La cuestión que realmente importa

[Reflexiones en torno al debate o no de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.]

Un fantasma recorre Latinoamérica: el fantasma del chavismo. Su espectro es invocado por la mayoría de los representantes más mediáticos de la oposición cada vez que el actual gobierno toma alguna decisión “antipática”. El objetivo: demonizar una medida sin argumentar, impedir todo debate. No es la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, es la “ley K”, “ley de control de medios” o la “ley mordaza”. Que la Ley de Radiodifusión (Ley 22.285) lleve la firma de Videla, en cambio, no los inquieta. ¿Cómo es que esa sombra en la noche de la historia argentina reciente no los llama al pudor antes de defender la ley vigente?

Más allá de lo dicho, hay que evitar caer en la trampa de las polarizaciones. A diferencia de lo que sostiene el oficialismo, el hecho de que la Ley de Radiodifusión sea de la dictadura no puede ser un argumento suficiente. Sobre todo porque la democracia ha dado muestras de que la situación mediática puede ser empeorada. Y no por eso hay que concluir que la democracia es mala, ¿verdad? La ley vigente nació mala –porque, entre otras cosas, está basada en una concepción mercantilista: sólo pueden acceder a licencias los privados que puedan demostrar respaldo patrimonial– y fue modificada por los distintos gobiernos democráticos para favorecer la concentración de medios. De hecho, Néstor Kirchner firmó el decreto 527/05 en mayo del 2005, por el que se prorrogó por 10 años la explotación de todas las licencias de radio y TV. En lugar de mezclar y dar de nuevo, el por entonces presidente prefirió darle unas fichas más a quienes tenían –y siguen teniendo– los ases.

Lo cierto es que las vueltas de la vida política nacional hacen que hoy mismo ese (ex) presidente y su esposa decidan darle impulso al reclamo por una nueva ley de medios. Reclamo que no podría ser más legítimo y que, por pobreza de lecturas en algunos casos y mala intención deliberada en otros, es reducido a fórmulas falaces a izquierdas y derechas. No se puede recortar una bandera de lucha histórica de la sociedad civil a la proposición tramposa de “venganza K”. Organizaciones sociales, sindicales, universitarias, de derechos humanos, de radiodifusión comunitaria; todas ellas agrupadas en la Coalición por una Radiodifusión Democrática, elaboraron un documento en el que se señalan los famosos “21 puntos” que forman el núcleo del proyecto de ley. Y otras tantas organizaciones han tenido la chance de aportar y discutir modificaciones.

Se equivocan los escépticos en sus predicciones cuando sostienen que nada cambiará, o cambiará para beneficiar a un grupo de empresarios en detrimento de otro. Porque puede que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no produzca una transformación radical ni mucho menos el desplazamiento de las placas tectónicas, pero sí cambiará los límites de lo que puede decirse en público. No sería poca cosa que se introduzcan en el discurso público temas de los que no se habla. Se equivocan, sobre todo, porque no ven que la verdadera batalla empezaría después de la aprobación de la ley. Sólo entonces la aprobación de la misma tendría importancia efectiva.

La vida política está siempre ante los límites de su propia realidad. Por eso, cuando los distintos sectores de la oposición responsabilizan al Gobierno por la falta de diálogo, no sólo se sacan la mochila de encima, sino que –paradójicamente– le atribuyen una capacidad transformadora que éste no posee. Porque a las torpezas del gobierno de Cristina Fernández habría que sumarle la predisposición a erosionar cualquier debate por parte de los actores políticos de oposición.

Alcanza con hacer una repasada rápida y más o menos al azar por los diarios para rastrear los posicionamientos de cuando, en marzo de este año, Fernández lanzó el borrador del anteproyecto. Macri, como el pez, por la boca muere: “No le creo al Gobierno cuando convoca a debatir. Y en medio de una campaña electoral no me parece el momento para debatir algo tan importante” (Clarín, 21/03/09). Para el PO, por su parte, el problema es cualitativamente distinto pero la resolución es la misma: “debemos entender que se trata del Estado burgués, que por todos los medios se esfuerza por someter ideológica y políticamente a los trabajadores” (Prensa Obrera, 26/3/09). El Estado terrorista y genocida también era un Estado burgués, pero sería por lo menos irresponsable no reparar en que la democracia ofrece un campo de acción tácticamente mucho más favorable. Y que la Ley en cuestión brinda más armas para dar la pelea.

Hacia el final de Homenaje a Cataluña, y en referencia a otros asuntos, George Orwell reflexiona: “En tales condiciones resulta imposible conversar; falta la más mínima base de acuerdo necesaria. (…) Como si en un campeonato de ajedrez, uno de los competidores comenzara de pronto a gritar que su contrincante es culpable de un incendio o de bigamia. La cuestión que realmente importa no se aborda nunca”.

Para consolidar una experiencia de lucha que lleva años, sería oportuno aprovechar el momento histórico y discutir la ley de medios. Lo cual no implica perder de vista que, del otro lado del tablero, no está solamente el Gobierno sino también la oposición. Y, como siempre, mueven las blancas.

