Dios desde la máquina

La llamada “máquina de Dios” viene acompañada de un debate en torno a la validez de los modelos teóricos. Algunas observaciones, conjeturas y reflexiones desde la filosofía de la ciencia. Partículas, planetas y Karl Popper.

El pasado 10 de Septiembre se anunció al mundo la puesta en marcha de lo que sería, hasta el momento, el mayor experimento científico del siglo: el acelerador de hadrones. El LHC (por sus siglas en inglés) permitirá a los investigadores hacer colisionar partículas a una velocidad cercana a la velocidad de la luz, con el fin de provocar un pequeño Big Bang. Tras el choque se producirá una lluvia de nuevas partículas, entre las cuales se pretende encontrar al bosón de Higgs, llamado por algunos “la partícula de Dios”.

La teoría más aceptada por el ambiente científico asegura que las partículas elementales son, en total, trece. Se conocen todas menos una. Esa que falta sería el bosón de Higgs, y su existencia no sólo está predicha por el modelo estándar de la física sino que además se le atribuye un papel fundamental: explicaría por qué otras partículas elementales tienen masa y por qué son tan diferentes entre ellas.

Ahora bien, ¿se puede predecir la existencia de un elemento por el sólo hecho de que su presencia se corresponda con la lógica de un modelo teórico? Quienes responden afirmativamente proponen la siguiente imagen: supóngase que en un estadio de fútbol, un espectador ve todo menos un determinado sector del campo de juego, el córner por ejemplo. Pero cada vez que la pelota se dirige hacia ese sector, vuelve para un jugador del mismo equipo. Entonces, se sigue, habría que suponer la existencia de un elemento en ese sector. Un agente que hace que la pelota vuelva: el futbolista número once; o lo que es lo mismo para la física: la partícula número trece.

Sin embargo, la filosofía de la ciencia ha mostrado que a lo largo de la historia, los científicos han postulado la existencia hipotética de elementos que, si bien permitían mantener un modelo teórico, no eran verificables en la realidad. Es el caso de la cosmología de Ptolomeo, según la cual los astros giraban alrededor de la Tierra en órbitas circulares. Sucedió que las predicciones para las órbitas de los planetas no coincidían con lo que se observaba; por ejemplo, Marte, en algún momento, orbitaba de una forma inexplicable. Por ese motivo, Ptolomeo modificó su modelo inicial: sostuvo que sobre su órbita principal el planeta describía una órbita circular más pequeña llamada “epiciclo”. Así, atribuyéndole epiciclos a todos los planetas de su sistema geocéntrico, Ptolomeo logró corregir su modelo para poder seguir haciendo predicciones. Por supuesto, todo el sistema ptolemaico quedó descartado catorce siglos después, con la teoría heliocéntrica de Copérnico y las órbitas elípticas de Kepler.

Entonces, vale la pena reflexionar sobre el carácter “fantasmal” de algunos elementos teóricos. Muchas veces se postula la existencia de algún nuevo componente, como el epiciclo, para que un sistema teórico siga vigente. Hay una expresión latina (proveniente del teatro griego) muy ilustrativa al respecto: Deus ex machina. Tenía lugar cuando se hacía aparecer la representación de una deidad desde fuera del escenario, por medio de una grúa, para resolver una situación. Lo que expresa es esa necesidad de introducir un elemento que mágicamente le dé coherencia a la trama principal.

De esta manera, es legítimo pensar que la presencia de la partícula número trece, el bosón de Higgs, no sea más que un Deus ex machina. Tal vez sea éste el talón de Aquiles del modelo estándar de la física moderna.

En la primera mitad del siglo XX, el filósofo de la ciencia Karl Popper fundó la corriente epistemológica falsacionista, la cual propone concentrar los esfuerzos en intentar refutar toda teoría. Si no es posible refutarla, puede ser aceptada provisionalmente, pero nunca verificada. El falsacionismo de Popper está basado en la concepción de que el conocimiento científico no avanza confirmando nuevas leyes, sino más bien rechazando leyes que contradicen la experiencia.

Que quede claro: lo más probable es que el acelerador de hadrones permita hallar la bendita partícula trece, y que estas palabras queden en la nada. Pero, como dice Alejandro Gangui (doctor en Astrofísica, docente de la UBA e investigador del Conicet): “desde la época de Copérnico sabemos que nuestro lugar en el cosmos nunca fue uno privilegiado. La física moderna y la cosmología nos indican, además, que la materia prima que forma nuestros cuerpos ya no es ni la única que existe, ni la más abundante del universo. La ciencia sirve para muchas cosas, y una de éstas es para hacernos más humildes”.

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3 respuestas a Dios desde la máquina

  1. mariana dijo:

    qué grande Gangui.

  2. Buenos dias, buen aporte, ahora ¿no es un poco esceptico con la ciencia misma? ¿acaso habra alguna sospecha que se oculta por detras de la famosa “maquina de dios”? En principio, apoyamos toda investigacion cientifica, de hecho, desde la practica concreta es de donde se avanza.
    Saludos

  3. Es que, justamente, el escepticismo puede ser útil en la tarea popperiana de intentar “falsar” una teoría. No se trata de sospechar por deporte, sino de contemplar la posibilidad de que el sistema teórico tenga fallas.
    De todas maneras, está claro que la gente que trabaja en ese proyecto sabe bastante más de lo que uno pueda llegar a arriesgar. El “bosón de Higgs” no es el único objetivo que persiguen.
    Pero me parece que está bueno repasar antiguas certezas que luego se descubrieron que carecían de fundamento.

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