…

    creo que pasa lo mismo con Charly García: haciendo un rock and roll horrible y básico, lo voy a respetar siempre por lo la perfección de sus otros tiempos…

    saludos

    desde el pulidor

  4. De haberme avivado antes no hubieran sido necesarias ni la anécdota ni la película de Woody Allen. Porque Cátulo Castillo había escrito un tango en el que resumía brevemente, y con toda ironía, esa sensación de desencuentro…

    Amargo desencuentro, porque ves
    que es al revés…
    Creiste en la honradez
    y en la moral…
    ¡qué estupidez!

    Por eso en tu total
    fracaso de vivir,
    ni el tiro del final
    te va a salir.

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