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7 respuestas a La cuestión que realmente importa

  1. Juan Cinza dijo:

    Sí, digamos que la cosa se puso polarizante. Y está bien que así sea; porque en ese campo es donde hay todas las de ganar.
    Hay que ver qué pasa en el Senado ahora.
    El texto de Grondona me lleva a pensar inexorablemente lo siguiente: Cristina (con secuaces poco felices, que bien conocemos como Albertito Fernandez) está a la vanguardia del PO y toda la gama de ultraizquierda. Sino, preguntemosle a Grondona, fiel representación intelectual de nuestros adversarios políticos.

    Hace mucho no pasaba por acá, se puso genial el blog!!

    un abrazo!

  2. Pulgoso dijo:

    Me dio una verguenza cuando escuché a los diputados haciendo referencia a Venezuela, y también a Inglaterra, a EEUU… Me pregunto, ¿habrían hecho esos mismos comentarios de no haber sido televisada la sesión? ¿Son tan imbéciles?

    No vamos a preocuparnos por el PO, así que esperemos que el Senado no tire todo para atrás. Saludos.

  3. Pulgoso dijo:

    ¿Qué diría Aliverti, ahora, con respecto a eso de que “no hay cuarto poder, el poder siempre es uno solo”?

  4. jaa, buena observación. Pero ojo que el mismo Aliverti habla de una lucha interburguesa o algo así…

  5. Galliano dijo:

    Buen artículo. Desgraciadamente este proyecto de ley sobre Radiodifusión está bastante mal difundido, y la mayor parte discutimos sobre principios generales. Es idiota pensar que es un arma de este gobierno para controlar a los opositores, porque lo más probable es que dentro de dos años gobierne alguno de los partidos opositores que critican la ley… y por eso mismo creo que el debate debe ser cuidadoso, no me gustaría una mala ley en manos de Carrió. Rescato la actitud de los socialistas en el Congreso (hoy, 23 de septiembre a las 00:54, aclaro porque después saltan los cobos): Discutir aspectos regresivos de la ley y comprometerse a aprobarla, y no negarla/reivindicarla en bloque. Saludos.

  6. Juan Bondiola dijo:

    Nuestros niños deben cantar loas al personaje en su famoso himno, cuya letra semeja la postración ante una dantesca deidad, más que un homenaje racional a un presunto educador.
    Recordando las alabanzas que hacía del mismo un antiguo amigo de ideología comunista (estalinista), que además era de origen judío, y enterado de la limpieza “étnica” que realizó papacito en 1936 en el partido, lo puse en un apuro a mi amigo recordándole el hecho.
    Lamento haberlo perdido de vista, porque me resultaría muy fácil hoy desilusionarlo respecto de Sarmiento vía internet.
    Haga la prueba, basado en la máxima de que el pez por la boca muere, lea las opiniones del prócer.
    Pero no se interne en la baraúnda de 24 volúmenes que nos legara su pluma. Vaya a google y, sin encomillado, escriba: Sarmiento y los judíos. No se alarme. Su racismo, según comprobará por sus propias palabras, no se limitaba a dicho pueblo. Lea un compacto de la cloaca racista y genocida en que navegaba la mente del “gran educador”.
    No lo hice, pero se podría repetir pareja búsqueda con Rivadavia,Mitre y Roca. Tal vez no fueran amtisemitas como Sarmiento, pero seguro que compartían su desprecio por paraguayos, indios, negros y gauchos, y sentían la misma idolatría simiesca por su graciosa majestad británica.
    Esta gente es la base del culto liberal practicado en Argentina por toda la “clase alta” y, lamentablemente, por buena parte de la clase media.
    Escuche a “pensadores” locales como Mariano Grodona y Marcos Aguinis.
    Vea el desastre humanitario y medioambiental que está provocando el monocultivo de la soja transgénica.
    Observe cómo con la minería a cielo abierto no se puede escapar ni a la montaña.
    Vea a los vecinos de Berazategui protestando porque una multinacional va a instalar donde ellos viven una planta procesadora de basura extranjera y, tal vez, local.
    Vea las ventas de medicamentos truchos.
    La lista sigue, tanto la ideológica como la de eventos.
    ¿Usted cree que ambas listas están desconectadas?
    Y no vaya a creer que el resto del mundo anda muy lejos.
    Lea crónicas de la América Profunda, de Joe Bageant, o la descripción de Lyndon Larouche-sin comprar ideologías, sólo datos- de la degradación de la vida en la sede del imperio para el 80% de la población, desde que la corriente neoliberal se impuso.
    Del calentamiento global no hablemos, porque para cuando reaccionen, vamos a estar tomando mate con el agua de la canilla.
    Siempre fuimos un simio pedante y malvado.
    Si a esto le agregamos la tecnología, parece que el aquelarre recién comienza… salvo que aprendamos a usar la cabeza de verdad.

  7. nahuel dijo:

    Cortito y efectivo bondiola.

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