Ruinas del futuro

Leía hoy el diario y me encontré con una de esas noticias que aparecen con cierta frecuencia. Noticias que, en resumidas cuentas, invitan al lector a concluir que vivimos en un país de mierda, que acá se hace todo mal, que nadie quiere laburar, que en países serios esto no pasa, etc, etc. Imagino que deben producir estas notas con cierta intencionalidad: “ya pasaron dos semanas de la última vez, andá a la calle y traéme algo que nos diga lo mal que se hacen las cosas en este país”, grita alguien en una redacción. Un periodista y un fotógrafo salen corriendo, en busca de algún fósil que el futuro nos haya dejado para decirnos que todavía no estamos preparados para él.
La noticia en cuestión tiene que ver con la obra inconclusa de Marta Minujín, una escultura de una mujer de más de 26 metros que nos iba a estar mirando a todos desde la reserva ecológica. La idea, necesariamente futurista, era presentada como “la mujer del tercer milenio” y estaba enmarcada en el contexto febril del pre-2000. El destino fue cruel con Minujín.
La Fundación Banco Patricios, principal soporte financiero de la obra, desapareció cuando el banco de mismo nombre quebró meses antes de la primera fecha de inauguración prevista. Luego, el por entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Fernando de la Rúa, no logró conseguir el predio de la reserva para emplazar la escultura. Desde entonces, las peripecias de la mujer del tercer milenio fueron muchas. Causa gracia y a la vez ternura releer en diarios viejos (1998 2002) cómo Minujín insistió para llevar a cabo su plan, siempre infructuosamente.
Hoy, la escultura yace tirada debajo de una autopista. Como diría un amigo mio: tupacamarizada.
Que me perdone Minujín, pero me gusta la idea de una ciudad en la que el futuro se hace presente en forma de ruinas. Me gusta que las ruinas estén adelante. Es una idea mucho más sincera que la otra, esa que imagina un futuro glorioso. En algún punto, las grandes esculturas son la manifestación del poder de aquellos que tienen la sartén por el mango. La estatua de la libertad, por ejemplo, es símbolo de un futuro demasiado promisorio, demasiado grande, demasiado formal. Toda una mitología se construye en torno a esos símbolos. Imagino que una mitología construida en torno a ruinas será algo más excitante, más problemático y enriquecedor.
Prefiero esa otra ciudad en la que el futuro no se piensa con grandilocuencia, sino que simplemente éste se hace presente. Aparece. Una ciudad atrapada entre conflictos pertenecientes a distintas épocas, y discutiendo permanentemente cuáles son sus símbolos.
Si esa ciudad existe, yo quiero vivir ahí. Y si es Buenos Aires, mucho mejor.

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Una respuesta a Ruinas del futuro

  1. Galliano dijo:

    Muy interesante tu idea de una mitilogía construída sobre ruinas, siepre y cuando esas ruinas, como las verdaderas ruinas, sean restos de una historia, de un tiempo pleno.
    Cuando uno lee sobre la MIC y las nociones que sostenían su diseño, se alegra un poco de su destino. Pero quizás la misma Minujin se anticipó a ese destino definiéndola como algo “efi-eterno”.

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